La explotación sexual y la trata de personas: la esclavitud del siglo XXI

Carmen Quintanilla Barba*
Carmen Quintanilla

Carmen Quintanilla

Tal día como hoy, un 23 de septiembre de 1913, en Argentina se promulgó la primera ley aprobada en el mundo para defender los derechos de las víctimas de delitos sexuales y la esclavitud, conocida como “Ley Palacios”.

Un hito que motivó que el 23 de septiembre fuera declarado como el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas por la Conferencia Mundial de la Coalición contra el Tráfico de Personas, en coordinación con la Conferencia de Mujeres celebrada en Bangladesh en 1999.

Han pasado muchos años desde entonces y, aún hoy, es necesario reivindicar y tomar conciencia de esta lacra, que es la principal forma de esclavitud del siglo XXI.

Si miramos a las estadísticas realizadas por diferentes organismos nacionales e internacionales, vemos que la mayoría de víctimas de trata y explotación sexual son mujeres y niñas. Estamos, por tanto, ante una forma más de violencia contras las mujeres.

El Parlamento Europeo estima que la prostitución a nivel mundial mueve hasta 160.000 millones de euros al año. De los cuales España se queda con el 14%, con una cifra de 22.800 millones anuales.

Según los últimos datos que maneja el Plan contra la Trata del Ministerio de Sanidad, son 100.000 las mujeres que ejercen la prostitución en España, y se estima que unas 40.000 de ellas podrían estar explotadas sexualmente por grupos y organizaciones que las esclavizan bajo coacciones y amenazas.

Nuestro país es uno de los principales lugares de destino de las víctimas de la explotación sexual. Alrededor de 100.000 mujeres y niñas entran cada año procedentes de diferentes países de nuestro continente amenazadas y obligadas a ejercer la prostitución, pues de no hacerlo sus familias pagarán las consecuencias en sus países de origen.

No acabaremos con esta terrible situación si no acabamos con la visión normalizada que algunas personas tienen en torno al consumo de servicios sexuales. Es decir, debemos colocar el foco en la demanda de estos servicios porque erradicando la demanda contrarrestaremos gran parte del problema.

Sobre todo cuando, según la Policía, cada vez más chicos jóvenes pagan por sexo. Jóvenes que adoptan la prostitución como una alternativa más de ocio. Hay que trabajar con ellos con acciones de sensibilización y concienciación, que les hagan entender en edades tempranas lo que hay detrás del consumo del sexo por dinero.

Si queremos terminar con la explotación sexual y la trata de personas, necesitamos la implicación de toda la sociedad. En este sentido, me gustaría destacar la gran labor que realizan las ONG que trabajan día a día por salvar a las mujeres víctimas de la trata. Mujeres que son tratadas como mercancía por organizaciones criminales, que utilizan su cuerpo como negocio personal.

Una labor que he podido conocer de primera mano en mi etapa como presidenta de la Comisión de Igualdad, y también como presidenta nacional de Afammer, ya que nuestra ONG forma parte del Foro Social contra la Trata.

No permitamos que más mujeres sigan esclavizadas y vean vulnerados sus derechos. La sociedad no puede mirar hacia otro lado. Si toleramos y permitimos la trata y la explotación sexual estaremos siendo cómplices de una grave vulneración de derechos humanos.

*Carmen Quintanilla Barba es presidenta nacional de Afammer, presidenta de la Comisión Mixta para el Problema de las Drogas y diputada nacional del PP por la provincia de Ciudad Real.