La Judería de Ciudad Real contribuyó a los orígenes de nuestra Semana Santa

José Golderos Vicario*
San Vicente Ferrer estuvo predicando en Ciudad Real (Pintura del siglo XVIII)

San Vicente Ferrer estuvo predicando en Ciudad Real (Pintura del siglo XVIII)

La conmemoración de la Semana Santa en numerosos lugares de España era celebrada a partir de los siglos XV-XVI, colectivamente organizada por hermandades o cofradías. Esta manifestación de fe estaba, evidentemente, influida y vinculaba con los ritos cristianos de cada lugar.

Los primeros portadores de símbolos de la pasión y muerte de Cristo eran los hermanos de las numerosas cofradías formadas por los que participan en los séquitos procesionales, que, ya en tiempos posteriores, iban ataviados con sencillas túnicas y los curiosos “capirotes” cónicos, utilizados más tarde a modo de disfraz de los cofrades. En efecto, el gorro puntiagudo o capirote fue considerado su origen por la Inquisición española. Se cree que a los condenados durante la Edad Media por la Inquisición, se les imponía un gorro similar penitencial. A través de su uso en Sevilla fue extendido a toda España.

El llamado “Domingo de Ramos” fue reconocido por la Iglesia católica como comienzo de las ceremonias pasionales. Con esa denominación de Bendición de Ramos, se celebraba en Ciudad Real, en la vieja y desaparecida ermita de san Lázaro (al final del Parque Gasset)

En los siglos XIV a XV se produce un cambio de mentalidad. Hoy se usa indistintamente el término “cofradía” y “hermandad”, en todos los documentos de aquel periodo del siglo XV. En esta etapa llegaron  a agruparse miembros de un mismo gremio con fines humanitarios.

La cruel mortandad de la peste negra (1348-50) y las epidemias hasta el 1400, ocasionaron en Castilla miles de muertos pero se recuperará demográficamente a lo largo del siglo XV. El papel del predicador Vicente Ferrer fue decisivo en Ciudad Real, en 1411, predicando en la Plaza Mayor y en el barrio de la Judería. Las cofradías de flagelantes en las procesiones entonaban cánticos de penitencia disciplinándose en público.

Ciudad Real fue un lugar de condición judía a causa del crecido contingente de su barrio. San Vicente Ferrer escribió un libro de reglas para los disciplinantes. No obstante, el manuscrito nunca se halló, ni tampoco la edición impresa publicada en Barcelona mediado el siglo XVI (1547). El rey Carlos III prohibió las mencionadas reglas mediante una Real Cédula del 20 de febrero de 1777, alegando que no eran edificantes. Luego conoceremos que durante siglos alcanzó gran esplendor la célebre bendición de “ramos” (por dispensa papal), en la casa del concejo en la Plaza Real (Casa del Arco), hasta que fue suprimida por el obispo de Ciudad Real, Guisasola.

Las cofradías villarrealeñas fundadas en aquellos tiempos posteriores a los siglos XV-XVI sufrieron las continuas desapariciones gremiales.  Las Ordenanzas de esas corporaciones y de las posteriores, se encuentran en el Archivo de la Diócesis de Toledo. Es curioso el interés por su contenido, siendo la más destacada la práctica de actos de caridad entre las parroquias de nuestra ciudad. Unas de las primeras cofradías y hermandades vinculadas luego con la Semana Santa ciudarrealeña, fueron fundadas en el recinto de la Judería, es decir, por miembros hebreos para congraciarse con el pueblo cristiano local, una labor en verdad inteligente.

Fueron estas cofradías en general de carácter asistencial al enfermo y desvalido, como apuntamos más arriba. Así nacieron desde el siglo XV ocho hospitales, con diversas denominaciones religiosas. De la lectura de documentos puede extraerse la conclusión de un exceso de religiosidad, justificado por el ambiente de la época. La Inquisición de Ciudad Real estuvo  en plena actividad, afortunadamente, sólo de 1483 a 1485, al traslado el tribunal a Toledo. Lo mismo que los procesos de limpieza de sangre, por lo que había que demostrar ser muy devoto y cumplidor perteneciendo a alguna cofradía, como lo fue Juan González Pintado, regidor de Ciudad Real, visitador perseverante al convento de Santo Domingo, y a los templos de Santa María, San Pedro Apóstol y Santiago, siendo como era judío converso.

Algunos procesos contra los numerosos conversos o cristianos nuevos de Ciudad Real, nos muestran a sus protagonistas frecuentando la asistencia a los actos de sermones que realizaban los frailes mendicantes que aparecían en determinados momentos en Ciudad Real, fundamentalmente en  la Semana de Pasión. Los sumarios nos permiten deducir que era habitual que los “cristianos nuevos” se consagrasen a estas devociones  al asistir a los oficios de la Semana Santa (documentos en los fondos del Tribunal de la Inquisición de Toledo, conservados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid).

El rey Alfonso X, ya el mismo año  de la fundación de Villa Real, confirmaba que era este un lugar con abundante colectivo judío. Así pues, si no todos los cristianos nuevos, y los llamados “lindos”, alguno de ellos procesado por el Santo Oficio en Ciudad Real, continuaron efectivamente siendo judíos de corazón, pero simulando parecer convertidos.

Una vieja leyenda conservada en Ciudad Real, nos señala la influencia del pueblo hebreo en nuestra ciudad y en su Semana de Pasión. Se trata de “La Hebrea de Barrionuevo” (barrio situado en plena Judería), relato precisamente de un mito o alegoría de nuestra Semana Santa, introducido en la relación amorosa de Sara, hija de un rico judío ciudarrealeño, con un joven cristiano viejo llamado Francisco de Poblete, finalizado en tragedia.

*Miembro de Número de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales