Consumo y desperdicios

Cuesta creer que mientras somos el tercer país de la Unión Europea donde más ha crecido el riesgo de pobreza desde 2008, seamos capaces de acumular 7,7 millones de toneladas de desperdicios entendiendo como tales no solo los alimentos que tiramos a la basura por deterioro – por no prepararlos a tiempo- o los que desechamos ya cocinados porque se han quedado arrumbados en la nevera, sino que también son desperdicios todos aquéllos que forman parte de la cadena alimentaria.

No es fácil hacerse a la idea de lo que son 7,7 millones de toneladas de un producto cualquiera ¿verdad?. Para que nuestro cerebro pueda administrar lo que es una cantidad tan ingente de un producto concreto, quizás trataría de imaginar ese volumen de kilos extendido, por ejemplo, en algún lugar del planeta, bien en la tierra o en el mar. Aún así, resulta difícil para la mente humana, para la del ciudadano corriente archivar la imagen de una montaña gigante de desperdicios acumulados por el hombre.

Cuesta creer que mientras somos el tercer país de la Unión Europea donde más ha crecido el riesgo de pobreza desde 2008, seamos capaces de acumular 7,7 millones de toneladas de desperdicios entendiendo como tales no solo los alimentos que tiramos a la basura por deterioro – por no prepararlos a tiempo- o los que desechamos ya cocinados porque se han quedado arrumbados en la nevera, sino que también son desperdicios todos aquéllos que forman parte de la cadena alimentaria. Los desperdicios forman parte de nuestra actual forma de vida, en contraste con los indicadores de pobreza que sostienen que en España hay un porcentaje del 22,3 por ciento de su población que se encuentra en riesgo de pobreza.

Es precisamente por la cantidad de alimentos que despreciamos -179 kilos de alimentos por persona y año- y también por la ausencia de racionalidad al adquirirlos por lo que llegamos a ocupar un séptimo puesto en el ranking europeo, situación que obligó a las autoridades españolas a ponerse manos a la obra para intentar revertir esa tendencia y evitar mantener más tiempo la etiqueta de país poco sensibilizado con el medioambiente.

Los resultados del Informe sobre el Consumo de Alimentación en España del año 2016 demostraron que había lugar para la esperanza al reducir ligeramente la cantidad de desperdicios. Lejos de bajar la guardia los expertos entienden que las nuevas cifras, aunque a la baja, deben seguir incidiendo más en la necesidad de incrementar las estrategias políticas y las campañas divulgativas para lograr una reducción drástica de los desperdicios no solo por lo que supone de gasto la eliminación de recursos medioambientales sino también por el coste energético que generan, precisamente cuando la preocupación por el cambio climático es un hecho irreversible.

“Consumir es un acto político” aseguraba hace unas semanas el experto en Agroalimentación y Pobreza, José Esquinas, para quien los consumidores deberíamos tener un comportamiento “más racional y comprar con criterio”, es decir, solo lo que necesitamos para no seguir destruyendo el plantea.

 

Periodos de mayor consumo

Traigo estos datos aquí ya que estos próximos días viviremos uno de los períodos de mayor consumo en general y de alimentos de todo tipo en particular. A los habituales desechos de frutas, verduras, hortalizas, pan, se sumarán ahora todos aquellos alimentos procesados que se quedan en la nevera así como todo lo que se desperdicia como consecuencias de los famosos encuentros navideños con familiares y amigos.

Me encuentro entre quienes piensan que la celebración que conlleva la Navidad en el mundo cristiano no está reñida con el consumo especial con el que queramos disfrutar estos días. En todo caso, se trataría de incorporar poco a poco moderación y racionalidad en la adquisición de productos para evitar seguir ampliando la generación de esa basura que tanto nos cuesta reciclar. Moderación que, por otro lado, ha formado parte de nuestra cultura tradicional y a la que cada vez se hace más necesario regresar.

En mi caso, procediendo del mundo rural, no hubiera imaginado nunca que escribiría sobre los efectos negativos que generan los desperdicios alimentarios en el medio ambiente. Quizás no haya sido consciente del tiempo transcurrido entre cuando los desperdicios alimentarios formaban parte de la cadena alimentaria sin coste alguno –en mi niñez y adolescencia- y las miles de toneladas que acumulamos hoy. Quizás no haya pasado tanto tiempo sino que hemos ido demasiado deprisa en el descuido. No quiero pensar que tanta rapidez nos haya llevado a caminar hacia una situación irreversible. Vamos a evitarlo amigos.

Felices Fiestas a todos