La nada no puede ser origen de algo

Fermín Gassol Peco
Stephen Hawking

Stephen Hawking

Traigo hoy a estas líneas la, al menos para mí, apasionante cuestión de la posible existencia de “algo” que respondería a esa desconocida realidad “situada” más allá del alcance de todo conocimiento humano que nosotros interpretamos como la nada.

¿Existe la nada? A modo de preámbulo decir que la pregunta que da título al reportaje, filosóficamente interpretada bien puede ser considerada como un eufemismo pues trataría de captar una posible realidad ajena a nuestra capacidad de percepción. Algo así como adivinar lo que dice un japonés sin tener un intérprete al lado; no sabríamos si está emitiendo unos sonidos o palabras con algún significado. La “nada”, ahí es nada.

Siendo coherente, desde luego que el contenido de este artículo debería ser plasmado en una página sin letras… y ni tan siquiera eso, que el solo papel supondría la existencia de algo, y la nada es… la nada y la nada, nada es.

Menudo lio mental ¿verdad? poder llegar a dotar de contenido a algo que no existe ¿o sí? Desde el punto de vista de la razón: ¿Puede haber algo más que materia y nada? ¿Puede existir una realidad que escape a la pura capacidad cognoscitiva del hombre? ¿Es lo mismo la ausencia de materia y la nada? ¿Se puede identificar la nada material y la nada conceptual?

La nada material, dimensional y temporal es algo que aunque de difícil conceptuación puede ser imaginada y hasta comprendida y verificada por el hombre en cualquier momento, identificándola como la realidad de un vacío concreto más o menos grande; en esta habitación, o en el espacio entre galaxias no encontramos nada, por ejemplo. La nada conceptual, sin límite de espacio ni tiempo, es como un vacío imposible de abarcar y un concepto imposible también de traspasar por nuestra mente y nuestros sentidos, lo cual no quiere decir que “tras ella” no pueda existir algo o alguien más.

La nada conceptual es la ausencia de todo aquello a lo que el hombre no es capaz de dotar de contenido. La nada material es el vacío de una parte, algo concreto más o menos gigantesco; sin embargo, la nada conceptual supondría cuanto menos la nada universal, ¿la nada de todo? ¿No habrá algo más que el universo o algo más que la nada conceptual, algo más que nosotros no somos capaces de percibir y descubrir con nuestra mente o nuestra imaginación? Conceptualmente no nos es posible llegar a saberlo porque nuestros conceptos estén limitados necesariamente al espacio y todo lo más a la dimensión del tiempo como eternidad. La nada y la eternidad… o el concepto del origen de la existencia como” nada es” queriéndolo relacionar con el de “siempre ha sido”.

¿Se puede identificar la nada física o material con la nada real y única? Stephen Hawking por ejemplo declara que “dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo y se creó de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo en lugar de la nada, es la razón por la que existe el Universo, de que existamos. No es necesario invocar a Dios como el que encendió la mecha y creó el Universo”. Este enorme científico, astro físico y cosmólogo mantiene que el origen del universo posee una explicación meramente física y no seré yo, lego en tantas cosas, quien le quite la razón; es más, un origen material de otro tipo no parece tener ninguna lógica.

Ahora bien, decir a continuación que por eso Dios es una redundancia para explicar el origen del universo es ya harina de otra ciencia y de otro saber “Dios u otro concepto que escape a lo meramente empírico”. Porque con esa afirmación, Hawking, lo que pretende es explicar un fenómeno que es meramente físico en sí y que no atañe por tanto a otras cuestiones de distinto orden y que hacen referencia a otras esferas del saber; en el fondo Hawking con ese interés por demostrar que todo es pura física, que todo lo demás es consecuencia de una especie de “ley física original” confunde el concepto de origen del universo con el origen de la existencia, de todo lo que realmente existe; con esa afirmación universal no solo pretende ningunear ya “lo divino” sino también todo lo que hace referencia a lo abstracto y a lo transcendente haciéndolo en base a un descubrimiento, el suyo, que corresponde a otro ámbito, a la esfera de lo comprobable o evidente.

Hawking sostiene además que la materia proviene de la nada como un fruto de la casualidad. La nada y la casualidad, dos conceptos que, por su propio significado no parece puedan ser relacionados. La nada es la “ausencia” mientras que la casualidad es “presencia coincidente” aunque pueda resultar difícil, de unas realidades, llamémoslas como queramos, pero que ya son y existen. De lo contrario estaríamos ante algo parecido a un parto realizado por alguien que es estéril, algo absurdo. Llegado a este punto creo sinceramente que por ahí las ciencias positivas no parece que puedan llegar a dar una respuesta, sino más bien establecer un” bucle dialéctico”.

Sin embargo, eliminada la filosofía de la faz de la tierra, las ciencias positivas parecen querer tener la llave de todo el conocimiento, entre ellos llegar al origen, a la nada. Cuando un científico, entusiasmado por sus importantes y determinantes descubrimientos, que lo son para la ciencia y para la explicación de la existencia, siente la tentación de pensar que con su hallazgo ya ha tocado la piedra filosofal, la esencia de la existencia, creo, comete un gran error. Consiste en creer que ya nadie después podrá llegar más lejos con sus descubrimientos pues nada quedará ya por investigar.

Porque esta puede ser la cuestión de fondo, pretender buscar el origen de todo nuestro ser remontando un trayecto con la idea de que al dar esos pasos vamos a ser capaces de averiguar lo que existe al final o al inicio según se mire, de ese camino. Y ante este proceso de legítima y apasionante búsqueda yo me pregunto de una manera gráfica: ¿Llegará el día en el que un feto tenga la posibilidad de saber cómo es su madre?