Los no invitados a la Navidad

Lucio García Leal Ciudad Real

Un año más que llega la Navidad, llena de todo lo que ya sabemos y que cada año repetimos: reuniones familiares, vivencias de tradiciones, mucha comida y bebida y regalos y regalos, compras y compras, comercios y comercios, casi hasta la extenuación. No nos vamos a detener en esto, que, como decimos siempre, es lo mismo que se repite cada año.

Pero sí aprovecharemos esta oportunidad que, cada año, nos brinda el diario LANZA, para hacer algunas reflexiones, tomando, por supuesto, como excusa las Fiestas Navideñas.

La primera reflexión que deberíamos hacer desde una ONGD, que busca el desarrollo integral de las personas, de los pueblos y del planeta en su totalidad, es ver cómo el sistema político, económico, social, cultural, religioso, folklórico,…, que domina y controla nuestras sociedades occidentales “desarrolladas”, utiliza nuestras emociones y sentimientos, a través de  mecanismos de publicidad y mercadotecnia (enajenación de masas) , metiendo por los ojos y por todos los medios posibles, el “pan y circo” como logros obtenidos y merecidos por los pueblos. De esta manera pocos son los meses del año en que “el personal” no estaremos pensando en cosas raras como el trabajo, los salarios, la salud, la educación, la dependencia, las pensiones, la discapacidad, la violencia de género, la corrupción de los políticos, la solidaridad, la cooperación al desarrollo de los pueblos que hemos empobrecido, la trata y subasta de refugiados… sino que, más bien, estaremos ocupados y entretenidos en las celebraciones, que con tanto esfuerzo y a lo largo de siglos, “hemos conseguido”: parte de noviembre, todo diciembre y la mitad de enero con la Navidad; en febrero tenemos los carnavales con sus charangas y chirigotas; entre finales de marzo y casi todo abril tenemos la Semana Santa y hay que preparar los pasos, las mantillas, las túnicas, los capirotes, los costaleros, las flores, estar angustiosamente esperanzados a que no llueva…; después viene el verano, que se nos pasa volando entre las cada vez más cortas vacaciones y, por supuesto, con las fiestas patronales de cada uno de nuestros pueblos, porque todos tenemos pueblo, del que estamos muy orgullosos de haber nacido en él, y, sin darnos cuenta, otra vez el otoño con la fiesta de la hispanidad con sus desfiles y sus mezclas de razas; y ya, otra vez la Navidad, nuevamente con sus luces, sus adornos, sus belenes, sus villancicos, sus regalos y sus compras.

Mientras tanto, y ésta podría ser la segunda reflexión, una gran parte del planeta, de naciones, de pueblos y de personas concretas ni saben qué se celebra en esos días y, si lo saben, les da igual, porque ellos no están invitados a esa fiesta. Ellos son los empobrecidos, los que no tienen acceso al agua potable, ni a comida variada, que equilibre sus cuerpos, ni casas donde poner “su árbol de Navidad”, que estaría lleno de tantos deseos para sus hijos, sus familias, sus pueblos…, ellos son los que viven en campos de refugiados o agolpados en el filo de las alambradas de las fronteras de los países cristianos europeos, que cantan “Noche de Paz”, porque se conmemora el nacimiento del Príncipe de la Paz. Estos son los señores de la guerra, los que destinan sus grandes inversiones en la fabricación de armas y de guerras y así apoderarse de los inmensos recursos del planeta, por supuesto, dicho sea de paso, suficientes para alimentar al doble de la población mundial. Es mentira que la Navidad sea una fiesta universal; mientras se utilice la pobreza y el hambre como armas de sometimiento; mientras la desigualdad sea el signo identificativo de una sociedad que proclama en la Declaración Universal de los Derechos Humanos la igualdad de los seres humanos por el mero hecho de existir; mientras no seamos conscientes de que debemos cuidar el medio ambiente como medio de vida para nosotros y las generaciones futuras, es mentira que la Navidad sea una fiesta de todos.

Por último, la tercera reflexión sería una pregunta ¿Qué hacemos cada uno de nosotros, cuál es nuestro posicionamiento?, podemos mirar para otro lado, mirar para nosotros mismos, nuestros temas, nuestra familia, lo nuestro, lo de cada uno; o, también, podemos pensar que, además de ser parte del problema, también podemos ser parte de la solución e implicarnos decididamente. Me está gustando mucho lo que, en estos días, se está denominando “La liga de los pueblos extraordinarios”, cuyo posicionamiento, intuyo, es llegar al convencimiento de que sólo uniéndonos en las reivindicaciones de lo que, por todos, es considerado justo, se pueden conseguir muchas soluciones. Es increíble el desaliento y desánimo que se percibe en tantas personas a la hora de responder a invitaciones para participar en asociaciones, en grupos, en iniciativas que pueden mejorar las condiciones de vida de todos. Estamos todos muy ocupados en nosotros mismos y, ante los otros, hemos perdido la confianza y, de ahí, nuestra apatía y escepticismo. Pues no es cierto, es mucho lo que podemos aportar individualmente, pero, si además, formamos parte de iniciativas comunes, lo que podemos hacer es mucho más.

Desde SOLMAN, sólo nos queda invitar a todos a la reflexión, a profundizar en los grandes problemas de nuestro planeta, del que nosotros también formamos parte. Celebrar la Navidad sin poner nuestro granito de arena en las soluciones puede ser, como dice la Campaña de Pobreza Cero de este año, inmoral y obsceno. Pero, de cualquier manera, FELIZ NAVIDAD.