Memoria de Joaquín Menchén Carrasco

Pilar Serrano
Joaquín Menchén/ Rufino Pardo

Joaquín Menchén/ Rufino Pardo

Hoy escribo de Joaquín Menchén Carrasco; un amigo que tristemente perdimos cuando el pasado verano alboreaba. Pero el recuerdo de Joaquín es indeleble y viene a traernos su memoria de cariño y amistad a cada paso. Con Joaquín compartí horas escolares, siempre alegres y ruidosas. Y, después, sacerdote secularizado, actividades culturales en esta Argamasilla nuestra donde la cultura, sobre todo la cervantina, es seña de identidad como pueblo. (Adjunto un abrazo a su familia con la que me unen lazos de cariño y amistad).

Joaquín era un hombre de creencias y sentimientos. Pan adentro del corazón se desmigaba a la callanda, con una discreción que, muchas veces, ocultaba su gran labor en Argamasilla. Pero su sonrisa iba más allá de lo que mostraba y, su intelectualidad y sabiduría era incuestionable en temas bíblicos: donde destacaba como uno de los máximos exponentes a nivel nacional e internacional; trabajos que le hacían perderse de la vida social, mar adentro de sus numerosos e importantes estudios que estaba continuamente realizando.

En un coloquio cervantino, de los varios que se han celebrado en Argamasilla de Alba, presentó una comunicación (se puede consultar en el Centro Virtual Cervantes), y él mismo, a modo de presentación, para evitar la vanagloria de haberse metido a cervantista, se disculpó esbozando una mínima parte de su biografía investigadora:

«Lo que pueda hacer sobre el  Quijote no podrá tener el sello y la validez del especialista o del profesor (en todo caso, lo tendrán del aficionado, apasionado y enamorado del Quijote que confieso ser), pero creo también estar en condiciones de compensar tan notable debe con el apreciable haber de más de 25 años de experiencia filológico-literaria de estudio, investigación, docencia, traducción, anotación y comentario de obras también señeras en el panorama de la Literatura Universal, como pueden ser los relatos de Génesis y de los libros de Samuel, Reyes y de Crónicas; los poemas de los Salmos, Lamentaciones y el Cantar de los Cantares; las profecías de lsaías, Daniel, Miqueas y Jonás; o las obras sapienciales de Proverbios, Job, Eclesiastés y Sabiduría; por no hablar de los estudios monográficos sobre el Evangelio de Juan, ni de los escarceos en los clásicos griegos y latinos, en el ámbito de la docencia».

Argamasilla, sede la Asociación de Cervantistas

Pero además, Joaquín Menchén, fue concejal de Cultura en varias legislaturas, haciendo posible que se programaran actividades importantes y, consiguiendo (hubo muchas más), junto con el director de la Casa de Cultura, que Argamasilla fuera la sede de la Asociación de Cervantistas;  abriendo las puertas para que se celebrara el primero de una serie de Coloquios Internacional ídem; y otro que no pudo llegar a celebrarse por diversas causas sobre la Orden de San Juan; asimismo, valiéndose de los “Académicos”, entonces dirigidos por Rodolfo Mateos, se empeñó en que participáramos en crear un grupo poético y una revista literaria; logro que se consiguió por medio de un “cursillo” de la Universidad Popular.

Posteriormente, tras un período de asesor en la Consejería de Educación: dirigida entonces por el Consejero, también ilustre argamasillero, José Valverde; junto al entonces alcalde José Díaz-Pintado (logros no suficientemente dados a conocer a la población por su modestia), se consiguió (escribimos de memoria) la rehabilitación de los exteriores de la Parroquia; ídem el Castillo de Peñarroya; y la creación de una Escuela de Música: muy demandada para poner en valor y dar cabida al interés que la población tenía por el éxito obtenido con la Banda de Música “Maestro Martín Diaz”, dirigida por Miguel Carlos Gómez,  y el número importante de alumnos que había aguardando aprender música.

Pero además, Joaquín Menchén era poeta; un poeta de técnica y sentimiento, de emoción y corazón. Su más allá de las cosas lo llevó al idealismo soñador de ir poniendo hitos de luminosa palabra poética llena de lirismo y cercanía. En navidades sus felicitaciones, entregadas personalmente por él a los amigos: me honro de guardarlas para volver a leerlas, nos hacían sentir su verdadera amistad y carisma.

La última, ya cuando la enfermedad le cerraba las puertas, dice: “Es difícil mantener la sonrisa/ y ofrecer esperanza a manos llenas,/ no es fácil ahogar las propias lágrimas/ ante el golpe inclemente del destino. […] Pero a pesar de todos los pesares,/ mientras haya esperanzas incumplidas/ y guarde vuestro nombre en la memoria; mientras quede un aliento y un latido/ y pueda ver la luz entre las lágrimas/, os brindaré mis sueños y sonrisas”.

Gracias amigo Joaquín Menchén por tu generosidad, por tu búsqueda incansable del idealismo y de la magia de la amistad. Personalmente me regalaste palabras de aliento y consejos y me abriste caminos (se los abriste a las mujeres de Argamasilla), realizando una labor callada, oculta en esa media sonrisa que te definía y que donabas a través de las chanzas, cuando te decía tú eras el Bachiller redivivo de Cervantes.