Miremos la luna

Casimiro Pastor

Ha resultado bochornoso para mucha gente ver cómo la aplaudían «los suyos» en la Convención del PP en Sevilla. «Hay que defender lo nuestro y a los nuestros», clamaba a micrófono batiente la secretaria general, señora Cospedal.

Los calamares, esos cefalópodos que descargan tinta para enturbiar las aguas cuando se ven amenazados, son un ejemplo para algunos gobernantes de nuestra España actual. Una vez que son descubiertos en alguna de sus triquiñuelas, tratan de enturbiar la escena para que el electorado piense que todos son iguales y así salir indemnes e, incluso, que les sigan votando por aquello de «más vale lo malo conocido…».

Ahora, el equipo que trabaja en las redes sociales está haciendo horas extra para averiguar si algún socialista con cargo en el pasado tenía algún título cuestionable y, verdad o no, seguir enturbiando. Como si eso añadiera credibilidad alguna al famoso máster de la señora Cifuentes.

«Cuando el sabio señala la Luna, el necio mira al dedo». Confucio

Ha resultado bochornoso para mucha gente ver cómo la aplaudían «los suyos» en la Convención del PP en Sevilla. «Hay que defender lo nuestro y a los nuestros», clamaba a micrófono batiente la secretaria general, señora Cospedal. Es lógico que mucha gente se pregunte qué es lo suyo. Sobre todo después de ver cómo ha afectado a la Universidad Rey Juan Carlos, a sus másteres, a sus profesores, a sus alumnos y, por extensión, a la universidad pública española. No nos merecemos esto. Si es verdad lo publicado al respecto por Okdiario.es, la señora Cifuentes no puede permanecer ni un minuto más en el cargo. El todavía rector se lo ha de plantear también, y algún que otro profesor (una ya dimitió). Hay que limpiar el buen nombre de las instituciones públicas.

A limpiar la vida política

Ciudadanos, que afirmaba venir a limpiar la vida política, tiene ahora una oportunidad de oro para unirse a quienes quieren restablecer el honor en las instituciones de la Comunidad de Madrid y mostrar la puerta de salida a la señora Cifuentes y a lo que representa. No debe de ser tan difícil: o se va por «vergüenza torera» o se le invita a marcharse desde su propio partido (sin aplausos) o desde los de enfrente. Hay mecanismos democráticos para casi todo y son evaluables por los votantes en las siguientes elecciones. Madrid se lo merece y España también. Miremos la Luna cuando el sabio la señala.

 

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