Nicolás del Hierro en la memoria

Pilar Serrano de Menchén
Nicolás del Hierro en una foto de archivo /C. Manzano

Nicolás del Hierro en una foto de archivo /C. Manzano

Fiel a su compromiso poético este poemario es un marcharse y quedar. Escrito desde la lírica profunda y descriptiva de un oficio bien examinado en luengos años de libros y galardones, las páginas de «Lecciones de Memoria» van autentificando, aún más, a un poeta que tuvo como premisa el sentimiento solidario hacia el hondón del ser humano

“Lecciones de memoria» es un libro dedicado muy especialmente a nosotros por Nicolás del Hierro; poemario que tiene el sabor de la paz; y de la angustia que nace con el misterio que somos y tenemos. También nos regala «el ser que vive en la esperanza». Y el que «… se ofrece en paz; porque «armónicos el verso y la palabra se nos brindan».

Nítida llega, digo, la voz de Nicolás en este último y póstumo libro del amigo de Piedrabuena. Hombre de luz antigua que ahora nos dona la palabra; siempre encendida y hermosa de su voz. Sentidos sentimientos; caleidoscopio de una vida vivida para el verso y lo fraternal. «Poemas de las exploraciones del vivir» dice son los versos de Nicolás el poeta-hermano de La Roda, Manuel Cortijo.

Fiel a su compromiso poético este poemario es un marcharse y quedar. Escrito desde la lírica profunda y descriptiva de un oficio bien examinado en luengos años de libros y galardones, las páginas de «Lecciones de Memoria» van autentificando, aún más, a un poeta que tuvo como premisa el sentimiento solidario hacia el hondón del ser humano.

Palabras nuevas en versos limpios que han sido meditados y escritos en el borde de la incógnitas: subyacen en estos versos tantas inquietudes como soledades. «Cierra el hombre los ojos/ esconde su pupila…/ Y se deja llevar por el paisaje». La afirmación de la memoria que somos dormida en un expresivo silencio: «…una jornada/ en que la soledad es esa mezcla/ que te acompaña por la calle,/ mientras copias la vida en su quimera».

 

Humanidad y sensibilidad

Racimos de versos que guardan el peso emocionado del corazón; sentimientos que son la nervadura del espíritu y que vienen a manifestarse cuando el poeta sabía que, en el envés de las hojas de su árbol, el silencio escribía en sus palabras. Otra vez, Nicolás del Hierro, con su profunda humanidad y sensibilidad, nos convoca. Nos acerca al umbral de la luz para que veamos lo importante: este suspiro que somos en la tierra para amanecernos. Desde cada una de sus palabras la poesía de Nicolás entroniza a lo que buscamos y anhelamos. Una búsqueda soplada por el aire de la música que alienta la vida en las palabras.

También insomnios, tristezas, reflexiones… Y una capacidad de amor hacia el verso y lo que significa y dignifica: «Nací de las raíces de la tierra,/ soy campo; y trigo soy y soy semilla./ Sin embargo me elevo/ en grandes miradores. Veo el mundo/ con prismas de imponentes ventanales,/ cristaleras de nítidos colores/ que hacen más puro el universo/ de las cosas».

En este caso, la apuesta en valor del libro «Lecciones de Memoria», se nos perfila en un momento en el que, Nicolás del Hierro, mantiene su voz poética a base de superar obstáculos de salud. Mientras la tristeza hace mella en el ánimo, el poeta escribe y olvida su angustia, o la versifica «Oscuro está el paisaje. Sin embargo/ me sigue la palabra, me despierta/ en clava su virtud en los afectos/ y en la turbia congoja/ que no puedo arrancarme si le falta/ el molde del poema».

 

Poeta de Piedrabuena

Poesía que responde a lo íntimo y, de nuevo, como tantas veces hizo Nicolás, fluye en el agua del poema. Si el poeta de Piedrabuena mostró, a lo largo de su andadura como poeta, un anhelo de sueños compartidos con los que necesitaban el verso para superar dificultades, y se puso, sin ambages, al lado de los desfavorecidos, en este poemario, reflexiona sobre lo que recuerda y ama. Es un hombre que se revisa a través de la memoria, hasta hallarse con toda la sinceridad que, en tan críticos momentos necesita, para saberse y ser.

Desde el cariño, mi enhorabuena a los que han hecho posible este magnífico libro: su esposa e hijos; y los poetas Manuel Cortijo y Francisco Caro; asimismo el diseñador de la portada: «escritorio del poeta sobre una foto de M.C. Barri». El libro ha sido editado por LASTURA, en la Colección Alcalima, nº 124. Directora de la colección Isabel Miguel.            

 Termino estas palabras con mi agradecimiento a su esposa, Ana Cano, por enviarme el libro y su hermosa dedicatoria. También mi cariño para Nicolás del Hierro, amigo con el que compartí tantas ilusiones y magníficas veladas.