No nos decepciones

Julio García-Casarrubios Valdepeñas

Zapatero no decepcionó en la primera legislatura, pero sí en la segunda cuando impulsado, quizá por el pragmatismo de las corrientes supranacionales, y por la equivocada tendencia de viajar hacia el centro, se inclinó, como ha ocurrido otras veces, hacia el liberalismo económico. ¿Nos va a pasar eso mismo con Pedro Sánchez? Esperamos y deseamos que no

Esa fue la frase que corrió por las bocas de los socialistas, de los progresistas, cuando Zapatero llegó a la presidencia del Gobierno en mayo de 2004. Y es la misma frase que hoy anida en el sentimiento de los mismos sectores de entonces. Es cierto que Zapatero no defraudó a los suyos. Nada más alcanzar la Moncloa inició una serie de medidas imprescindibles, inaplazables, para el progreso de la sociedad: desde la retirada de las tropas de Irak, hasta la Ley de la Dependencia, pasando por todas las mejoras de bienestar social, y los derechos y libertades de los ciudadanos.

El Partido Popular, que nunca sabe asimilar su derrota, y menos reconocer las causas por las que ha perdido el poder, se dedicó sin el más mínimo pudor a deslegitimar al nuevo presidente del Gobierno; sin entrar en detalles porque son insultantes; lo mejor que se oyó fue “presidente por accidente”. Hoy se repite la misma cantinela. Pedro Sánchez es presidente sin legitimidad; “Ha entrado por la puerta de atrás”. Algunos le llaman “okupa”. Es el precio que tiene que pagar la sociedad en su conjunto, cuando el PP no gobierna. Se creen los únicos con legitimidad.

Pero hay otra realidad subyacente en la gobernabilidad de España. Hay que esperar, tristemente, a que llegue la socialdemocracia al poder para introducir las necesidades que no están cubiertas, y que reclama la sociedad. Hoy es de imperiosa necesidad y urgencia, afrontar el problema catalán, el de la inmigración, el de la reforma de la Constitución, afrontar la desigualdad, la pobreza y la juventud, la reforma laboral que acabe con la precariedad, la lucha implacable contra la corrupción.

Y ¿qué esperamos los que esto deseamos? Muy simple: que Pedro Sánchez no nos decepcione. Zapatero no decepcionó en la primera legislatura, pero sí en la segunda cuando impulsado, quizá por el pragmatismo de las corrientes supranacionales, y por la equivocada tendencia de viajar hacia el centro, se inclinó, como ha ocurrido otras veces, hacia el liberalismo económico. ¿Nos va a pasar eso mismo con Pedro Sánchez? Esperamos y deseamos que no. Sin escuchar las cantinelas de la irritada y descolocada oposición, y sin caer en estrategias electorales, el Gobierno tiene que poner en marcha -ya- todo un programa de soluciones socialistas para hacer frente a los problemas que nos ahogan, que nos acucian, que nos urgen.

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