Nosotros mismos

Fermín Gassol Peco
Votante en un colegio electoral en Ciudad Real / Clara Manzano

Votante en un colegio electoral en Ciudad Real / Clara Manzano

Decía hace tiempo un político de nuestra tierra que en democracia se vence cuando se convence con argumentos y razones. Una frase tan acertada como ausente pues desgraciadamente se viene convirtiendo según podemos observar elección tras elección en una mera declaración de intenciones y que además con demasiada frecuencia no pretende ser ni eso.

“Cuidado de la democracia. Como norma política parece cosa buena. Pero la democracia del corazón y la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad”. José Ortega y Gasset

 

Habría que corregirla para que expresara el deseo de que así fuese: “se debería convencer con argumentos y razones”. Porque a fuer de ser sinceros, en nuestra democracia no se convence en general con argumentos y razones, sino con las turbias y calientes razones…del corazón; se gane o no.

El pasado y “en contra de”

Aquí se sigue votando con demasiada frecuencia al albur de dos ideas, cuales son “el pasado” y el “en contra de”. Y según mi personal criterio tres son las causas.

La primera tiene que ver con que muchos votantes no sienten la necesidad de explorar en los entresijos de los mensajes que los distintos partidos políticos ofrecen; es más, lejos de eso se afanan en justificar determinados comportamientos incluso delictivos de alguno de los miembros del partido de sus amores como si les fuera en la vida en ello.

La segunda ha de ver con el poco interés que algunos políticos parecen tener de que la “masa electoral” posea más cultura política lo cuál para ellos es más cómodo ya que su discurso resulta así menos exigente. Y la tercera y más profunda, a una auténtica crisis de ideas y de esos mismos discursos.

Insultos de distinto calibre, cinismo a raudales, consejos sibilinos de unos a los otros, mítines en los que se habla de todo menos de los problemas inmediatos que interesan al electorado, a la localidad o al vecindario, recurriendo a temas que resultan muy lejanos.

Despropósito

Desde luego que las campañas electorales son un auténtico despropósito en cuanto a los mensajes y actitudes que muchos políticos de primera fila, en articular de algunos partidos, lanzan en las localidades que visitan y más triste todavía aquellos que lanzan los políticos locales cuan altavoces de los primeros. El nivel conceptual de los mítines limita frecuentemente con la ofensa a la inteligencia de los votantes recordando tiempos ya lejanos en el estilo y en las ideas.

Don José Ortega y Gasset ya lo advertía, pero nosotros parece ser que o no lo sabemos o no le hacemos demasiado caso. Mucho me temo que la primera posibilidad es la mayoritaria, porque habría que preguntar a los votantes quien es la persona de la que estoy hablando