Reacciones desmesuradas

Charo Zarzalejos
Pablo Iglesias

Pablo Iglesias

Como nunca estigmaticé a Podemos mantengo la misma posición respecto a Vox y ninguno de los dos me gusta. Pero esto es la democracia: convivir con lo que no nos gusta, con lo que nos incomoda. Lo antidemocrático es echar a los leones a aquellos que no coinciden con nuestros planteamientos. Echarse las manos a la cabeza por lo que ocurre sin pensar por qué ocurre es lo que hacen los niños cuando rompen un vaso: se tapan la cara

Coincidiendo con los actos conmemorativos de los 40 años de nuestra Constitución que es lo mejor que nos ha ocurrido a los españoles en nuestra historia reciente, los inesperados resultados de VOX en Andalucía han provocado una especie de cataclismo del que todavía las fuerzas políticas parecen no haberse recuperado. La enorme sorpresa que han supuesto los doce escaños obtenidos por el partido de Santiago Abascal en el Parlamento andaluz, suponen, ciertamente, un antes y un después. Ese antes y después que se inició hace cinco años con la irrupción de Podemos.

En su momento, Podemos supuso un auténtico susto para el PSOE. Pablo Iglesias llegó dispuesto a comerse a lo que para él es la vieja izquierda. Se habló de sorpasso que muchos socialistas llegaron a creer que podría producirse. Ese riesgo, el PSOE lo ha conjurado, pero no cabe duda que, primero Ciudadanos y luego Podemos, hicieron saltar por los aires a lo que estábamos acostumbrados.

Ahora surge con energía VOX. Ha conseguido votos tanto en zonas deprimidas de Sevilla como es el barrio de las mil viviendas, como en la zona más acomodada de la ciudad hispalense como es el barrio de Los Remedios. Gran parte de sus votos proceden del Partido Popular que tiene que dirigir sus esfuerzos a dos bandas: Ciudadanos y VOX. Se daba por hecho que era muy factible que Rivera le diera el sorpasso a Casado, pero aún perdiendo mucho voto y obteniendo, objetivamente vistos los datos, el peor resultado, Casado ha resistido el embite a dos bandas. Abascal le ha quitado votos, muchos votos y Ciudadanos también unos cuantos. En estas circunstancias, con tanto adversario en el mismo territorio, es entendible la satisfacción de los populares. Lo suyo era susto o muerte.

Rostro desencajado de Susana Díaz

No menos entendible es el rostro desencajado de Susana Díaz. Nunca pensó que esto le pudiera ocurrir a ella. Ha ganado las elecciones y en una batalla legítima pero que puede resultar patética va a hacer lo indecible por conseguir lo imposible. Pero aquí entra el capítulo de las reacciones poco inteligentes ante el auge de VOX. Susana Díaz no puede alegar como argumento de autoridad intentar
gobernar para frenar a la ultraderecha que entre otras cosas desprecia, dice, nuestros valores constitucionales.

No puede pedir a los demás lo que no ha pedido, a los propios. Ni una sola palabra sobre los socios de moción de censura de Pedro Sánchez que ya han demostrado hasta la saciedad su desprecio y sus ansias no disimuladas de cargarse la Constitución misma. Tengo la convicción absoluta de que el Presidente del Gobierno no está dispuesto a aprobar Presupuestos a cambio de cesiones secesionistas, de la misma manera que creo firmemente que nunca el Partido Popular va a levantar un muro de hormigón entre Marruecos y Ceuta y Melilla y, por supuesto, no se va a llevar por delante Canal Sur.

Las reacciones más desmedidas, más absurdas y más antidemocráticas las ha protagonizado Pablo Iglesias. Se felicita de las movilizaciones por él alentadas pretendiendo ganar en la calle -cosa que no va a ocurrir- lo que no ha logrado en las urnas. Que recuerde nadie hizo nada semejante cuando ellos obtuvieron cinco millones de votos, tan legítimos, tan libres como los obtenidos por VOX. Solo Iñigo Errejón ha tenido la inteligencia de recordar que los 400.000 votos obtenidos por Abascal no son 400.000 fascistas. Lo mismo aseguraba a esta periodista un diputado socialista: “si creemos que son 400.000 ultras franquistas, nos equivocamos”. La falta de autocrítica clama al cielo.

Todo apunta a que la era socialista en Andalucía se ha acabado. Ahora serán PP y Ciudadanos los que con inteligencia deben llegar a un acuerdo y como asegura el propio Abascal, luego llamar a Vox. Encima de la mesa deben quedar claros los límites y los objetivos y será entonces, con los hechos, cuando todos tendremos elementos concretos, más allá de los exacerbados discursos de campaña, para abordar el fenómeno Vox.

Como nunca estigmaticé a Podemos mantengo la misma posición respecto a Vox y ninguno de los dos me gusta. Pero esto es la democracia: convivir con lo que no nos gusta, con lo que nos incomoda. Lo antidemocrático es echar a los leones a aquellos que no coinciden con nuestros planteamientos. Echarse las manos a la cabeza por lo que ocurre sin pensar por qué ocurre es lo que hacen los niños cuando rompen un vaso: se tapan la cara.