Resumen histórico de la Feria de Villanueva de la Fuente

Juan Ángel Amador Fresneda Villanueva de la Fuente
Imagen de Mercado Medieval de la época en Villanueva de la Fuente / Lanza

Imagen de Mercado Medieval de la época en Villanueva de la Fuente / Lanza

Los Mercados de Villanueva de la Fuente durante la Edad Media empezarían a celebrarse bastantes años después a la batalla de las Navas de Tolosa de 1212, cuando comenzó la repoblación de la comarca del Campo de Montiel en Villanueva y Alcaraz con gentes del norte, mozárabes y judíos (como en Villa Real-Ciudad Real). El deseo de atraer nuevos pobladores, mucho más inclinados a las fértiles tierras andaluzas, mueve al rey Alfonso X a conceder la primera feria de su reinado para Montiel. “1252, agosto, 8. Sevilla Privilegio real de Alfonso X autorizando la celebración de una feria en Montiel por la ayuda que el maestre Pérez Correa le prestó en la conquista de Murcia”. Se iniciaba por San Lucas, el 18 de octubre, con duración inferior a lo habitual de diez días.

Aunque la Orden de Santiago estuvo, a partir de dicha batalla, en el control Villanueva y el Campo de Montiel (esta representaba un régimen señorial de matiz religioso) Villanueva estuvo alternando, durante diferentes periodos, entre la Orden y el Marquesado de Villena y Alcaraz, por luchas y discrepancias de poder.

Pero fue en este periodo que las ciudades del Occidente europeo se encontraban en decadencia desde la caída del Imperio Romano, en el siglo XI, cuando comienzan a resurgir con los mercados y ferias por los intercambios comerciales y trueques de todo tipo de productos, como motor principal de cambio, celebrando mercados y ferias las ciudades próximas más o menos periódicos. Así el comercio a larga distancia, es decir las “Ferias”, se distinguen de los mercados por su reglamentación concreta y concesión real, con mayor duración que los mercados y mayor volumen de mercancías y asistencias de personas, siendo estos eventos económicos los que permitían el crecimiento y desarrollo de las ciudades, teniendo gran importancia la “ganadería trashumante” en el desarrollo del comercio porque proporcionaba lana para la industria textil.

Muchos años después del privilegio real de 1252 de Montiel, los mercados medievales de Villanueva pudieron celebrarse a imagen y semejanza también de los que comenzaron en Albacete y Alcaraz, durante los últimos años del siglo XIV. Hasta tanto que cuando Albacete se separa de Chinchilla en 1375 y se convierte en villa, entonces recibe oficialmente el derecho a celebrar una feria anual, que ante la importancia de esta llevaría a los Reyes Católicos a su reconocimiento.

 

Por aquellos años las ajetreadas disputas entre Alcazar y Villanueva, con sentencias de 1375 y 1376, limitaban la autoridad de los comendadores y oficiales de Villanueva, ordenando a estos que no tuvieran jurisdicción mas allá de las últimas casas del pueblo, dando autoridad a los alguaciles del Concejo de Alcaraz para cobrar impuestos hasta las propias paredes de las murallas que rodeaban a lo que era entonces el pueblo. Por tanto, los mercados, nos regulares, que se asentaban, durante décadas, entre las paredes del pueblo, limítrofe con el camino romano-vía pecuaria y la ermita de San Nicasio, santo mártir milagroso, (posteriormente Sto. Cristo del Consuelo), estuvieron en el punto de mira de Alcaraz. Dado la situación geográfica de encrucijada y grandes rutas entre Andalucía, Levante y el centro de la península que señalaban un lugar para el control de los alcaraceños, a pesar de tener Villanueva alcaldes propios desde el siglo XIV. 

El esquema del desarrollo de dichos mercados en la Edad Media pudo ser similar a lo que fue en siglos posteriores; compra-venta, trueque e intercambio de mercancías de primera necesidad y de animales de tracción, carga y producción que, a través de los años, fueron innovándose, acordes con las necesidades básicas.

Aunque no sabemos los días concretos ni el mes del año de los mercados. Es lógico pensar que deberían coincidir con el final del periodo de las recolecciones del verano; lo más probable por septiembre u octubre coincidiendo con San Lucas.

 

Los Mercados y Ferias en Villanueva de la Fuente entre los siglos XVI a XX  se afianzaron ya terminada la Edad Media, y en los últimos años del siglo XVI, cuando Villanueva “hecha villa por Felipe II, en 1565, con 299 vecinos” (unos 1500 habitantes) consiguió su independencia de Alcaraz, ya se podrían celebrar mercados fuera de la presión, el arrinconamiento y la tutela de dicha ciudad, pero no podemos saber si la ciudad ahora consiguió ya o no el privilegio o derecho a celebrar ferias. Y es por el dato de existencia del Corral de la Feria, por lo que suponemos que antes de su construcción ya existiría la Feria que debió ser a partir de la últimos años del siglo XVII, cuando la Virgen de los Desamparados comenzó a venerarse en el antiguo santuario de San Cristóbal (actual ermita) el año 1650 y se constituye su Cofradía-Hermandad, y con el acto religioso de “La llegada o traída de la Patrona al alba a la localidad, desde su ermita, el día 1 de Septiembre” ya es seguro que simbólicamente se marca la etapa más moderna conocida de la Feria, pero no se puede precisar si la traída de la Patrona al Pueblo se adapta a la fecha de comienzo de la Feria, o esta se readapta a la traída de la Virgen. El resultado sería  una simbiosis entre ambos eventos, que no ha variado de fechas a través de los siglos.

Haciendo un poco de memoria histórica, en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752 ya se decía, entre otras cosas, que Villanueva tenía 2100 almas, y que el día 1 de septiembre “…el principal tráfico de esta feria, era de ganado yeguar y mular en mucha abundancia, caballerías domadas, cerdos, maderas, útiles para la labranza, paños, lencería, quincalla y otras mercaderías del consumo individual…”. Sin embargo, en la encuesta del Cardenal Lorenzana de Toledo de 1798, con la Feria ya consolidada, famosa y de importancia nacional, no se habla de esta, quizás por error, cuando dice en el  capítulo 10º, “no hay que expresar en él cosa alguna pues no hay comercio alguno”, dado que cincuenta años antes más arriba se decía lo contrario, porque ese mismo año venía apareciendo en medios informativos de tirada nacional e internacional.

El lugar donde se celebró la Feria durante siglos, “El Corral de la Feria”, fue propiedad de Ntra. Sra. de los Desamparados y construido por su Hermandad, al mismo tiempo o al finalizar la remodelación de la antigua ermita de San Cristóbal (ya como ermita de la Virgen) entorno a las dos últimas décadas del siglo XVII, a partir del año 1680.

Serapio Machado Castillo con sus hijos, Ángel y Ramón Machado Fresneda / Lanza

Serapio Machado Castillo con sus hijos, Ángel y Ramón Machado Fresneda / Lanza

Este espacio salió a subasta en la  desamortización de Mendizábal, cuando finalizó su periodo de arrendamiento, el 15 de agosto del año 1847, unos 150 años después de su puesta en marcha, publicándose el mencionado año, como era preceptivo, en el Boletín Oficial de la provincia de Ciudad Real, con el siguiente texto: “De nuestra Señora de los Desamparados de id, 153.- Un corral, cercado de la Feria, con un cubierto de techumbre: capitalizado en 9000 rs. y tasado en 4500 rs. en cuya cantidad sale a la subasta por id”. Con unas determinadas condiciones: “Se catalogó como finca de menor cuantía y el pago en la cantidad que remataren se hará en metálico en 20 plazos de año cada uno; su doble subasta se verificará en esta capital (Ciudad Real) y en Infantes simultáneamente por los tipos menores que quedan expresados, en razón en que la primera y la segunda fueron negativas …”. Se adjudicó al mejor postor por 4500 reales, posiblemente a la familia que lo tenía en arrendamiento como negocio, siguiendo utilizándose dicho corral para ferias, durante un siglo más, hasta bien entrado el XX que se ocupó y construyó con viviendas y escuelas. Los límites de Corral de la Feria se encontraban entre el edificio religioso y las actuales calles; de la Feria, la glorieta de Cervantes y la calle de la Iglesia, aproximadamente con 4500 metros cuadrados de superficie. Actualmente los vecinos de avanzada edad todavía podrían reconocer su antigua situación.

En el periodo de 1857 a 1900, el crecimiento de la población en la ciudad había aumentado de 2200 a 3300 y el lunes 3 de noviembre de 1800, en la sección del Comercio, en el número 88 del “Correo Mercantil de España y sus Indias”, se publicaban algunas noticias en dicho periódico, que se imprimía en la imprenta de Vega y Compañía, en la calle Capellanes de Madrid.

Entre otras noticias de los productos comercializados en la Feria de Villanueva, que en el año 1800 ya ascendían a los 669.340 reales, se escribía también sobre las posesiones y el comercio de la República Batava en las Indias Orientales. Así mismo sobre la Feria de Soria se decía que se celebraba el 16 de octubre, los productos expuestos a la venta, desde 16 hasta 23 de octubre de ese año, ascendían a 726.000 reales de vellón. De la Feria de Málaga entonces se decía que se celebraba el 28 de octubre, y algunos de los precios que corrían en aquella plaza eran los que siguen: almendra en cáscara la fanega a 63 reales, la mollar de 120 a 130 reales de vellón. Pasa larga en el mercado a 10 reales ½.  El vino del año 1797 la arroba a 23 rs. El vino del año 1798 a 22 rs. El vino del año 1799 entre 17 a 19 rs. El vino tierno del año 1800 de 19 a 21 reales. Con estos datos podemos saber, como orientación, los precios de algunos productos de la Feria, que correspondían a la Intendencia de Ciudad Real.   

                                                 

La Cuerda-Mercado de animales de Villanueva ha estado siempre unida a la Feria, en sus inicios en septiembre u octubre, en dicho mercado y cuerda de animales, inicialmente se utilizaban los terrenos baldíos limítrofes al casco antiguo y dicha ermita del Sto. Cristo. Los primeros documentos que hablan del mercado de animales son de 1800 que datan 580, que con el crecimiento urbanístico del pueblo fue desplazando su ubicación a las eras, cuando se fue edificando en dirección a la mencionada ermita y obstaculizando la cañada de Andalucía a Valencia a su paso por el pueblo.

Siendo la “Cuerda” una principal actividad económica y mercantil, el espacio ocupado por esta llegó a ser de unos 70.000 m2, en el paraje mencionado de las eras hasta la plaza de toros (hoy desaparecida). Durante los siglos XIX y XX, según los años y de acuerdo con testimonios verbales, el  número de cabezas por término medio podía oscilar entre las 5.000 y 10.000 de las diferentes especies;  rebaños, animales de tracción, cría y reproducción: cerdos, ovejas cabras, vacas, burros, mulas, caballos, etc. de procedencia de pueblos de alrededor y del resto de España; abundando de las regiones limítrofes. Aunque no se tienen datos ciertos del valor de las compra-ventas y transacciones, el valor medio anual de los distintos productos podría superar a los expuestos en la Feria a finales del siglo XVIII.

Hay que tener en cuenta que junto a la Feria de Albacete estaba considerada como una de las primeras de ganado de la zona centro de España, dado que la mayoría de los tratantes, marchantes y feriantes, cuando finalizaba la de Villanueva se trasladaban inmediatamente durante los días 3 y 4 a la de Alcaraz y a partir del día 7 a la Feria de Albacete. El momento histórico de la Feria de Albacete llegaría, el 6 de marzo de 1710, con la guerra de sucesión y con Felipe V, que daría a la ciudad el privilegio para realizar una feria franca anual por una duración de cuatro días y que con el transcurso del tiempo ha pasado a tener 10 días.

Entre los tratantes más importantes de Villanueva se encontraban; las familias de Serapio Machado “Puches”, “Bambollos”, y “Faitos”, entre otros. En esos días los tratantes, marchantes y propietarios particulares de ganados solían hacer dos noches en el pueblo, alquilando corrales y casas de los barrios próximos a la Cuerda; de “la Venta” de “la Glorieta” y otras casas del pueblo para estabular los animales y hospedarse, aunque muchas cuadrillas se instalaban en tiendas de campaña, conseguir hospedaje para la numerosa población en esos días no representaba ningún problema en viviendas particulares junto a las fondas existentes.

La comida más típica y característica de la Feria y la Cuerda era el “pisto con carne”, que en el momento de cocinar dicho plato y comer al aire libre, en ocasiones, algo de paja residual de la recolección de cereales se mezclaba con la comida.

Ver en el mes de agosto a los agricultores finalizando la siega y en los últimos días la trilla, el aventado en las eras y almacenado del grano y la paja en las casas, para que no les cogiera la Feria y la Cuerda y observar el trasiego continuo de animales con aguaderas y cántaros, para cubrir las necesidades de agua a la población, y el ir y venir de caballerías por las calles del pueblo, desde la cuerda hasta los manantiales del “Río Villanueva”, y el pilón-abrevadero, era un espectáculo digno de ver en comparación con el devenir diario del pueblo. Así mismo la calle Feria y las adyacentes repletas de puestos: de hortalizas, de guarnicionerias, turroneros, buñuelerías, meloneros, caldererossarteneros, mantas, ropas, calzados, joyerías, etc.

Como curiosidades, la venta de helados locales caseros, ya comenzado el siglo XX, y los puestos de berenjenas de Almagro muy recurrentes en  la Feria. También hay que hacer mención someramente a la concurrencia de pobres y mutilados, que mostraban sus lástimas y penurias, representando la otra cara del país de la posguerra.

Los fotógrafos tampoco faltaban en la calle del Santo Cristo, para que vecinos y visitantes se hicieran sus primeros retratos y las principales atracciones de la feria, en casi todos los años; los fuegos artificiales (tradicionales en las fiestas al menos desde 1731 que tenemos constancia), los toros (con su plaza, de fábrica de piedra vista, construida por los años 1880, por iniciativa privada de una sociedad), el circo y, en tiempos más modernos, el teatro, el cine, las tómbolas, con las diversiones principales para los jóvenes; las barcas, las cadenetas, el trenillo, las rifas de caramelos, casetas de tiro, etc.

Finalizada la guerra fratricida, en abril de 1939, el pueblo contaba con 4787 habitantes, y con casi toda la primavera y verano de por medio, se fueron enfriando algunos problemas de la contienda, que daba paso a un periodo de aparente normalidad, entre tanto, las nuevas autoridades municipales, nombradas por el nuevo régimen, preparaban un cartel de toros de peculiares características, por sus referencias y frases alusivas a la dictadura franquista. Aunque durante el periodo de la Guerra Civil española, años 1936, 37 y 38, no se celebró la feria por acuerdo del Ayuntamiento del día 29 de agosto de 1936, “…Igualmente se acordaba en vista de las circunstancias actuales producidas por el movimiento sedicioso  y hasta tanto se aplaste el fascismo, se suspenda la celebración de las ferias y fiestas que, anualmente, se celebran en esta villa durante los días 1, 2 y 3 de septiembre”, sin embargo, en Albacete el día 7 se abría la feria con ciertas precauciones y cautelas, como consecuencias de los bombardeos de la sublevación franquista a la ciudad.

A partir de las décadas de los 60 la Feria estaba en transición, conviviendo lo económico con lo puramente lúdico y festivo, dado que con la mecanización del campo la cuerda va perdiendo presencia y fue caminando a lo puramente lúdico y festivo. Ya no son días de abastecimiento de productos perecederos y no perecederos para todo el año y ahora tienen una presencia importante en la Feria los cines “Paz” y “Padilla”, las orquestas de música en la plaza, durante algunos años el conjunto de música moderna “Nuevo Mensaje”, actuando junto al antiguo Bar España, la “Banda de Música”, que durante casi un siglo con interrupciones, amenizaba la Feria, todo ello, junto a las discotecas, los bares y el deporte es un factor de participación y de diversión de la juventud, y el Ayuntamiento con la publicidad y edición de Programa de fiestas y boletines Informativos difunde la Feria y Fiestas de cada año.

 

Villanueva de la Fuente ha sido a través de los siglos un núcleo estratégico comercial y en tiempos modernos, ya disponía de un recinto ferial acorde con su importancia nacional, hasta tal punto que durante estos siglos se anunciaba en los medios de difusión de la época, como evento de gran interés económico, distinguiéndose por la variedad, cantidad, calidad y valor de sus mercancías, así como el número de feriantes que se instalaban. Allí se exponían los productos de vendedores de pueblos cercanos y otras latitudes geográficas y aumentando cada feria las ventas, el año 1800 ya ascendían a los 669.340 reales, sin contar la actividad de la Cuerda y así Villanueva competía desde casi un siglo en importancia con otras grandes ciudades españolas.

Así, la Feria siempre fue el principal motor económico y comercial, a la vez su fiesta más importante, por su gran actividad social. En esos días se generaban más compara-ventas y transacciones que durante todo el resto del año. Llegado el 1959 la población ascendía a las 5900 personas, la serie más alta conocida,  que casi se triplicaba en algunos momentos puntuales de la Feria, encontrándose muchos domicilios ocupados al completo, existiendo la tradición y la necesidad de la asistencia de muchas personas de pueblos de la región a la Feria para aprovisionarse de productos para todo el año, dado que era la ocasión más cercana de una feria de ámbito regional y nacional en la Mancha por esos días.