Soy inocente

Laura Espinar Ciudad Real
El periodismo judicial es una especialidad informativa muy complicada por la materia “tan sensible” que trata / Clara Manzano

El periodismo judicial es una especialidad informativa muy complicada por la materia “tan sensible” que trata / Clara Manzano

El periodismo judicial es una especialidad informativa muy complicada por la materia “tan sensible” que trata, como es el caso de la libertad y el honor de las personas, su patrimonio o el de su familia. Lo reconocía recientemente la periodista ciudarrealeña, María Peral, una de las mayores especialistas en España en este tipo de información, tras recoger en Nueva York el premio Eisenhower Fellowships.

Cerramos una semana en la que entre el Debate sobre el Estado de la Región, las sorprendentes revelaciones sobre la relación entre la expresidenta del Gobierno de Castilla-La Mancha -en calidad de secretaria general del PP-, María Dolores de Cospedal, y el ex comisario Villarejo y la proclamación de Carlos Marín como responsable de los empresarios ciudarrealeños, se ha colado en la actualidad un asunto judicial que nos invita, cuando menos, a una seria reflexión. Me refiero al caso del joven condenado a 23 años de cárcel por violar, maltratar y vejar a una chica de Valdepeñas con la que estuvo saliendo solo tres meses y que, desde hace unas semanas, se encuentra en libertad pese a lo abultado de la condena.

Este joven está actualmente a la espera del fallo del Tribunal Supremo desde que el pasado mes de mayo su defensa recurriera la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Ciudad Real en la que se le condenó a prisión con la obligación de presentarse en el juzgado de forma periódica. Pese a ser una persona reincidente por violencia de género, las partes no habían solicitado prisión preventiva, de ahí que hoy se encuentre en libertad tras salir de la cárcel por otros delitos distintos a éste.

La repercusión en la opinión pública que ha tenido la publicación de que esta persona está en libertad, ha llevado a la Fiscalía de Ciudad Real a anunciar que revisará el caso para valorar el estado del recurso ante el Alto Tribunal, sin descartar, si lo estimara necesario, pedir prisión provisional. Alertado, quizás, por lo que se pudiera derivar de la nueva situación, el joven condenado no ha dudado en comunicar esta semana con la periodista de Lanza, especializada en tribunales y sucesos y autora de la noticia.

 

Especialidad muy complicada

El periodismo judicial es una especialidad informativa muy complicada por la materia “tan sensible” que trata, como es el caso de la libertad y el honor de las personas, su patrimonio o el de su familia. Lo reconocía recientemente la periodista ciudarrealeña María Peral, una de las mayores especialistas en España en este tipo de información, tras recoger en Nueva York el premio Eisenhower Fellowships.

Peral, que inició su carrera en Lanza, destacaba además el papel que desarrollan las fuentes informativas para trabajar en este ámbito ya que, explicaba, tampoco son complacientes, porque “ni los jueces ni los fiscales ven necesidad de contar su labor a los periodistas”, e incidía en el hecho de que “no somos los protagonistas” sino quienes contamos las cosas, los intermediarios con la sociedad, algo que conviene no olvidar para evitar el riesgo de cometer equivocaciones.

En sus declaraciones a lanzadigital, María no entró en aspectos como la “relación” que establecen algunos familiares de asesinos o condenados por tráfico de drogas, por maltrato o pederastia con la (el) periodista de tribunales. Estas situaciones no son frecuentes pero sí recurrentes. Sucede cuando el protagonista se ve impulsado por la corajina que surge tras una sentencia desfavorable o también por la simple publicación de algún hecho chocante. Tanto en un caso como en otro es posible que puedan contactar con el periodista porque le consideren responsable de su situación, porque buscan un paño donde enjugar unas lágrimas derivadas de un proceso judicial extraordinariamente difícil o, simplemente, buscan influir de la manera que fuere en la opinión pública. De todo hay.

 

Angustia, desamparo

Estoy convencida de que no es fácil atender la angustia, el desamparo y, también, el descaro que transmite una persona que tiene sobre sus espadas una abultada condena. También estoy segura de que hay periodistas que salvan estas situaciones con una profesionalidad y mesura envidiables como he comprobado esta semana.

Sirvan, por tanto, estas líneas de reconocimiento del trabajo de estos profesionales. En su mayor parte, han desarrollado su oficio en el periodismo local, el que más curte y el más próximo al ciudadano. Un terreno en el que se ha complementando su formación pero que no incluía la atención a quienes están abocados a pasar muchos años en la cárcel, una práctica que se ha convertido en casi habitual.

Levantar el teléfono y que alguien diga al otro lado “soy inocente” pese a tener una gran condena encima, es hacer un ejercicio de empatía extraordinario. Impagable, sin duda

Feliz semana a todos