Toda la fuerza de la naturaleza

Rafael Toledo Díaz Madrid
Dibujo enviado por Rafael Toledo

Dibujo enviado por Rafael Toledo

Así que aquella tarde y de repente, la montaña estalló, y al principio fue todo humo, y después todo fuego, y poco a poco todo el magma fue derramándose como una lengua voraz y destructora

Todo cuadraba y, desgraciadamente, todas las previsiones se cumplieron. Lo habían anunciado todos los movimientos sísmicos que se repetían continuamente. Todo era presumible porque todas las islas del archipiélago son de origen volcánico, por eso toda La Palma estaba atenta ante la inminente erupción.

Hasta allí llegaron todos los expertos, sobre todo los vulcanólogos y los geólogos, también todos los periodistas y todos los curiosos. Todos estaban atentos esperando el momento para registrar todos los datos, para dar todas las exclusivas, para hacer demasiadas preguntas absurdas y extravagantes, todo para rellenar los telediarios, y los más intrépidos para hacer todas las fotografías con el dantesco paisaje de fondo.

Dibujo aportado por Rafael Toledo

Dibujo aportado por Rafael Toledo

Así que aquella tarde y de repente, la montaña estalló, y al principio fue todo humo, y después todo fuego, y poco a poco todo el magma fue derramándose como una lengua voraz y destructora.

Todo era y bonito y trágico a la vez. Nos cuentan que todas las autoridades y todos los científicos, técnicos y colectivos trabajaron de forma conjunta, que todo estaba coordinado según lo previsto, pero que era imposible controlar toda la fuerza de la naturaleza, porque la lava devastaba a su paso todas las haciendas y plantaciones.
Todas las poblaciones en riesgo fueron avisadas con antelación y todos los vecinos afectados tuvieron unas horas o minutos para salvar algunas pertenencias, así que todos llenaron sus coches y camiones con los enseres más valiosos y, por encima de todo, la intención de recuperar todos sus recuerdos y sus documentos.

Por la isla pasaron todos los políticos posibles y todos se hicieron la foto de rigor. Los que gobiernan han prometido todo tipo de ayudas, pero ya veremos. Frente a la fatalidad todos tratamos de ser solidarios, todos entendemos su preocupación y su tristeza ante tamaña tragedia.

Mientras tanto la vida continua y todos los demás siguen con su rutina y sus trabajos. Ajenos al volcán, todos los turistas siguen yendo a la playa. Y todos los medios siguen ahí, todos diciendo lo mismo, todos especulando sobre posibles reacciones y sus consecuencias, que si el aire, que si la ceniza, que si hay precipitaciones la lluvia podría ser ácida, que si la lengua de magma llega al mar habría una reacción química. Ahora todos hablamos del volcán «Cumbre vieja» y sus consecuencias. También en este momento todos los agoreros e iluminados han sacado a relucir todas las viejas teorías catastrofistas.

Pero no todos entienden la angustia de los que perdieron todo, de repente ellos han perdido el pasado, sus raíces y el esfuerzo de su trabajo. A partir de ahora todos necesitan volver a ilusionarse con un futuro incierto, todos deberán rehacer sus vidas, todos necesitan recuperar la sonrisa y borrar de la memoria la catástrofe. Nosotros lo conseguiremos en cuanto haya otra noticia más impactante, sin embargo, todos ellos seguirán rumiando su mala suerte durante bastante tiempo.

Si el eventual y curioso lector ha logrado llegar al final del anterior texto sin aburrirse, supongo que, con perspicacia, habrá notado claramente un exceso de vocablos repetitivos y no siempre fáciles de colocar en demasiadas frases, palabra que se podía haber omitido perfectamente en muchas ocasiones.

Pues bien, la culpa de este raro escrito la tienen los avispados integrantes del colectivo «El Globosonda» porque tan imaginativos ellos, han decidido para este mes de octubre elegir como tema a desarrollar la palabra «TODO», y yo, por más vueltas que le he dado, y por más que he tratado de discurrir ante este reto de TODO no se me ocurre otra cosa.

Globosonda: Texto para la Caja Negra del mes de octubre del 2021.