Una sociedad democrática tiene que ser una sociedad feminista

Charo García Saco, portavoz de Igualdad del Grupo Socialista en las Cortes de CLM Toledo
Charo García Saco

Charo García Saco

Yo soy feminista porque creo firmemente en la igualdad.

Y este es un concepto que, después de más de 40 años de democracia en España, tiene que ser irreversible porque el feminismo representa uno de los valores fundamentales de una sociedad democrática, el de la igualdad: igualdad entre mujeres y hombres, igualdad de oportunidades, igualdad de derechos.

No existe ningún motivo ni ninguna excusa para dar marcha atrás en este concepto. Las mujeres somos la mitad de la población y, por lo tanto, la mitad de las capacidades, la mitad del trabajo, la mitad del mundo. ¿Se imaginan que una sociedad democrática se permite discriminar a la mitad de sus componentes solo por el hecho de ser mujeres? No sería una verdadera sociedad democrática.

A veces escuchamos a muchos hombres y también a muchas mujeres decir que no son “ni machistas ni feministas”, que no quieren ser etiquetados. Creo que hay un problema, precisamente, con el concepto de feminismo. Tiene que quedar muy claro que el feminismo es igualdad, si queremos democracia tenemos que trabajar por la igualdad.

Por eso, este 8 de marzo -Día Internacional de las Mujeres- reivindicamos el feminismo, reivindicamos la igualdad, visibilizamos las desigualdades que siguen existiendo en nuestra sociedad entre mujeres y hombres, y tenemos el firme propósito de seguir avanzando en derechos. No es un día de regalos, no es un día de flores, no es un día de felicidades, no es un día de descanso, es un día de lucha.

Además, esta reivindicación es ahora más necesaria que nunca porque la ultraderecha está cuestionando nuestra valía, nuestros derechos y libertades para seguir así profundizando en las desigualdades de género que solo benefician a unos pocos hombres y generan más machismo y más desigualdad.

Hay algo que me resulta preocupante y es el hecho de que estos mensajes machistas calen en la juventud. Observo con preocupación cómo muchos jóvenes compran sus argumentos populistas como consecuencia de la información sin contrastar que recorre las redes sociales a la velocidad de luz, lo que que genera más desigualdad y más violencia machista. La juventud es el futuro y quiero que los jóvenes empujen en la lucha contra el machismo, igual que se rebelan en otros ámbitos como contra el cambio climático.

Durante toda mi vida he reivindicado tener las mismas oportunidades que mi hermano, que mis amigos, que mis compañeros de trabajo. Ahora lo hago con más convicción porque quiero que mi hija tenga las mismas oportunidades que su hermano, que crezca libre, que se pueda desarrollar personal y profesionalmente eligiendo en libertad, y que no tenga nada a lo que renunciar. Porque la renuncia es una de las realidades a las que nos enfrenamos las mujeres con la cada vez más tardía maternidad. Un dato significativo es que el 94% de las personas que trabajan a tiempo parcial para el cuidado de familiares y menores son mujeres. Una renuncia que conlleva precariedad laboral y desigualdad.

Por eso es tan importante el 8 de marzo, ya no es el día de la mujer trabajadora como así lo llamábamos no hace muchos años, ahora es el día de las mujeres, en plural, de todas, que somos muchas y muy dispares, pero con un objetivo común: conseguir una sociedad más igualitaria donde no se cosifique a la mujer, no se mercantilice con nuestro cuerpo con la prostitución y la trata con fines de explotación sexual, no exista la mutilación genital femenina, no tengamos que renunciar a una conciliación real, no seamos una cuota y no vivamos con miedo a salir una noche.