Úrsula y Pavón

Una mujer, Ursula von der Leyen, presidirá por primera vez la Comisión Europea /E. Press

Una mujer, Ursula von der Leyen, presidirá por primera vez la Comisión Europea /E. Press

El giro feminista en la gestión comunitaria es esperanzador y emprender una etapa que camina hacia la consolidación de una Europa más verde nos inclina hacia territorios en los que se percibe el optimismo y, también, a aquellas cumbres en las que, de lejos, se atisba cierta unidad y diálogo. En Europa se empieza a hablar de otro tipo de iniciativas muy distintas de las que han primado hasta ahora.

A propósito de la serie de artículos de García Pavón que publica el semanario de Lanza mensualmente, en homenaje al escritor tomellosero con motivo del centenario de su nacimiento, me detengo en uno que, con el título de “Ayúdate”, fue publicado en las páginas del diario en el mes de julio de 1953.

En esta pieza periodística, Pavón reflexionaba sobre Europa, sobre el papel que interpretaba el Viejo Continente en los primeros años de la década de los cincuenta, 8 años después del final del segundo conflicto armado que arrasó el corazón del territorio europeo y que Pavón sintetizaba en una Europa que “está sin zapatos con el gesto compungido y la mano extendida pidiendo limosna”.

De la lectura del artículo se desprende que al escritor tomellosero no le agradaba la dependencia europea del coloso americano. Aquel verano de 1953, Pavón estaba convencido de que Europa había perdido la fe en sí misma, que “estaba lacerada por ese vago mal tan del gusto romántico llamado melancolía”. Los pueblos, -escribía-, perdida la seguridad en sí, todo lo esperan de sus Estados respectivos. Los Estados que han perdido la fe de sus pueblos, todo lo fían hoy en otros Estados más fuertes, sentenciaba.

La Europa de hoy, 66 años después de aquel artículo y mucho trabajo detrás para lograr una unión económica, financiera y aduanera, ha quedado casi como la defensora única del crecimiento sostenible y del multilateralismo. Tiene por delante el reto de emprender una buena gestión de los movimientos migratorios que azotan de manera notable a los países del Sur y que han convertido la relación de éstos con las instituciones europeas en un foco de conflicto al resurgir movimientos ultraconservadores contrarios a una gestión razonable de esos flujos.

Encarar la segunda mitad del siglo

Desde este pasado martes, sabemos que será una mujer, la alemana Ursula von der Leyen, quien presidirá la Comisión Europea a partir del otoño y la encargada por tanto, de proyectar esa Europa que queremos para encarar con firmeza la segunda mitad del siglo XXI.

La primera mujer que dirigirá esta institución en sus seis décadas de historia, tiene por delante una Europa en la que una gran parte de su población no sintoniza con la Unión, ni responde al esfuerzo que desde sus instituciones se hace para lograrlo; también es una Europa que cuenta con capas de población gravemente afectadas por las consecuencias de las últimas crisis y hoy abrazan movimientos nacionalistas que arrastran esa idea de conformar otros de unidad.

Muy destacado ha sido el discurso de Von der Leyen en el Parlamento. Con él se ganó la confianza del plenario y con sus planteamientos de poner en marcha una agenda feminista, ecologista y de refundación democrática ha conectado con un gran número de europeos que entienden que las políticas en los estados miembros han de virar hacia postulados de este tipo si se quiere comenzar a atajar asuntos como el impacto del cambio climático y la protección y el impulso de la mujer.

Es más, un acuerdo verde para reducir las emisiones de CO2; la obligación de introducir un salario mínimo en los países miembros e impulsar normas de transparencia salarial son iniciativas que la nueva presidenta quiere poner en marcha de inmediato, iniciativas que, de entrada, suponen un alivio por el giro hacia otro tipo de políticas muy distintas de las que han primado hasta ahora en el gobierno europeo.

Giro feminista

Europa tiene que avanzar de manera conjunta si se quieren afrontar los cambios que necesita el proyecto europeo, combatir el desempleo, conquistar una igualdad real y abordar el cambio climático. De esta forma saludaba Pedro Sánchez la elección de Von der Leyen, una mujer que supo salvar las reticencias de una buena parte de los grupos parlamentarios y que ha hecho posible soñar que otra Europa posible. El giro feminista en la gestión comunitaria es esperanzador y emprender una etapa que camina hacia la consolidación de una Europa más verde nos inclina hacia esos territorios en los que se percibe el optimismo y, también, a aquellas cumbres en las que, de lejos, vemos que reina la unidad y el diálogo.

En el mencionado artículo de Pavón, el escritor tuvo palabras con las que resaltaba la fuerza que transmite la unidad de un pueblo. Lo hizo al referirse a la película “Bienvenido Mister Marshall” (Luis García Berlanga), estrenada en 1953, al describir un sentimiento que a buen seguro le brotó cuando el pueblo se puso manos a la obra para resolver la gran decepción americana : “Uno (…) sintió una ancha satisfacción al ver aquel ayudarse, aquella vuelta a la gran fuerza genésica de la sociedad que fue dar cada uno lo que casi no tenía”. Que Pavón nos ampare muchos años.