2 años de cárcel y 34.300 euros de indemnización por “explotar” a un inmigrante en Tomelloso

Belén Rodríguez Ciudad Real

El agricultor, respondiendo a las acusaciones durante el juicio celebrado en el mes de julio / Carlos Díaz

La Audiencia de Ciudad Real condena por delito contra los derechos de los trabajadores al agricultor que empleó a un jornalero marroquí sin sueldo durante varios años a cambio de alojamiento y comida en el bombo de la parcela que tenía que cuidar en Socuéllamos

La sección primera de la Audiencia de Ciudad Real ha condenado a dos años de cárcel por un delito contra los derechos de los trabajadores a Francisco José L.S.R., el agricultor de Tomelloso que ‘contrató’ sin sueldo ni días libres, a un inmigrante marroquí sin papeles, Mustafá E.A., que trabajó gratis para él durante al menos tres años, dos de ellos a cambio de alojamiento, comida y tabaco.

El tribunal considera probado, aunque el agricultor lo negó en el juicio (solo reconoció que le ofreció ser su socio en el negocio de los melones), que Francisco José se aprovechó de la situación de vulnerabilidad del inmigrante y lo tuvo trabajando para él podando las viñas y en el cultivo de un melonar en unas tierras arrendadas en Socuéllamos durante tres años. En ese tiempo le permitió (él declaró que por hacerle un favor) vivir el bombo de esa parcela, una cabaña tradicional del campo tomellosero, sin agua, electricidad ni saneamimiento.

Abuso de la situación de necesidad

Entre 2017 y 2018 se  considera probado que el condenado pactó con el jornalero compartir los beneficios de dos campañas de melones, pero no lo hizo. La Audiencia Provincial considera a Francisco José L.S.R. responsable de un delito contra los derechos de los trabajadores, tipificado para la persona que “mediante engaño o abuso de situación de necesidad, impongan a los trabajadores a su servicio condiciones laborales o de Seguridad Social que perjudiquen, supriman o restrinjan los derechos que tengan reconocidos por disposiciones legales, convenios colectivos o contrato individual”.

Prisión, multa e indemnización

A la condena de prisión (al ser inferior a dos años es probable que se suspenda) el tribunal incluye una pena de multa de siete meses a razón de diez euros diarios y que indemnice con 34.343 euros más los intereses y la mitad de las costas procesales (incluidas  las de la acusación del denunciante) del pleito.

El acusado solo se libra delito de estafa agravada que pidió la acusación particular y que la sala no considera probado en este caso.

«Me veo así por bueno»

“Me veo así por bueno, mi mujer ya me lo advirtió”, declaró en el juicio celebrado en el mes de julio el ahora condenado. Según el agricultor Mustafá vivió dos años en el bombo de una parcela de viña y melonar que tiene en Socuéllamos, “porque se quedó tirado en la calle, no tenía papeles y me lo pidió».

El migrante le propuso ser su socio

Aseguró que fue Mustafá (lo conocía de una campaña de vendimia) quien le propuso ser su socio en el negocio de cultivar, cosechar y sembrar melones (unos meses al año) y «le rogó» que lo dejara vivir en el bombo de la parcela (sin luz eléctrica y solo con el agua del motor de riego), a cambio de comida, tabaco y de forma esporádica 10 o 20 euros, pero no a medias, sino al 75% por ciento. El primer año le dio parte de las ganancias de los melones y el segundo, aunque no ganó nada «3.000 euros», dice.

Ni le pagó sueldo ni su parte de los melones

El tribunal no le ha dado ningún crédito a esta versión, pero sí a la del denunciante, apoyada por testigos de referencia y las finanzas del denunciado.

El denunciante admitió en el juicio que hizo un trato con el agricultor y aceptó de buen grado vivir en el bombo, pero no en los términos que contó el acusado. Dice que le ofreció no solo ser su socio al 50% en el cultivo de los melones (tres meses al año) sino su jornalero para la poda de las viñas y el riego de las parcelas, a tiempo completo y todos los días del año. Es más contó que él mismo conseguía compradores para los melones y hacía los tratos, aunque luego era Francisco el que se encargaba de acompañar a los camioneros a pesar la mercancía y cobrar.

Aceptó de buen grado vivir en el bombo

Negó que estuviera tirado en el parque de Tomelloso o que no tenga papeles (otro agricultor que ha declarado lo ha contratado), sino que pactó irse a vivir a la parcela para vigilar el melonar y encargarse de la plantación a cambio la mitad de unos beneficios que fiscalía y acusación particular fijaron en unos 74.000 euros en dos campañas, de los que Mustafá no vio nada. «Cuando hizo cuartos me dijo búscate la vida», remató el jornalero.

En el juicio también intervinieron como testigos empleados de varias empresas que compraron los melones de Francisco, estas personas confirmaron que trataban tanto con él como con Mustafá el precio y las condiciones, «eran como la dirección».

A otro agricultor que contrató después a Mustafá le admiró que el migrante fuera capaz de vivir en esas condiciones y sin sueldo, «me dijo que estaba pendiente de la finca y de la ganancia con los melones.