32 años después, ¿sigue la sobreexplotación en el acuífero 23?

David Sánchez Romero de Ávila | @David_SanRoA Ciudad Real
Imagen del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel / J.Jurado

Imagen del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel / J.Jurado

Se cumplen 32 años desde que la Confederación Hidrográfica del Guadiana declaró “sobreexplotado” el acuífero 23 a causa de la extracción masiva de agua subterránea. Desde ese día se han tomado medidas para regular la extracción y salvar el ecosistema de las Tablas de Daimiel, pero aún siguen en peligro. Esta manera de sobreexplotar el agua proviene de una cultura de desecación de zonas húmedas para ganar terrenos para la agricultura y luchar contra el paludismo

El cinco de febrero de 1987 la Confederación Hidrográfica del Guadiana declaró “sobreexplotado” el acuífero 23, suponiendo, de ese modo, el cambio irreversible de una manera de utilizar el agua subterránea en la provincia de Ciudad Real. Esta semana se cumplen 32 de años de aquella noticia que, por otro lado, culminó en una situación anunciada tiempo atrás por técnicos, científicos y activistas en defensa de Las Tablas de Daimiel y su entorno.

La crónica del diario Lanza de aquel día cuenta cómo la Junta de Gobierno de esta institución, reunida en Badajoz, tomó dos medidas principales en cuanto a la gestión de los pozos en la cuenca alta del Guadiana.

Por un lado, se comenzó una restricción más severa de las extracciones de agua subterránea cuyo fin no fuera el abastecimiento de la población. Es decir, unas restricciones al regadío por la necesidad de recuperación del ecosistema. Ese trabajo incluía la localización, denuncia y sanción correspondiente de pozos ilegales por doquier, una labor que aún se sigue realizando en la actualidad.

Por otro, se tomó la iniciativa de construir otro tipo de pozos en el entorno inmediato de las Tablas de Daimiel con el objetivo de “rellenar” el acuífero, una medida “de urgencia” que se vería complementada en el largo plazo con la derivación de agua desde el trasvase Tajo-Segura.

Portada del diario Lanza con la noticia de la declaración de sobreexplotación

Portada del diario Lanza con la noticia de la declaración de sobreexplotación

¿Cómo se llegó a la sobreexplotación?
La ciencia ha estudiado el fenómeno de la sobreexplotación del agua en numerosas tesis doctorales o informes técnicos encargados para diversas administraciones públicas. Son los casos de Jose Manuel Naredo, Jose María Gascó, Gregorio López Sanz o Silvino Castaño.

Entre los datos y argumentos que esgrimieron estos autores, Castaño describió que “las estimaciones de los bombeos del acuífero de La Mancha occidental” entre 1974 y 1994 “oscilaron entre los 152 hm3 en 1974 a un máximo de 600 hm3 en 1987 y 1988”. Por su parte, López Sanz apuntó que La Mancha Húmeda llegó a tener “25.000 hectáreas de extensión”, de las cuáles, a finales de la década de 1980, ya no quedaba ni el 10%.

Todos ellos coincidieron en una conclusión: La sobreexplotación del agua subterránea a causa de la agricultura industrial en la zona del Alto Guadiana provocó el cambio del régimen hídrico del acuífero 23 y, por lo tanto, del ecosistema de las Tablas de Daimiel, que pasaron de ser el “rebosadero” natural de este acuífero a un “sumidero”. Ese fenómeno se resumió en una palabra que se popularizó en la década de los ochenta para hablar de esta problemática: “Daimielización”.

Hoy en día, esta palabra está en desuso. Así lo creen los propios técnicos y conservadores del Parque Nacional a la hora de defender la labor realizada en las últimas tres décadas que, además, ha sido calificada por el Centro Superior de Investigaciones científicas como ejemplo de “buena gestión por parte de la administración”.

Medidas para luchar contra la sobreexplotación
Desde ese cinco de febrero de 1987, la administración comenzó a tomar una serie de medidas con el propósito de defender el ecosistema y concienciar a la población de la importancia de preservarlo.

Una de las medidas más importantes fue la compra de terrenos en los territorios más inmediatos al Parque Nacional. El objetivo de esta medida era doble: Por un lado, evitar extracciones de agua subterránea en la mismísima frontera del espacio protegido. Por otro, aumentar la biodiversidad mediante la incorporación de terrenos de monte mediterráneo que serían, poco a poco, reforestados con especies autóctonas como las encinas.

La dehesa del Quinto de la Torre es uno de los nuevos espacios protegidos de Monte Mediterráneo en las Tablas de Daimiel

La dehesa del Quinto de la Torre es uno de los nuevos espacios protegidos de Monte Mediterráneo en las Tablas de Daimiel

En total, según datos cedidos por el propio Parque Nacional, se han adquirido 2003,51 hectáreas entre el año 2000 y el 2015.

En estos terrenos adquiridos, son frecuentes actividades de reforestación en las que el Parque Nacional cuenta con diferentes asociaciones y colectivos ciudadanos para recuperar el bosque autóctono en el Parque Nacional. Una de estas actividades es la que llevó a cabo el grupo pacifista de Ciudad Real en enero de 2017, planteando la reforestación como una forma de educar a la gente en la cultura de la paz y la no violencia.

Unos niños aprenden a plantar un árbol en un terreno adquirido en el entorno de Las Tablas de Daimiel

Unos niños aprenden a plantar un árbol en un terreno adquirido en el entorno de Las Tablas de Daimiel

El efecto de esta adquisición de terrenos para aumentar el territorio del Parque Nacional ha tenido un efecto directo en la capacidad de Las Tablas para retener agua en verano, la estación del año en la que más agua pierde a causa de la evaporación provocada por el calor estival. Los siguientes datos, procedentes del Parque Nacional, muestran cómo, con el paso de los años, la superficie encharcada en los meses de junio a septiembre ha ido aumentando:

De nuevo, según datos del Parque Nacional, en febrero de 2019 la superficie encharcada ha aumentado a 467 hectáreas respecto a las 450 que había en noviembre de 2018. En ese mes, la situación se planteaba crítica para el Parque si, entre mediados de este mes de febrero y el próximo mes de marzo, no se da un “golpe de agua” necesario para garantizar la salud del ecosistema. Así lo expresó entonces Carlos Ruiz de la Hermosa, director conservador del Parque Nacional, que aún sigue manteniendo la esperanza en que eso pase, sobre todo ahora que el Guadiana llama tímidamente a las puertas del humedal.

Esta es la superficie encharcada en el Parque Nacional en febrero de 2019:

La presencia del agua determina, a su vez, la cantidad de aves en las Tablas de Daimiel. Así ha evolucionado el censo de diferentes especies características del Parque Nacional:

Esa superficie encharcada depende, en gran medida, de la cantidad de lluvia que reciba el Parque Nacional, pero, por mucho o poco que llueva, si el acuífero sigue sobreexplotado, toda el agua que caiga en la superficie se filtrará, impidiendo así el encharcamiento del humedal para albergar vida en condiciones de calidad y cantidad suficientes.

Estos son los datos de precipitaciones que ha recibido el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel desde los años hidrológicos 1980-1981 hasta 2017-2018.

La “sobreexplotación estructural”
Si la lluvia no regresa, se podrían plantear medidas de urgencia, como la de derivar agua desde el Trasvase Tajo-Segura hacia el Alto Guadiana. Una medida que sólo paliaría momentáneamente la sed del humedal, pero que no resolvería su situación. Esa resolución depende directamente de poner fin a la “sobreexplotación estructural”, como la define Ruiz de la Hermosa, y que es todavía habitual en el entorno de las Tablas de Daimiel, a pesar de la declaración que hizo la Confederación Hidrográfica en febrero de 1987 y las consiguientes declaraciones y restricciones posteriores.

Un acuífero es una acumulación de agua subterránea. Al llover o nevar, el agua se filtra por el subsuelo acumulándose en zonas específicas en las que la piedra no permite más el paso del agua. Cuando un acuífero está en nivel cero, el agua que contiene rebosa por la superficie y, en ocasiones, es la causa del nacimiento de ríos como el Guadiana, que nace en los diferentes “ojos” dispersos entre las provincias de Ciudad Real, Cuenca, Albacete y Toledo. Las diferentes lagunas y humedales que hay en los territorios de La Mancha Centro son causa de este fenómeno hidrogeológico.

Al crear un pozo y extraer agua del subsuelo, se resta agua al acuífero. Al menos, en un punto concreto. Para saber cómo de lleno o vacío está el acuífero 23 o, las diferentes masas de agua que lo conforman, es necesario revisar los datos de la Red Piezométrica del Estado, donde se detalla la evolución de diferentes niveles que ha tenido el acuífero. Cruzando esos datos con la relación de municipios que forman parte de este acuífero, se puede elaborar un mapa en el que se visualiza la evolución del nivel freático en diferentes puntos.

Cada piezómetro tiene su propia línea temporal y su propio nivel de profundidad, por lo que se puede analizar, por un lado, cuáles son los municipios cuyos piezómetros presentan niveles freáticos más profundos y cuáles son aquellos en los que el agua está más cerca de la superficie.

En ese sentido, son destacables los casos de La Alberca de Záncara, en la provincia de Cuenca, donde el agua subterránea está más profunda, concretamente a -104,51 metros de profundidad media; y Campo de Criptana, en la provincia de Ciudad Real, una de las zonas donde el agua está más cerca de la superficie, a -5,07 metros de profundidad media.

Si el análisis de estos datos se centra en la evolución temporal, se puede observar que los niveles más bajos de cada piezómetro se concentraron entre los años 2005 y 2010, mientras que los niveles más altos se dieron entre los años 2010 y 2015.

No obstante, si hay un acuífero de referencia en la zona, por su cercanía al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, es el piezómetro “Ojos del Guadiana”. Este piezómetro lo gestiona el Centro del Agua y los Humedales Manchegos y, desde el año 1988, vigila el nivel del agua subterránea en los terrenos más inmediatos al Parque Nacional.

Así ha evolucionado el nivel freático en este punto del acuífero 23:

Aquellos niveles más altos del periodo 2010-2015 coincidieron con una época de lluvias que terminó con una sequía que provocó el “peor momento de Las Tablas”, protagonizado por los segundos incendios de la turba, como recogía el diario Lanza por aquel entonces. El trasvase Tajo-Guadiana se volvió a plantear como solución, pero la lluvia de la navidad del 2009 al 2010 llegó antes que el agua trasvasada, poniendo fin así a la sequía y devolviendo su esplendor a Las Tablas de Daimiel y el resto de lagunas y humedales temporales que pueblan La Mancha.

Estas lluvias provocaron un hecho sorprendente. En determinadas zonas, se generaron enormes agujeros en el suelo a causa de “la circulación del agua subterránea” durante aquel periodo tan lluvioso.

Desecando España
La cultura de aprovechar al máximo posible el agua y la tierra disponible para cultivar proviene de una época en la que la escasez de alimentos, la pobreza y enfermedades como el paludismo eran comunes en las llamadas “zonas encharcadas”, conocidas ahora como humedales.

Estos espacios naturales, que ahora gozan de protección internacional, eran asimilados como lugares peligrosos al estar llenos de animales vectores de enfermedades como los mosquitos. Esa circunstancia, sumada a la falta de medidas sanitarias e higiénicas durante los siglos XIX y XX terminó de cimentar la consideración de estos espacios como peligrosos e inútiles, pues no se podían aprovechar a causa de la presencia continua de agua.

Por lo tanto, se pensaba que eliminar esos ecosistemas era una medida de progreso social que, por un lado, permitía eliminar el foco de una enfermedad y, por otro, daba la posibilidad de ganar terrenos para cultivar más y, así, generar mayor riqueza y alimentar a la población.

Esos proyectos de desecación no se han realizado únicamente en Daimiel. Se han realizado por toda España y con diversos objetivos. Por ejemplo, para la construcción de vías férreas. En el siguiente mapa se puede conocer algunos de estos proyectos realizados durante los siglos XIX y XX.

Esa cultura empezó a cambiar en el momento en el que el Ser Humano empezó a entender que el progreso tecnológico y económico estaba poniendo en riesgo la salud de los ecosistemas en los que vive. Sacar agua desde donde no la hay, hasta del Tajo para abastecer la agricultura del Levante español o solucionar los problemas de la sobreexplotación del agua subterránea en La Mancha son resquicios aún vigentes de esta costumbre. El tiempo dirá si la naturaleza podrá seguir soportándolo o, si por el contrario, el Ser Humano logra cambiar para satisfacer sus necesidades sin comprometer la salud del Planeta.