40 años de las elecciones municipales democráticas: Los auténticos ayuntamientos del cambio

Mercedes Camacho Ciudad Real
Salón de plenos del Ayuntamiento de Alcolea de Calatrava / Clara Manzano

Salón de plenos del Ayuntamiento de Alcolea de Calatrava / Clara Manzano

En el último año de la década de los 70, España recuperaba la democracia celebrando unas elecciones fundamentales en las que fueron elegidos libremente los concejales y alcaldes de todos los ayuntamientos españoles. La masiva participación electoral en la jornada, supuso el mejor espaldarazo al cambio político y al deseo de inaugurar una nueva etapa democrática en la historia de España. La constitución de los primeros ayuntamientos fue una fiesta de la libertad y de la democracia que demostró la madurez de la sociedad española. Durante estos 40 años, los gobiernos locales de las ciudades y pueblos, junto a las diputaciones provinciales, consejos y cabildos Insulares han mejorado significativamente el bienestar social de los ciudadanos, prestándoles un número importante de servicios de calidad.

El 3 de abril de 1979, un censo de 26,7 millones de personas estaban convocadas a votar en las primeras elecciones municipales democráticas que se celebraban en nuestro país en 48 años. En juego se encontraban las Alcaldías y Concejalías de 8.033 municipios en un momento en el que esta cifra, la de municipios, era tan extraordinariamente variable que al finalizar el año se había reducido a 8.027, según los datos de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

Tras las elecciones, el 19 de abril de 1979 se produjo la toma de posesión de los primeros miembros electos de los ayuntamientos democráticos, cuya composición reflejó en buena medida la de las elecciones generales.

Un amplísimo abanico de siglas políticas, algunas de ellas procedentes de los movimientos asociativos vecinales, concurrían en aquellos comicios que inundaron las calles de pueblos y ciudades con carteles en los que, por cierto, las siglas prevalecían sobre los candidatos, según parece extraerse de los carteles electorales municipales de aquella época. Nada que ver con las últimas campañas donde, por encima de las siglas, se impone la imagen del candidato propuesto.

El 1 de marzo de ese mismo año ya se habían producido las primeras elecciones democráticas –al margen de referéndums- en las que se había elegido a Adolfo Suárez, de UCD, como presidente del Gobierno por una amplia victoria, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta pero con 47 escaños de diferencia respecto a la segunda fuerza política que fue el PSOE de Felipe González.

En esos primeros comicios, en la provincia de Ciudad Real se elegía a 5 diputados, de los que UCD se llevó 3 al cosechar el 41,38% de los votos -102.362- que fueron Blas Camacho Zancada; Pedro Menchero Márquez y Manuel Díaz-Pines Muñoz. Por poca diferencia, ya que obtuvo el 39,37% de los votos -95.996-, los otros dos diputados fueron del PSOE, concretamente Manuel Marín González y Miguel Ángel Martínez Martínez.

Pero volviendo a las primeras elecciones municipales de 1979, celebradas poco más de un mes después, la fuerza más votada fue también UCD, que se hizo con 68 alcaldías; seguida del PSOE con 23; distintas Agrupaciones de Electores lograron 7; y el PCE 3.

Hoy en día no quedan ejerciendo como alcaldes en la provincia ninguno de los elegidos hace 40 años, pero sí otros que llegaron justo a las elecciones siguientes –las de 1983- y que tienen la visión amplia y fundamentada que da la experiencia en una responsabilidad desde la que han ido comprobando la evolución.

Ese es el caso del alcalde de Alcolea de Calatrava, Ángel Caballero, el más veterano de los alcaldes socialistas de la provincia de Ciudad Real, si bien él comenzó en 1983 como independiente “y porque tenía un fuerte sentido de la necesidad de devolver a la sociedad parte de lo que me había dado al permitirme estudiar con becas”.

Esa iniciativa de trabajar por su pueblo le ha llevado no a ser testigo sino artífice de la construcción de su municipio porque, al igual que los del resto del país, se han construido en los últimos 40 años, ya desde la democracia “que nos ha permitido tomar las decisiones pensando de verdad en nuestros vecinos, en lo que necesitaban y en lo que les importaba e importa, porque para eso somos la administración más cercana”.

Reconoce que el cambio que ha experimentado la forma de gestionar y Alcolea han sido espectaculares en estos años, porque es en estas cuatro décadas cuando se han construido los pueblos. “Recuerdo que en los primeros tiempos no había personal apenas en el Ayuntamiento y lo hacíamos todo entre todos porque lo importante es que todo saliera adelante” explica.

Pero son muchas más las cosas que han cambiado radicalmente, comenzando también por el concepto que existía del alcalde. “Entonces parecía que el alcalde todo lo tenía que poder, incluso me decían ‘dile a la Guardia Civil’, como si yo pudiera; o, por ejemplo, venir a pedirme que bajara a decirle a una pareja que no se besara en el banco porque dos mujeres mayores lo veían por la ventana” recuerda entre sonrisas.

Ángel Caballero, alcalde de Alcolea de Calatrava / Clara Manzano

Ángel Caballero, alcalde de Alcolea de Calatrava / Clara Manzano

Luego se convirtió en una figura más cercana, los vecinos entendieron que estaba para ayudarles y eso aún a pesar de que a Caballero, como a muchos otros alcaldes, les ha costado dinero de su bolsillo ayudar a familias que venían a pedirle ayuda y que le constaba que lo necesitaba cuando no existían ni servicios sociales ni planes de empleo.

También ha cambiado, y de forma fundamental, el presupuesto de que disponían entonces los ayuntamientos. “Estábamos deseando cada año que llegara enero para tener un presupuesto nuevo porque no llegábamos. Había muy poco dinero. Yo he llegado a tener que dejar mi DNI como aval de que el Ayuntamiento iba a pagar para comprar las bombillas que hacían falta para las farolas”.

Sin embargo, y a pesar del trabajo que conlleva ser alcalde, Ángel Caballero asegura que repetiría porque es una “satisfacción” trabajar por sus vecinos y ver cómo sus vidas han ido cambiando a mejor.

En este sentido, y como anécdota de la evolución, lo que más destaca es la ayuda y el impulso a la formación de los alcoleanos para que pudieran tener estudios si querían y con ellos una mayor independencia; o cuando consiguió que algún día en semana fuera un profesor de autoescuela para que fuera a enseñar a conducir a las mujeres del pueblo que quisieran y se sacaran el carné.

Y es que como buen maestro, Caballero es consciente de que la formación cambia la vida de las personas y siempre ha hecho hincapié en ello. Pero ha trabajado por muchas más cosas “y de hecho el pueblo no tiene nada que ver con el que era cuando me eligieron alcalde los vecinos. De hecho, solo quedaba por arreglar la plaza y estamos en ello.

Ángel Caballero, que no va a repetir porque ya ha llegado a la edad de jubilación y cree que hay que dejar paso a los más jóvenes, seguirá ejerciendo esa vocación de servicio público desde otros ámbitos –se plantea crear desde una ONG a un Banco de Tiempo- pero siempre con un objetivo central: las personas.

Cohesión social y atención personal de los ayuntamientos

“La respuesta dada por los Ayuntamientos a las demandas de los ciudadanos ha sido fundamental para forjar la cohesión social, basada en la solidaridad y en la igualdad” incide el alcalde de Alcolea desde 1983, al tiempo que reconoce que las entidades locales han sido, “y siguen siendo”, líderes en la mejora de la calidad de los servicios a la ciudadanía y a la hora de proporcionar bienestar y progreso.

La cercanía a los problemas diarios, vitales, inmediatos de la gente, los que más afectan a sus aspiraciones y necesidades, unido al conocimiento más ajustado del medio en el que desarrollan las personas sus proyectos de vida, han hecho del ámbito local un espacio privilegiado para mejorar las condiciones de vida de los vecinos.

De hecho, cuando no existían los servicios sociales como ahora ni los planes de empleo, Caballero ha llegado a dar dinero de su bolsillo para ayudar a familias que sabía que lo necesitaban.

Afortunadamente, hoy los servicios sociales están completamente estructurados y regulados, pero el alcalde de Alcolea cree que el futuro de los ayuntamientos debe ir por personalizar cada vez más esa atención y agrega que el verdadero motor de cambio de la sociedad han sido los ayuntamientos y, de hecho, considera que han sido una de las claves del acelerado avance de la democracia en nuestro país, convirtiéndose en una escuela de liderazgo y en un importante vivero del que se han sabido nutrir después, otras administraciones públicas.

Finalmente, y cuestionado sobre la recomendación, sugerencia o consejo que daría a futuros alcaldes que lleguen a los ayuntamientos democráticos durante los próximos 40 años solo les da uno: fuerza y equidad para resistir las presiones de los diferentes intereses para que siempre el que prime sea el general, “ya que para eso nos eligen los vecinos”.

Alcalde las 24 horas

En la misma línea se expresa el que es el alcalde más veterano del PP en la provincia, el primer edil de San Lorenzo de Calatrava, Isidoro Chicharro Fimia, que accedió a la Alcaldía con AP en 1987 y continúa con la excepción de la segunda legislatura que, tras ganar pero haber un empate a concejales con el PSOE, un independiente que se había marchado de AP le dio la alcaldía a la candidata socialista. Pero en las siguientes elecciones volvió a ganar y desde entonces hay quien le llama, con afecto el “perpetuo”.

Isidoro Chicharro, alcalde de San Lorenzo de Calatrava / J. Jurado

Isidoro Chicharro, alcalde de San Lorenzo de Calatrava / J. Jurado

El primer edil de San Lorenzo de Calatrava -que recuerda que fue el artífice de la construcción del actual ayuntamiento aunque lo inauguró la alcaldesa que ocupó el cargo entre 1991 y 1995- explica que se convirtió en alcalde “porque me liaron, porque a mi ni me gustaba la política, sino trabajar por los vecinos”.

Ese trabajo por la localidad hace que sus 5 concejales -ya la pasada legislatura bajaron de los 7 que siempre habían tenido por la pérdida de población- “nunca hayan votado en contra de nada que sea bueno para el pueblo, ni si lo proponemos nosotros ni si lo hace la oposición. Se hace si es bueno venga de quien venga. Aquí la política, como se entiende ahora en algunos sitios con insultos o faltas de respeto, no existe. A mi eso me da vergüenza ajena”.

Por el contrario, estos años de democracia han servido para cambiar completamente San Lorenzo de Calatrava porque aquí no había ni infraestructuras y servicios, desde colegios hasta la Ventanilla Única “que ofrecemos en el Ayuntamiento para que no se tengan que preocupar desde si tienen que enviar un documento hasta fichar el paro”.

Chicharro reconoce que ser alcalde le ha costado dinero “porque si alguien se enfadaba con tu decisión dejaban de ir a tu negocio”. Sin embargo, nada de eso le ha importado y ha sido alcalde las 24 horas, compatibilizándolo con su trabajo porque no cobraba del Ayuntamiento. “Me tenías que haber visto aquí a las 4 de la mañana porque diluviaba y para ver si había algún problema; trabajar cuando se ha roto la bomba de agua en plenas fiestas patronales en agosto con mil personas aquí; pasar por juicios porque forasteros compraban terrenos y cerraban caminos vecinales… He intentado estar siempre que el pueblo me ha necesitado”.

Por eso, aconseja a las personas que quieran presentarse a alcalde en algún momento que estén dispuestos a hacer de todo y que amen a sus pueblos y sus vecinos, “porque aquí no se viene a lucir el tipo, que también los hay”.

Festejar los valores democráticos

En definitiva, y tras el análisis de los alcaldes más veteranos de la provincia de Ciudad Real, se puede asegurar que celebrar el 40 aniversario de las primeras elecciones municipales supone festejar el triunfo de los mejores valores democráticos: el diálogo, la participación, la tolerancia, el compromiso, la responsabilidad, el bienestar y el progreso.

Por eso, transcurridos estos años de puesta en marcha y desarrollo de políticas públicas locales, que han transformado el perfil de nuestros pueblos y ciudades, hay en el horizonte importantes retos que se deben afrontar con empuje y decisión, desde la responsabilidad y desde la confianza que otorga la participación ciudadana en las sucesivas convocatorias electorales para que todos sus representantes políticos, sean del color que sean y recuperando el diálogo de los primeros años, renueven su firme compromiso cívico de progreso y cohesión social.