Carnavales de Ánimas en la provincia

Julia Yébenes Ciudad Real
Foto de familia de los participantes en el desfile de banderas de ánimas de Malagón / Lanza

Foto de familia de los participantes en el desfile de banderas de ánimas de Malagón / Lanza

Manifestaciones en torno a las almas benditas del purgatorio se celebran en pueblos como Herencia, Malagón o Torrenueva, en paralelo al homenaje a Don Carnal

La devoción a las ánimas del purgatorio tiene un gran arraigo en la provincia de Ciudad Real, al igual que en otras regiones de España y en países de tradición cristiana. Su origen se remonta a la época de la antigua Roma, si bien su desarrollo, expansión y vinculación a las carnestolendas fueron instaurados en el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI, en base a unos postulados que comprometían a los fieles a cumplir la tradición de ‘liberar’ desde la tierra a las almas en pena de los difuntos, a través de la limosna y la oración.

Representó, asimismo, uno de los principios de la Contrarreforma, como respuesta a los protestantes, que negaban el purgatorio, y fue concebida con unos patrones que todavía perviven en las distintas manifestaciones en torno a las ánimas que, coincidiendo con el carnaval, se celebran en pueblos como Herencia, Malagón o Torrenueva. Son los municipios de la provincia ciudarrealeña que, en paralelo al homenaje a Don Carnal, acogen oficios religiosos, rezos y distintas liturgias relacionadas con la vida eterna, para así reflexionar sobre el carácter efímero de la existencia humana en la tierra.

En otras localidades como Albaladejo o Daimiel se celebran bailes y danzas de ánimas, herederos de las cofradías de hace cinco siglos, pero ya despojados del carácter sacro con que fueron concebidos.

El fervor a las ánimas benditas se organizó a través de corporaciones, en forma de cofradías o hermandades, con un carácter militar en la estructura de sus cargos (capitán, mayordomo, alférez, fiscal, paje, secretario, guión, etc), y unos símbolos mortuorios y sagrados, que aún se conservan e identifican las pautas de cada celebración.

La petición de limosna por las casas al son de unas campanillas, las banderas con calaveras u otras representaciones fúnebres y religiosas, las flores para ornamentar y recordar a los muertos, el repique del tambor, la invitación al ‘puñao’ y las funciones para exaltar al Santísimo Sacramento son elementos comunes que vertebran las festividades de ánimas en los pueblos ciudarrealeños mencionados y en otros muchos enclaves.

¿Pero, por qué se reza a los difuntos en Carnaval? La respuesta es que la Iglesia Católica instauró dicha litrugia para recordar a los fieles el sentido de la vida eterna después de la muerte, en contraposición al carácter ‘perecedero’ de la diversión y esparcimiento propios de las carnestolendas, unas celebraciones que siempre han contado con un extraordinario arraigo popular.

Son dos fiestas en una y en la misma conviven actos profanos y religiosos los días previos al Miércoles de Ceniza, en un equilibrio entre la alegría licenciosa y el destino mortal de los humanos, antagónico y a la vez complementario, que, incluso, sirvió de tabla de salvación en el Franquismo para no pocos municipios de España, que no dejaron de celebrar los carnavales, entonces prohibidos.

Los tambores acompañan con sus repiques / Lanza

Los tambores acompañan con sus repiques / Lanza

El desfile de Banderas de Ánimas de Malagón

Malagón es en la actualidad una de las localidades ciudarrealeñas con más veneración a las ánimas benditas, tras recuperar hace cuatro décadas los cultos a los muertos en los días de carnaval.
Los oficios religiosos y el desfile de banderas centran una fiesta emblemática y única que los malagoneros han conservado para sacar a las ánimas del purgatorio y que otorga una distinción propia a su carnaval, señala Alberto Monteagudo, miembro de la Asociación de Banderas de Ánimas de la localidad.

En concreto, la fiesta está protagonizada por una treintena de vecinos que desfilan por las calles de la localidad con sus enseñas de imágenes mortuorias y eucarísticas, tocadas arriba del mástil por un conjunto de flores y cintas de colores, y acompañados del repique de tambores, con el objetivo de recordar a los difuntos y a las almas de sus antepasados.

Los abanderados realizan dos pasacalles al día durante el domingo, lunes y martes de carnaval, que se completan con una misa en la Parroquia Santa María Magdalena por la mañana, y una ofrenda de las banderas de ánimas al Santísimo Sacramento en el mismo templo, por la tarde.

Perspectiva del desfile malagonero que caracteriza su carnaval / Lanza

Perspectiva del desfile malagonero que caracteriza su carnaval / Lanza

El tercer día, es decir, el martes, los abanderados entregan el donativo para misas de ánimas y a continuación, se realiza el sorteo de las banderas para el siguiente año.

Estos cortejos callejeros desaparecieron en los años 70 y fueron retomados en los 80 de la mano de la Asociación Cultural Ánimas del Carnaval, mientras que los oficios religiosos se mantuvieron.

Tras la recuperación de toda la tradición se inició una época de auge que incluso llegó a Ciudad Real.

Monteagudo recuerda que entre 1985 y 1993 los portadores de estas banderas hicieron visitas anuales a la capital, en colaboración con la Hermandad de Pandorgos, donde desfilaban por las calles y realizaban una ofrenda a la Virgen del Prado.

En la década de los años 90 y los primeros años del siglo XXI, el ceremonial para honrar a las almas del purgatorio cogió mayor fuerza y tuvo su colofón en 2007 con la constitución de la Asociación Cultural ‘Banderas de Ánimas’, encargada  de organizar todos los actos relacionados con las banderas de ánimas.

Momento solemne del homenaje a las ánimas en Malagón / Lanza

Momento solemne del homenaje a las ánimas en Malagón / Lanza

Orígenes

El rito tiene sus primeras manifestaciones, explica Monteagudo, en el culto a los difuntos de los primeros cristianos, cuando en tiempos romanos se reunían en las catacumbas para honrar a sus muertos, si bien fue la reforma tridentina la que, muchos siglos después, “dio el impulso definitivo a la expansión a esta tradición”.

De la mano del cónclave surgieron las hermandades o cofradías con fines asistenciales y estructura militar, para sufragar las misas por las almas de los hermanos difuntos y de sus bienhechores, ayudar en los entierros y difundir la doctrina cristiana.

De los cargos de estas entidades, Malagón conserva la figura de capitán (presidente), la de mayordomo (animero mayor, en otros municipios), y la de fiscal, encargado de aplicar el reglamento cofrade, así como existen datos con anterioridad al año 1500 de la existencia en la localidad de un bacín, es decir, el limosnero que recorría las calles para pedir donativos y sufragar los gastos de la cofradía.

“Esta figura con el paso de los siglos, ilustra Monteagudo, fue tomando una connotación negativa, que ha dado lugar a la acepción de persona enterada, metomentodo, y abundante”.

De la misma manera, hay referencias en 1502 de un mayordomo en la cofradía de ánimas malagonera, según el libro de visitas de la Orden de Calatrava, que también daba cuenta de los 1.824 maravedíes reunidos para pagar los sufragios.

Oficio religioso del carnaval malagonero dedicado a las ánimas / Lanza

Oficio religioso del carnaval malagonero dedicado a las ánimas / Lanza

Las siguientes referencias son del año 1528, con unos datos “que hacen pensar que ya existía cofradía, y una estructura de recaudación consolidada, como es la campana y el pregonero”, indica el portavoz de los abanderados de ánimas de Malagón, si bien las siguientes alusiones documentadas están fechadas cien años más tarde, y otras posteriores en el periodo comprendido entre 1667 y 1725.

En el relato histórico, Monteagudo destaca el año 1695, fecha en la que está datada la primera reseña a los ritos de la Cofradía de Ánimas de Malagón durante los carnavales, en concreto con el registro de la solicitud de permiso por uno de sus responsables al Arzobispado de Toledo para realizar la Función de las Cuarenta Horas (exposición del Santísimo Sacramento durante el tiempo que el cuerpo de Jesús pasó en el sepulcro hasta su Resurrección) en los días de las carnestolendas.

Un año más tarde, en 1696, aparece en los libros de visitas de la Orden de Calatrava una cofradía de ánimas en Malagón con fecha de fundación en el siglo XV, en 1751, el Catastro de Ensenada registra las propiedades de la cofradía y hace mención a su máximo responsable, así como en 1770 se da cuenta de oficios religiosos durante los carnavales, con las figuras militares de capitán, alférez, y sargento, y de la celebración del ofertorio.

Dichos documentos también hacen referencia al ‘convite’, que aún hoy se sigue haciendo en casa de los abanderados, si bien “no hay datos claros sobre la celebración de un desfile con la participación de banderas de ánimas”, que en el siglo XIX, según la tradición oral, eran ofrecidas por las familias cuando los jóvenes volvían a sus casas tras ser llamados a filas.

De hecho, la bandera más antigua de la que tienen noticias es de 1882.

Igualmente, a principios del siglo XX hubo escasas referencias sobre los actos de ánimas, salvo una noticia de 1915 aparecida en ‘Pueblo Manchego’, que recogía la celebración en tiempos de carnaval de funciones de ánimas en Malagón, pero sin mencionar cortejos o salidas por la calle.

Monteagudo valora la importancia de una tradición que van enriqueciendo cada año con foros de investigación, y asegura que fue en los años 50 cuando decidieron reactivar, a través de una vieja fotografía, los desfiles con los abanderados portando sus enseñas, algunas de las cuales están en activo.

La Cofradía de Ánimas de Herencia durante las carnestolendas

Una jineta porta una corona de flores / Lanza

Una jineta porta una corona de flores / Lanza

Herencia también cuenta con un acervo documental sobre la cofradía de ánimas y la unión, en el siglo XVIII, de la fiesta religiosa y la pagana, si bien la práctica para ayudar a las almas del purgatorio es anterior en esta localidad a los fundamentos del Concilio de Trento.

En la actualidad, esta fusión de tradiciones es una de las singularidades del carnaval herenciano, que cuenta con la declaración de Interés Turístico Regional desde 1987, y de Interés Turístico Nacional desde 2017.

Algunas de las celebraciones se entrecruzaban guardando el debido respeto, sobre todo en los orígenes, como cuando en el Domingo de las Deseosas (previo al carnaval) los miembros de la hermandad pedían limosna y las máscaras no salían a la calle hasta que no se recogía la cofradía.

Desde hace una década, explica José Ángel Fernández-Caballero, presidente de la Asociación ‘Carnaval de Herencia DO’, se celebran los funerales de ánimas el lunes y martes de carnaval, además del desfile con los gigantes y cabezudos, y las jinetas, que son parejas de niños que portan coronas de flores de muerto, símbolos “de las almas más puras y del infinito y la eternidad”.

Estandarte de Ánimas entra en el templo hace algunos años / Lanza

Estandarte de Ánimas entra en el templo hace algunos años / Lanza

Al parecer, antiguamente se encargaban del cortejo las mayordomías, y desde mediados del siglo pasado son los distintos gremios los que cumplen con la tradición que protagonizan los niños, que van ataviados con elegantes disfraces y ricas caracterizaciones.

Estas manifestaciones tienen su colofón el martes de carnaval, primero con el ‘puñao’ que el ayuntamiento ofrece a todos los que se presenten en la puerta de la casa consistorial, donde reciben la cantidad de cacahuetes que caben en un puño, y después con el ofertorio, en el que los estandartes de ánimas (el nuevo de 1957 y el antiguo del siglo XVIII) se convierten en símbolo fundamental al encabezar y presidir el recorrido desde su salida a 15,30 horas de la parroquia, junto a las autoridades y los grupos y carrozas que desfilan.

El dinero que se entrega como donativo, junto a la la recaudación de la puja de otros productos se destina a una ONG cristiana para los más necesitados, “que son las ánimas del siglo XXI”.

Fernández-Caballero también recuerda la conexión religiosa del perlé, uno de los personajes más emblemáticos del carnaval herenciano, pues “antiguamente llevaba una calavera en la espalda en honor a las almas”, y cuyo látigo con la alpargata que esgrime cada año tenía un significado en el que instaba a los celebrantes de las carnestolendas a que volvieran al orden establecido.

Inicios

Una jineta en una foto de hace décadas / Lanza

Una jineta en una foto de hace décadas / Lanza

Según el hitoriador Claro Manuel Fernández-Caballero, en 1770, el Memorial de Cofradías del Consejo de Castilla hacía mención de la existencia de una función de animeros en carnestolendas, mientras que los libros del archivo parroquial consultados por Ángel Carrero revelan la existencia de capellanes de ánimas en 1530 y 1554.

Fernández-Caballero resalta el calado “inmemorial” de esta devoción en el municipio, a tenor del legado que recoge el acta fundacional de la Cofradía de Ánimas de 1766, depositada en el Archivo Histórico Nacional, con el objetivo de “renovar y resucitar aquella antigua y loable práctica de eclesiásticos y capitulares”, ayudados por veinticuatro personas que recorrían a lo largo de todo el año las calles con una campanilla para recoger limosnas.

Los niños son algunos de los protagonistas del desfile de ánimas / Lanza

Los niños son algunos de los protagonistas del desfile de ánimas / Lanza

El investigador local destaca la ordenanza número 21 de la hermandad, que obligaba a celebrar dos funciones el domingo y martes de carnaval participadas por todos los sacerdotes de la localidad, quienes también debían entregar una limosna de dos reales y medio para financiar los funerales.

“Vemos cómo lo religioso y lo profano han convivido durante siglos en el carnaval de Herencia”, una celebración popular “de fuertes raíces”.

Parte de un documento que da cuenta de la existencia de una cofradía de ánimas en Herencia / Lanza

Parte de un documento que da cuenta de la existencia de una cofradía de ánimas en Herencia / Lanza

‘La borricá’ en Torrenueva

Estampa de 'La borricá' de una edición pasada / Lanza

Estampa de 'La borricá' de una edición pasada / Lanza

En Torrenueva, la Fiesta de Ánimas, denominada popularmente ‘La Borricá’, está declarada de Interés Turístico Regional y se celebra el martes de carnaval con el desfile de la bandera por parte del abanderado sobre un caballo (antes borrico o asno), acompañado por un cortejo de jinetes y familiares. “Se hace por personas que quieren agradecer a las ánimas benditas, con la entrega de limosnas, el favor en la resolución de algún problema, personal o familiar, por lo general de gran envergadura física o moral”, explica Julián Núñez, uno de los máximos conocedores de la fiesta.

La celebración tiene como epicentro a la bandera, un paño de color negro, bordeado con una franja de color amarillo y una calavera sobre dos tibias cruzadas en su interior, que el abanderado (pueden ser dos) de cada año cuelga en la ventana o balcón de su casa al primer toque de ánimas (8 horas).

La bandera con la calavera y dos tibias / Lanza

La bandera con la calavera y dos tibias / Lanza

Posteriormente, coincidiendo con el segundo toque, a las 14 horas, el abanderado descuelga la enseña y la exhibe en un recorrido por las calles sobre su caballo, junto a un familiar que porta el bastón de mando y otros vecinos, acompañados todos de un tamboril.

El cortejo va recogiendo limosnas por todo el pueblo, que al final de la jornada entregan al párroco para sufragar oficios religiosos, y servicios asistenciales de la parroquia.

Durante todo el día, la comitiva recorre todas las ermitas y el abanderado convida al pueblo a dulces típicos -rosquillos, ojuelos, sequillos y buñuelos- y a ‘limoná’.

Caballistas en la tradición de Ánimas de Torrenueva / Lanza

Caballistas en la tradición de Ánimas de Torrenueva / Lanza

Igualmente, por la mañana se celebra un funeral en memoria de los difuntos y por la tarde un responso, así como finaliza el día con el ofertorio en el que se entrega al párroco la bandera doblada, que custodia hasta su siguiente salida.

La celebración atrae a mucha gente / Lanza

La celebración atrae a mucha gente / Lanza

Danza de Ánimas en Albaladejo

Foto de familiade los danzantes de Ánimas de Albaladejo / Lanza

Foto de familiade los danzantes de Ánimas de Albaladejo / Lanza

En Albaladejo hay una manifestación relacionada con las ánimas, aunque en la actualidad se celebra sin ninguna connotación religiosa y como colofón al Entierro de la Sardina, el Miércoles de Ceniza.

Se trata de la Danza de Ánimas, más conocida como Danza de las Espadas, recuperada hace algunos años por la Asociación Cultural ‘Miliarium’, que preside Daniel Lillo.

“En tiempos hubo una asociación o cofradía de ánimas, que dependía de la iglesia y recaudaba fondos o también en especies para sufragar oficios”, explica Juan Carlos Campos, uno de los miembros de la entidad cultural.

Al parecer, los hombres bailaban durante los tres días de carnaval una danza en la iglesia y el último día también en el cementerio, donde se rezaba un responso a los difuntos.

Los danzantes de Albaladejo en formación / Lanza

Los danzantes de Albaladejo en formación / Lanza

Tras la recuperación de la danza, de la mano de ‘Miliarium’, se desvinculó del carácter sacro, y el grupo mantiene la estructura de la actuación que ejecuta en la plaza del pueblo.

“Primero comienza con un adulto volteando la bandera de España sobre una pieza de esparto en el suelo, y a continuación se baila la danza de las espadas, en la que se hacen cinco figuras, al son de música de guitarras”, explica Campos.

“El fin de la danza es ahorcar al capitán, que en vez de espada lleva una pandereta”, así como posteriormente bailan la danza de la vara, en la que los protagonistas entrelazan, a través de sus movimientos, las cintas que cuelgan de un palo.

Los danzantes van ataviados con el traje tradicional de la zona, incluido el pañuelo de yerbas en la cabeza, y un mantón de manila atado a medio cuerpo.

Campos subraya la autenticidad de la danza de ánimas , que “es única y aparece en el pasaje de las Bodas de Camacho del Quijote”.

Cervantes escribió al hilo de este capítulo que “de allí a poco comenzaron a entrar por diversas partes de la enramada muchas y diferentes danzas, entre las cuales venía una de Espadas, de hasta veinte y cuatro zaeales de gallardo parecer y brío, todos vestidos de delgado y blanquisimo lienzo, con paños de tocar, labrado de varios colores de fina seda…”.

Imagen antigua de los protagonistas de la Danza de las Espadas / Lanza

Imagen antigua de los protagonistas de la Danza de las Espadas / Lanza

Al parecer, también existió un personaje llamado ‘loberico’ (similar al perlé de Herencia), una figura extraña que portaba una porra para hacer hueco entre la gente y liberar un espacio para acoger la danza de ánimas.

Igualmente, este cómico era muy útil para el cortejo de parejas, pues según cuenta la tradición “un zagal le pagaba para que fuera a dar un porrazo a la moza que le gustaba, y ésta, a su vez, repetía la acción, si le atraía el chico”.

La tradición manda voltear una bandera / Lanza

La tradición manda voltear una bandera / Lanza

 

Baile de Ánimas en Daimiel

Imagen del baile de Ánimas de Daimel / Lanza

Imagen del baile de Ánimas de Daimel / Lanza

En Daimiel, la asociación folclórica Virgen de las Cruces recuperó hace tres años una tradición de finales del siglo XIX, también relacionada con las almas y la muerte.

Se trata del Baile de Ánimas, este año bajo el argumento de ‘El hijo difunto’, durante el que se realizan pujas por bailar con la pareja deseada, con el fin de recoger donativos para el culto de las ánimas benditas del purgatorio.

En la última edición, el 2 de febrero, han contado una historia en la que se pone de manifiesto cómo “ciertas ánimas no siempre descansan en paz”.