En busca de huellas masónicas entre las tumbas del cementerio de Alcázar

Noemí Velasco Ciudad Real
Ilustración de Luis Samper del cementerio de Alcázar de San Juan publicada en prensa en 1907, con acacias en primera línea / Lanza

Ilustración de Luis Samper del cementerio de Alcázar de San Juan publicada en prensa en 1907, con acacias en primera línea / Lanza

Símbolos de la masonería aparecen entremezclados con cruces cristianas en el primer cementerio civil abierto en España. En el ciento cincuenta aniversario, Alcázar de San Juan indaga en el patrimonio histórico y artístico de este camposanto en el que tuvo gran incidencia la orfebrería modernista y que está plagado de curiosidades

Baldosas en blanco y negro recuerdan a una tabla de ajedrez en la entrada de la puerta enrejada del cementerio, donde se lee ‘En Dios nacemos, en Dios vivimos, y en Dios renacemos a otra vida mejor’. En otra de las ilustraciones pintadas a pluma por el artista local Luis Samper que sobreviven en el archivo municipal desde principios del siglo XX aparecen representadas las acacias, un símbolo de la masonería.

El cementerio de Alcázar de San Juan “descansarán las personas, sean quienes quieran, de donde quieran y como quieran”. Esas fueron las palabras del filósofo manchego Tomás Tapia en la inauguración del primer cementerio civil de toda España en 1871. Ciento cincuenta años después, el camposanto suscita el interés de historiadores y curiosos en busca de huellas “paganas”.

Experto en la historia local, el concejal Pablo Pichaco, explica que los datos apuntan a que Alcázar tiene el primer cementerio civil por el discurso inaugural que pronunció Tomás Tapia el 20 de octubre de 1870 y porque “revistas especializadas hablan del camposanto de Reus (Tarragona)” como el primero en desligar la religión de los enterramientos en 1871, meses después que el manchego.

En el corazón de La Mancha, una región rural donde predominaba la población analfabeta, confluyeron unas corrientes intelectuales, filosóficas, ideológicas y religiosas que promovieron la construcción de este cementerio único, cuyos elementos característicos han sobrevivido al paso del tiempo y al Franquismo. En la actualidad, hay 10.000 unidades de enterramiento y alrededor de 40.000 restos.

Antonio Castillo y la Logia Alces

Los símbolos Alfa y Omega, que es la forma de nombrar a Dios con el alfabeto griego, destacan en una de las tumbas. Es la de Antonio Castillo, “el gran masón que fue alcalde de Alcázar de San Juan” durante la Restauración española, culpable de que en la escalera imperial del antiguo Gran Casino, actual Ayuntamiento, aparezcan símbolos paganos.

Localizada en la entrada del cementerio civil, Pablo Pichaco destaca que “la tumba de Antonio Castillo es una de las más peculiares”, pues incluye “elementos poligonales típicos de la masonería”. Así pues, consta de un frontispicio hecho de mármol y no tiene ninguna cruz, ni símbolo relacionado con el cristianismo.

Nada tiene que ver la persecución que sufrió “el contubernio judeo masónico” impulsado por el dictador Francisco Franco con la fascinación que produjo este hombre en Alcázar de San Juan, hasta el punto de que cuando murió la ciudad estuvo “diez días de luto”. Hoy en día, su tumba “es una de las más queridas los operarios del cementerio”, y es fácil hacerse una idea de cómo era físicamente, pues ha sobrevivido una fotografía de la época durante décadas.

Las cunas de orfebrería

Las cunas de orfebrería, muy comunes en la rejería modernista, están muy presentes en el cementerio / Lanza

Las cunas de orfebrería, muy comunes en la rejería modernista, están muy presentes en el cementerio / Lanza

Todo el cementerio está regado de simbología masónica y, según destaca el concejal, “la mayoría de las tumbas antiguas carecen de símbolos religiosos”. Al igual que en la ilustración, “son muy frecuentes los suelos ajedrezados, y también aparecen antorchas y globos terráqueos”, sobre todo en la rejería.

Aquí reside otra de las características propias de este cementerio, donde son muy comunes las rejas de metal a modo de “cunas”. Pichaco señala que entre las personas que se dedicaron a la “industria de las artes fúnebres” existía una tradición importante de rejería modernista, de ahí la presencia de este elemento. Todo el camposanto es reflejo de la incidencia de la arquitectura modernista en la ciudad.

De hecho, por ejemplo, en Alcázar construyó una casa el arquitecto Críspulo Moro, representante de la escuela modernista en las dos primeras décadas del siglo XX y autor del Salón Doré, donde utilizó este tipo de rejería. Entre los símbolos más recurrentes de los enrejados, también aparece el “reloj alado”, que simboliza que “el tiempo vuela”.

Entremezclado con las antorchas, que representan “la vida eterna”, es muy frecuente el globo terrestre, otro símbolo masónico que representa “el poder del rey sobre la tierra”. El edil señala que el globo terráqueo es como “el guardián de la tumba”, y aparece también en otros lugares de la ciudad, como en la escalera imperial del Ayuntamiento de Alcázar.

El lagarto marca el camino a la vida eterna

En las hileras de lápidas aparecen obras neogóticas interesantes en escultura, elaboradas por los canteros en un solo bloque de piedra, y existen alegorías curiosas. Uno de los elementos centrales del logotipo elaborado por María de los Ángeles Castellanos con motivo del 150 aniversario del cementerio es un lagarto, que aparece en una de las tumbas, y que representa “la transición a la vida eterna”.

Los motivos vegetales, las guirnaldas y las coronas de yedra, “metáfora del renacimiento”, son muy comunes en las tumbas sin simbología religiosa, muy frecuentes también en la actualidad. Entre ellas está la de un marine americano, y también hay varias de judíos, donde se puede observar la cruz de David.

Otro de los datos más interesantes del cementerio es que nunca ha tenido capilla, como espacio dedicado a los enterramientos civiles. Pablo Pichaco cuenta que en el Franquismo se puso “un pequeño altar en un patio, a la intemperie, que es donde tiene lugar la misa de los difuntos el día 2 de noviembre”. Es la única ceremonia religiosa que tiene a lo largo del año, pues no se permiten los actos para fallecidos en este cementerio.

Masones en La Mancha

Suelo ajedrezado masónico en la entrada del cementerio, recogido por una ilustración de principios del siglo XX de Luis Samper / Lanza

Suelo ajedrezado masónico en la entrada del cementerio, recogido por una ilustración de principios del siglo XX de Luis Samper / Lanza

La llegada del ferrocarril y el desarrollo de la viticultura facilitó la confluencia de diferentes corrientes intelectuales y que acudieran reconocidos masones procedentes de Francia, Alemania, País Vasco o Asturias. La Logia Alces los aglutinaba en torno al antiguo casino a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pero no era la única de toda la provincia, puesto que también existían en Ciudad Real, Valdepeñas o Manzanares.

Los masones de Alcázar, según cuenta Pablo Pichaco, ejercían “profesiones liberales, eran abogados, médicos, notarios y registradores de la propiedad”. Además, eran gente “respetable y respetada”, que demostraban un gran interés “por el conocimiento”. En esta época, el Marqués de Mudela crea muchas bodegas en torno al ferrocarril, existe un “boom” en la compra de terrenos agrícolas y la población se duplica.

A lo largo de 300 años, personalidades que han dirigido el mundo han estado vinculadas a la masonería, como Abraham Lincoln, Napoleón Bonaparte o Winston Churchill. En España, también Manuel Azaña o Alejandro Lerroux, y dicen que en la primera legislatura de la II República ocuparon escaños 151 masones de los 470 que había. Esta hermandad de “libre pensadores”, que conserva ritos medievales y que niega la presencia de mujeres, ha dejado sus huellas por toda España, y mucho en Alcázar.

La simbología pasó desapercibida en el Franquismo

La purga que sufrió la masonería en el Franquismo no acabó con toda la simbología del siglo XIX en el cementerio, de hecho, Pablo Pichaco reconoce que “muchos elementos pasaron desapercibidos”. A grandes rasgos, el camposanto se respetó, pero hicieron un muro entre la zona religiosa y la civil, para aislar esta última. Al volver la democracia, la pared desapareció.

Del Franquismo queda una fosa común de personas fusiladas por creer en la libertad y, junto a ella, está la tumba de un marmolista alcazareño, que según cuenta Pichaco, “al morir pidió dos cosas: que su fosa estuviera mirando a los represaliados y que, por si alguna vez no le llevaban flores, que tuviera un florero hecho de mármol”.

Entre otras curiosidades de este cementerio también contempló “enterramientos de pobres” en una zona delimitada, en la que reposaban durante cinco años los restos antes de pasarlos a un osario común. El concejal recuerda que hasta el siglo XIX era muy común que estos enterramientos se realizaran en el entorno de las iglesias.

Una beca para publicar un compendio del patrimonio funerario

Caminar por el cementerio de Alcázar de San Juan es recorrer la historia de la ciudad, de los canteros y orfebres, de los usos y costumbres alrededor de la muerte. Por ese motivo, el Ayuntamiento organizará charlas, exposiciones y visitas guiadas a lo largo de todo el año con motivo del 150 aniversario.

El “turismo gris”, en torno a elementos patrimoniales que generan terror o que están ligados a sucesos dramáticos, cada vez está más de moda y tiene más seguidores, por lo que en Alcázar quieren sacarle partido. De hecho, en la Noche del Patrimonio las rutas por el cementerio son las más demandadas por visitantes y vecinos de la localidad.

Además, el Ayuntamiento ha convocado una beca de investigación, financiada por empresas relacionadas con el sector, para documentar el sentido patrimonial e histórico de esta instalación de 80.000 metros cuadrados. Pablo Pichaco explica que “el objetivo es hacer una publicación que sirva de compendio de historias, leyendas, epitafios, cuentos y simbología” en este cementerio que “ha sido para todo el mundo, independientemente de las creencias”.