El río Guadiana a través de su curso por la provincia de Ciudad Real y surcarla en dirección Este-Oeste, tras su paso por el puente de Alarcos, una vez que ha sobrepasado el término de Ciudad Real, se adentra por su margen izquierda y baña el término de Poblete, en su lado derecho alcanza una pequeña parte del termino de Alcolea, y corre paralelo a la carretera Cr-4129, que da acceso a la unión de esta, desde el puente de Alarcos, con la Cr-4124 que une Alcolea de Calatrava con Corral de Calatrava. Una vez sobrepasado el cauce por Corral de Calatrava, el Guadiana se adentra en el término de Los Pozuelos de Calatrava.
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Calle «Arroyo»‘, ayer, y calle Cervantes, hoy, en Alcolea de Calatrava (I) -
Calle “Arroyo”, ayer, y calle Cervantes hoy, en Alcolea de Calatrava (II) -
Calle Arroyo, ayer, y calle Cervantes, hoy, en Alcolea de Calatrava (III) -
Calle Arroyo, ayer, y calle Cervantes, hoy, en Alcolea de Calatrava (IV) -
Calle “Arroyo”, ayer, y calle Cervantes hoy, en Alcolea de Calatrava (V) -
Calle Arroyo, ayer, y calle Cervantes, hoy, en Alcolea de Calatrava (VI) -
Calle Arroyo, ayer, y calle Cervantes, hoy,en Alcolea de Calatrava (VII)
Nuestra calle «Arroyo», protagonista de nuestros relatos, ya hicimos referencia que esta constituía un nudo vertebrador del pueblo, arteria de comunicación y desarrollo. Comunicaba en una parte con la carretera de Los Pozuelos, donde entonces, entre otros baños, daba acceso a encontrar el punto más cercano a la zona de estos en el río Guadiana en su margen izquierda, a través de un corto camino.
Este baño, era denominado como «el baño de Alcolea», por ser frecuentado casi en exclusividad por gente de nuestro pueblo, antiguamente poseían una particularidad, la existencia de “baños para hombres y “baño para mujeres”. La gente de Los Pozuelos lo hacía preferentemente en el baño del Martinete.
Resultaba habitual en épocas de baño, su desplazamiento a él en grupos o familias. Para ello, se requería ir con todo lo previsto en cuestión de aprovisionamiento o viandas, cuanto más placenteras mejor. Para las familias ese día era un día grande, y era costumbre preparar el avituallamiento el día anterior, que consistía, principalmente, en la matanza de pollos de corral, que solían estar guisados “al chilindrón”, además de las socorridas tortillas de patatas, con o sin cebolla, y, con o sin pimientos, acompañadas de las ensaladas de verano, elaboradas con productos que las huertas del pueblo comenzaban a dar; sin faltar los aperitivos o «tente en pies» para ir picando.
Al no disponerse entonces de muchos medios de refrigeración, los alimentos y bebidas se conservaban y enfriaban gracias a las barras de hielo, ya que las neveras manuales aparecieron posteriormente. El frescor de las bebidas se hacía mediante capachos o espuertas de goma, que contenían el hielo en barras, que habitualmente, o por encargo, servían al pueblo Asunción Mora y Tomas Prado, en los viajes que hacían a diario para su aprovisionamiento en la fábrica existente en la calle Alarcos n° 25 de Ciudad Real.
El postre consistía, preferentemente, en sandia, al ser una fruta más temprana. Se aprovechaba el rio para ponerlas a refrescar, se hacía mediante una malla o red, y así estarían frescas a la hora de la comida o merienda, pues esta última, también era copiosa, ya que se regresaba al pueblo cenados.
El día se completaba con la pesca de cangrejos, muy habituales entonces en las márgenes del rio, reservándose, más bien, para su guiso y degustación a la hora de la merienda/cena.
También otras familias trataban de adelantar el viaje al sábado, realizaban el viaje en remolques de mulas o tractores, pasando la noche en los ojos del puente bajo la carretera por los que no transcurría el agua, aprovisionados de mantas para resguardarse en la noche, ya que estas no resultaban tan calurosas como en la actualidad, y mucho menos al raso como se solía decir. Otros aprovechaban los días entre semana, generalmente, grupos de amigos, era habitual el desplazarnos en bicicletas, derbis o mobylettes, que ya empezaban a existir.
Posteriormente, este baño al existir más medios de transporte fue decayendo y se reemplazó por el río Bullaque a su paso por la Tabla de la Yedra. El acceso de a este por la Ctra. de los Pozuelos fue vallado por los propietarios del camino, sin oposición de nadie ni reivindicación del paso.
La carretera Cr- 4129 da acceso también a grandes fincas, entresacamos la del Castillejoso Chaparral, la primera propiedad entonces de Don Jacinto del Campo Garrote, y la segunda de su hermano Emilio, dichas fincas proporcionaban trabajo a gente del pueblo e incluso hubo matrimonios que permanecían en ellas en casas habilitadas a tal fin. Los propietarios de estas fincas, al igual que el de Motilla Fermín García Paris, era habitual que asistieran, cuando permanecían en ellas, a misa de los sábados tarde/noche en nuestra iglesia. En la margen derecha se encontraba la finca de Checa, aún con mayor extensión que las dos anteriores, y contaba, incluso, con escuela, al cargo de una maestra, en algunos años fue ocupado el puesto por DoñaJosefina de Diego, esposa de Don Mauro Gallego Arroba, médico que llegó al pueblo sustituyendo a Don Severino Corrales Ferrat, natural de Barbastro (Huesca,) llegó a nuestro pueblo en el año 1.919 y ejerció su actividad ininterrumpidamente hasta su fallecimiento el 24 de enero de 1.962.
Don Severino junto con doña Julia Coello Gallardo farmacéutica y don Fermín Bermejo Díaz practicante, formaron durante muchos años el equipo sanitario del pueblo, sin olvidad la parte veterinaria, pues será objeto de mención en próximo relato.
Era habitual desplazarse por esa carretera la festividad de su Patrona santa Quiteria, que se celebraba el 22 de mayo, para participar en su procesión, pues había mujeres del pueblo que tenían gran devoción, e incluso le habían ofrecido algunas promesas. Ese día también correspondía con la onomástica de santa Rita, patrona de mi profesión hasta mi jubilación, al igual que lo era san Mateo. Recuerdo asistir algún año en compañía de mi madre, vecinas y amigas de la calle.
Las fiestas de Piedrabuena se celebraban entre los días 13 al 18 de septiembre, al igual que ahora. Comenzaban con la víspera, inauguración con fuegos artificiales en la explanada situada a la entrada de la carretera y en el jardinillo. Representaban un acontecimiento idóneo, en parte por la cercanía y posibilidad que entonces se disponían, para desplazarse a ellas, constituyendo un motivo de asueto para pasar un día, o días, según preferencias de cada uno, solos o acompañados de familiares.
EI segundo día era el señalado como el más grande por ser el día del patrón, el Cristo de la Antigua, y a cuya procesión se desplazaba cantidad de gente, acompañando o siguiendo al Cristo ya que según la tradición una parte de la imagen fue hallada por la alcoleana María Peñasco.
El día dieciséis se celebraba la tradicional novillada o corrida de toros, en algunas ocasiones con figuras del toreo de renombre o puestos destacados en el escalafón taurino.
El día de la charlotada, y esta si era motivo para ir en familia, era la ocasión para que disfrutaran los jóvenes, tal era mi caso, este día acompañaba a mi padre junto a un hermano. Este acontecimiento taurino era muy esperado por nosotros y por la gente de nuestra edad, ya que suponía el único día del año en que podíamos salir de nuestra localidad para un asunto festivo. A esto se unía la expectación que generaba y el ambiente que en ella se disfrutaba.
Los jóvenes del pueblo, así más mayorcillos, iban por su cuenta como se lo tenían que pagar ellos, iban a entradas de sol algo más baratas.
Un año allí estaba mi primo Jaime en el tendido de sol, sin que nosotros lo hubiéramos visto antes, ni tampoco supiéramos que iría.
Tanto en el día de la novillada y charlotada, en el descanso, que también se aprovechaba para merendar, se efectuaban unas rifas que previamente la empresa vendía con unas tiras de números para su sorteo, y así hacer frente a los gastos de los espectáculos y engrosar su recaudación.
Ese año los premios fueron tres, el tercero un jamón, el segundo mil pesetas y el primero dos mil pesetas.
Con mi padre íbamos a tendido de sombra, claro para un día que se nos llevaban a algún sitio. Y justamente enfrente estaba el de sol, los números premiados en el sorteo se anunciaban en una tablilla en el centro de la plaza, que daban vueltas sobre los tendidos para ser visualizados por todos los espectadores.
El número primero anunciado pertenecía al jamón, el segundo a las mil pesetas. Y sorpresa para nosotros, quien se levanta muy contento y aireando las tirillas con el número premiado, pues siiii, es nuestro primo Jaime.
Quedando aún por dar a conocer el ganador del primer premio las dos mil pesetas, y sorpresa igualmente, ya que este lo tenía mi padre. Con lo cual él también nos visualizó a nosotros desde enfrente. Después de recoger estos, al terminar cada espectáculo, en las zonas de taquillas.
Y allí coincidimos con él después de recoger los premios, mi padre le dijo:
“las mil pesetas me las das a mí, que si tú has venido tendrás más dinero si te quieres ir ahora a la feria o de juerga, no sea que las pierdas. Que yo se las daré a tu madre para que te las guarde”.
Luego mi padre nos llevó a dar una vuelta por los puestos de la feria para comprar algún turrón o dulce, en este sentido él siempre fue algo goloso, o visitar algún pariente o parienta, como él decía, mi tía Victoriana y mi tío Zacarías, tenían bastante familia allí, al igualque él, aunque algo lejana, entonces se guardaba algún tipo de relación.
En mi casa era habitual que hablara de los parientes o parientas de Piedrabuena. Esto estaba motivado porque su abuela era de Piedrabuena, Nieves Velasco, por tanto, también mi quinto apellido.
Ni que decir tiene, que parte de estos viajes relatados, tanto a Los Pozuelos como a Piedrabuena, se hacían de esta manera al no disponerse de muchos vehículos particulares.
Allí estaban con sus viajes discrecionales los taxistas del pueblo: Antonio Gómez y Ausencio Morales, cubriendo estos trayectos, siempre que no fueran a unas horas muy intempestivas, como eran las salidas de los bailes o verbenas, que se realizaban a altas horas de la madrugada. Por esto, algunos jóvenes se veían obligados a realizar el camino de vuelta a pie, según hubieran llevado la noche.
Y calle «Arroyo» arriba y calle «Arroyo» abajo.
Índice de nombres para relato O9
Andrade, Félix (2)
Andrade, Julia
Andrade, Julián (6)
Andrade, Victoriana (2)
Andrade, Zacarías (padre)
Andrade, Zacarías
Bermejo, Fermín
Biblioteca Pública del Estado Ciudad Real
Campo, Emilio del
Campo, Jacinto del
Coello, Julia
Corrales, Severino (2)
Cristo de la Antigua
Diego, Josefina de
Gallego, Mauro
García, Fermín
Gómez, Antonio
Hierro, Jaime del (5)
Mora, Asunción
Morales, Ausencio
Peñasco, María
Piedrabuena cien años de toros
Plaza, Juliana
Prado, Tomas
Mateo, San
Quiteria, Santa
Rita, Santa
Velasco, Nieves
Agradecimientos por información contrastada
Andrade Bellón, María
Bermejo Sierra, Isidra
Biblioteca pública de Ciudad Real
Jiménez, Esteban
García Monsalve, Fermín
Hierro Andrade, Jaime del
Antes de su fallecimiento +
Roma Gómez, Víctor
Agradecer igualmente dentro de este relato (IX) y mediada ya esta parte de calle «Arroyo pero arriba» la inestimable labor que me han prestado desde el primer momento, que emprendí esta labor, los monitores del PID de Alcolea Julio y Roberto, así como en la parte correspondiente a María Jesús y Andrés.
