La vacuna que investiga el ciudarrealeño Pedro Alcolea será 100% española y podría salvar al tercer mundo porque no necesita frío

Julia Yébenes Ciudad Real
Pedro Alcolea, delante del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, del CSIC, en Madrid / Lanza

Pedro Alcolea, delante del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, del CSIC, en Madrid / Lanza

El científico socuellamino explica en esta entrevista los avances del proyecto que colidera en un equipo del CSIC. Están terminando la fase preclínica, con el objetivo de que la vacuna de ADN se apruebe y comercialice a lo largo de este 2021

Pedro Alcolea, el investigador del CSIC de origen socuellamino que colidera el desarrollo de una de las vacunas españolas contra el coronavirus, comenta los avances del proyecto a unos meses de finalizar. Desde el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, Alcolea destaca la importancia de la inmunización contra el SARS-CoV-2, en su caso con una vacuna de ADN, construida a partir de la tecnología de otra contra la leishmaniasis canina, que también encabezó.

Consiste en inyectar en las células un gen que lleva una proteína del virus transportado en una molécula de ADN que provoca que el sistema inmune reaccione al detectar esta información como una amenaza. De esta manera, el organismo de una persona vacunada se defenderá cuando el virus real trate de actuar.

Tras ocho meses de intenso trabajo, Alcolea sigue entregado al proyecto de manera entusiasta, en medio de la  tristeza que siente por la precariedad que vive el colectivo investigador en España. Su caso es un ejemplo notorio: es químico, biólogo, doctor en Bioquímica y Biología Molecular, además de atesorar un envidiable currículum de varios folios, pero apenas supera en 600 euros el SMI. “La investigación en España agoniza”, sostiene Alcolea, quien ni siquiera confía en la mejora de la valoración social de un trabajo que salva vidas y acaba con las pandemias. “Será probablemente flor de un día”, opina, porque “tenemos la memoria muy corta en muchos aspectos, y no tendría por qué ser diferente en este caso”.

PREGUNTA: En qué fase de la investigación se encuentra la vacuna de ADN que encabeza? ¿Qué avances han registrado?

RESPUESTA: Tras la selección de uno de los ocho candidatos vacunales que construimos durante el verano pasado, actualmente estamos en la fase preclínica concluyendo los ensayos de eficacia frente al desafío del SARS-CoV-2 en dos modelos animales, en los que evaluamos no sólo la respuesta inmunitaria, sino la pérdida de peso, la carga viral y la anatomía patológica. Por un lado, hemos cerrado los experimentos con ratones transgénicos que contienen el receptor humano del virus y, por otro, estamos terminando los estudios con hámsteres sirios. Los dos son buenos modelos experimentales y los hemos desarrollado en el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA) del Instituto Nacional de Investigación Agraria y Alimentaria (INIA), en colaboración con el grupo de la doctora Noemí Sevilla. Los resultados obtenidos son prometedores. En los experimentos con ratones de laboratorio convencionales hemos observado buenos niveles de producción de anticuerpos específicos y de activación celular inducidos por el candidato vacunal seleccionado. En el primer ensayo con ratones transgénicos hemos observado buenos niveles de protección, por lo que ya podemos hablar de vacuna. Nos disponemos a ensayar otra vía de administración en hámsteres para intentar mejorar la protección y conseguir una inmunidad esterilizante, es decir, que no sólo impida el avance de la enfermedad en el paciente, sino también la transmisión. Si estos experimentos salen bien y demostramos que la vacuna presenta un buen nivel de protección frente a la infección, entonces ya podríamos solicitar la autorización para pasar a la fase clínica. Es decir, lo que hemos hecho hasta ahora es diseñar varias construcciones de vacuna, luego hemos estudiado la respuesta inmunitaria y ahora lo que estamos evaluando es la protección.

P.- ¿Cuál es la planificación de las fases de la vacuna? ¿Cuándo empezarán las pruebas en humanos?

R.- Actualmente, llevamos un retraso de dos meses respecto de la fecha prevista en la fase preclínica, por lo que solicitaremos el permiso a la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AGEMED) durante el mes de febrero para iniciar la fase en caso de que sea otorgado. Tenemos previsto el desarrollo de las tres fases clínicas necesarias para la aprobación y comercialización de la vacuna a lo largo de este 2021. Hay que recordar que en la actual situación de emergencia sanitaria, están permitiendo desarrollar las fases I y II simultáneamente.

P.- ¿Ha contactado su equipo con algún grupo para la comercialización de la vacuna contra la Covid-19, al igual que hicieron con la de la leishmaniasis en perros?

R.- Trabajamos con el Grupo Zendal, con sede en O Porriño (Pontevedra), para que produzca y comercialice nuestra vacuna, en caso de tener éxito en las fases que nos quedan y de recibir la autorización de la AGEMED. Es el mismo grupo que producirá la vacuna de la leishmaniasis canina, actualmente en fase de registro en la agencia. Podría estar disponible en el mercado en el segundo trimestre de este año.

P.- ¿Puede recordar ventajas de su vacuna respecto a las de otras tecnologías?

R.- Nuestra vacuna será fácil de producir, pues se trata de una molécula sintética de ADN plasmídico que se obtiene a partir de cultivos bacterianos. Es muy segura e inofensiva, tal y como comprobamos con la canina utilizando el mismo vector patentado. Y una de sus grandes ventajas es que no requiere el mantenimiento de la cadena de frío, pues se puede almacenar y distribuir a temperatura ambiente. Esto permitiría su distribución en los países más desfavorecidos. Si todo sale bien, podremos disponer de esta vacuna desarrollada y fabricada íntegramente en España, gracias a nuestra colaboración con el Grupo Zendal. Así no dependeremos del exterior para conseguir vacunas.

P.- Su producción se sumaría a las que están ya en el mercado -Pfizer o Moderna- para alcanzar una erradicación general del virus?

R.- Por supuesto, teniendo en cuenta las ventajas que he comentado. En mi opinión, serán necesarias varias vacunas que tengan diferentes mecanismos de acción y logística de distribución para poder llegar a la mayor parte de los habitantes del planeta y así poder erradicar la pandemia.

P.- Como investigador experto en vacunas, ¿qué valoración hace de los estudios, como el publicado en la revista ‘PLOS Biology’, que hablan de la resistencia de los virus a las vacunas y cuestionan su eficacia?. ¿Y de la nueva cepa británica del SARS-CoV-2?

R.- Los virus tienen tasas de replicación muy altas y, al no disponer de mecanismos de reparación propios, las tasas de mutación son elevadas. Sólo aquellas mutaciones que proporcionen alguna ventaja al virus en cuanto a su replicación, propagación y evasión del sistema inmunitario quedarán fijadas, dando lugar a una nueva estirpe del virus que prevalecerá sobre otras. Un ejemplo muy conocido es el virus de la gripe estacional, con sus diferentes variantes. Tal y como se afirma en el artículo de PLOS Biology, las estirpes que repliquen mejor pero que sean menos virulentas prevalecerán en el tiempo. Efectivamente, podría darse la circunstancia de que alguna mutación haga al virus lo suficientemente diferente como para que la memoria inmunológica que induzcan las vacunas quede invalidada. Todas las vacunas que se están desarrollando frente al coronavirus están utilizando el antígeno S como molécula inmunogénica. A diferencia de otras regiones del genoma del virus, la que codifica esta proteína está más conservada, es decir, se ha observado que es menos susceptible de mutación, por lo que soy más optimista que los autores del artículo. No obstante, es cierto que hay que permanecer vigilantes comprobando si las mutaciones que van surgiendo, como las de la cepa que ha surgido en Reino Unido recientemente, pueden afectar a las vacunas. Curiosamente, la mayor parte de las 17 mutaciones descritas en esta cepa aparecen en la proteína S, por lo que estamos estudiándolo en estos momentos. Afortunadamente, nuestra vacuna de ADN es lo suficientemente sencilla como para modificarla con gran celeridad. Sólo tendríamos que cambiar unos pocos nucleótidos de la secuencia.

P.- ¿Podría desarrollarse inmunidad frente al Covid de por vida?

R.- Es imposible saberlo con certeza, pero es muy probable que no. Ya hay datos que indican que se pueden producir reinfecciones en algunos casos y que los anticuerpos frente al virus desaparecen en pacientes que han superado la enfermedad, incluso a las pocas semanas. Además, se está observando que la inmunidad celular tiene más importancia de lo que se pensaba al principio, por lo que no sólo tenemos que centrarnos en la presencia de anticuerpos neutralizantes. Algunas vacunas podrían dar lugar a una memoria inmunológica que prolongue la inmunidad durante mucho más tiempo, pero está por ver. No se ha dispuesto del tiempo que requiere evaluar la duración de la inmunidad. Estos estudios permitirían determinar con qué frecuencia habría que administrar la vacuna.

P.- ¿Y qué opina del plan de vacunación en España? ¿Y de la previsión de alcanzar en verano la inmunidad de grupo con la distribución de 350.000 dosis por semana de la vacuna de Pfizer?

R.- Los números no cuadran. Si en España hay unos 47 millones de habitantes y la inmunidad de grupo se alcanza con aproximadamente el 70% de la población protegida con dos inoculaciones por persona, serían necesarias 63 millones de dosis. Si se mantiene un suministro de 350.000 dosis por semana, se necesitarán tres años y medio para poder alcanzar ese objetivo. Pero soy aún más pesimista. Ya sabemos que las vacunas no tienen una efectividad del 100%, y además desconocemos la duración de la inmunidad. Por todo ello, podrían hacer falta muchas más dosis aún. Cuando las vacunas de Moderna y de AstraZeneca se sumen a la de Pfizer, esto podría mejorar, pero esto da una idea del reto al que nos enfrentamos. Estamos convencidos de que necesitamos cuantas más vacunas mejor, y si conseguimos pronto las españolas será aún mucho más positivo, porque no dependeremos del exterior.

P.- Como científico ‘maltratado’ por el sistema, ¿cree que la ciudadanía ha empezado a valorar más a los investigadores, que están demostrando que salvan vidas?

R.- La investigación es una profesión muy vocacional, una carrera de obstáculos que requiere mucho esfuerzo y mucha paciencia, y que está muy mal remunerada. Así, en nuestro laboratorio trabajamos con productos químicos peligrosos, con radiactividad, con centrífugas, con microorganismos infecciosos, y el riesgo que entraña nuestro trabajo no está reconocido en nuestro salario. Una vez que se dispone del título de doctor, hay que elegir entre emigrar, encadenar contratos postdoctorales precarios o, aprobar oposiciones en las escalas técnicas, como es mi caso, e intentar llegar algún día a obtener por concurso una plaza de científico titular. Aún estoy lejos de conseguirlo con un título de doctor, trabajo post-doctoral en Seattle, la licenciatura en Biología, el grado en Química, dos oposiciones aprobadas, decenas de publicaciones y de comunicaciones a congresos nacionales e internacionales, cuatro tesis doctorales dirigidas, una docena de proyectos de investigación, una patente internacional del plásmido que estamos utilizando en la vacuna, docencia en máster universitarios, participación en comités científicos y otros méritos. Dudo mucho que sea posible. Las plazas se convocan con perfiles muy concretos.

La investigación agoniza en España porque no sólo no se hace una apuesta decidida, sino que se dedican a ella cada vez menos fondos. La supuesta mejora de la valoración a los científicos por parte de la sociedad es probablemente flor de un día. Tenemos la memoria muy corta en muchos aspectos, y no tendría por qué ser diferente en este caso. La mayor parte de los doctores en disciplinas científicas que desean continuar con la investigación se tienen que marchar ante un futuro aciago, y la mayor parte no encontrará su sitio en ningún laboratorio. Es lo que se viene denominando fuga de talentos. Se dedican muchísimos recursos a formar a las personas en la universidad, pero luego buena parte del talento se pierde en pro de otros países. Una de las causas es la diferencia entre los ritmos de la investigación y los de la política. La primera se desarrolla a medio y largo plazo, mientras que la segunda cambia con gran celeridad y rehúye la complejidad y la objetividad, totalmente ausentes en la propaganda. Los políticos ignoran la investigación porque buena parte de la sociedad española la ignora y otra parte importante, incluyendo muchos altos funcionarios, considera que perdemos el tiempo y gastamos fondos públicos de forma superflua, como si fuésemos unos delincuentes. Eso explica la asfixiante burocracia a la que estamos sometidos.

Hace falta mucha más divulgación científica para que los españoles perciban la gran importancia que tiene la investigación y su dificultad y complejidad. Los avances científicos permiten solucionar, después de un tiempo más o menos prolongado de dedicación con gran esfuerzo, problemas gravísimos que afronta la sociedad como esta pandemia, además de que están detrás innumerables aspectos de nuestra vida, como los avances tecnológicos de los que disfrutamos a diario, los tratamientos médicos, los avances en seguridad alimentaria, la erradicación de plagas, el abordaje de los problemas ambientales, los avances en los medios de transporte, los descubrimientos históricos, el conocimiento y la promoción de nuestra cultura, entre otros.