La devoción vuelve a vencer al frío un año más en el barrio de El Calvario, custodio de la memoria minera de la localidad, que estos días, desde el primero de diciembre, se ha vestido de gala para acoger los cultos y festejos en honor a Santa Bárbara.
Unas celebraciones que este año trasciende lo habitual a toda la población, por cuanto se está a la espera del reconocimiento institucional oficial que la Diputación de Ciudad Real otorgará a estas celebraciones de invierno, donde las luminarias son seña de identidad.
Los actos han culminado hoy con la solemne función en honor a la santa, si bien su imagen no ha podido salir finalmente en procesión por las calles de alrededor de su ermita, debido a los desapacible de una mañana de ventiscas y lluvia, leve pero intermitente.
El punto álgido fue anoche la tradicional candelaria que vuelve a iniciar el ciclo, procurando calor no solo para el cuerpo de los numerosos asistentes, sino también para el espíritu de un pueblo que cuida legados tan queridos como éste.
Desde la prudencia, Lidia Paz, concejala de Tradiciones, se muestra confiada en que dentro de poco la Diputación de Ciudad Real dé luz verde al reconocimiento del ciclo de Candelarias, cuya solicitud trasladaba el Consistorio meses atrás de parte de los barrios que alumbran esta tradición.
Hasta entonces, “sí tengo que agradecer la labor por la memoria presentada y a todas las personas que lo han hecho posible”, señalaba Paz, destacando que este distintivo dará un impulso institucional al fomentar este tipo de vivencias tan propias de Almodóvar.
Uno de los momentos más emotivos de la noche de vísperas fue el cortejo de encendido que, como explicaba Álvaro Tello, presidente de la Hermandad de Santa Bárbara, guarda un simbolismo con la historia.
“Es un recuerdo a esa procesión que hacían los mineros con sus carburas encendidas, incluso antes de tener la imagen actual de la santa, que iluminaban la noche”, al igual que sucedía ayer con quienes formaron el séquito que portaba las teas encendidas.
Ese vínculo con la minería es el alma de la fiesta y fray Javier de María, quien ha presidido los actos religiosos de estos días, recordaba que la devoción en la zona es ancestral debido a las minas de San Quintín y Puertollano.
“Santa Bárbara siempre estaba ahí para proteger a quienes bajaban al pozo de una posible muerte repentina”, explicaba el carmelita, quien también tuvo palabras de recuerdo para los vecinos fallecidos este año, mencionando con emoción a su propia familia y a aquellos que “nos han legado esta fe”.
Sobre las nueve menos cuarto de la noche se prendía por tanto la leña en la zona habitual, donde con la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Rescatado, y bajo un renovado alumbrado festivo, empezaba a calentarse un ambiente de fría temperatura.
Como caracteriza el resto de barrios con candelarias, esta fiesta no sería posible sin el papel vecinal, como refería Noelia Guarnizo, vecina y concejala, destacando que todos el vecindario del Calvario “hemos decidido adornar el barrio, encendiendo nuestras propias luces como señal de fiesta”.
El resultado fue de nuevo un entorno acogedor donde, tras la misa de vísperas, numeroso almodovareños disfrutaron de la limoná, los aperitivos y los fuegos artificiales, en una convivencia intergeneracional que es también marca de identidad de estas celebraciones.
De cara al futuro, la Hermandad de Santa Bárbara tiene entre sus objetivos fundamentales la conservación de la ermita, confirmando Álvaro Tello que, tras años de gestiones, “por fin ha llegado el permiso necesario para la restauración del tejado”.
Se trata de una obra vital, apoyada también por el Ayuntamiento almodovareño, para asegurar la pervivencia de este templo barroco, considerado una de las joyas “más coquetas” del patrimonio local.
