“Si no llego a llevar el escudo el disparo me hubiera dejado sin pierna”

Belén Rodríguez Ciudad Real
El cabo primero José Antonio Martín (izq) y el guardia Manuel Antonio Gutiérrez serán condedorados este año en el Pilar por su actuación en el titoreo de Argamasilla de Calatrava en 2016 / Clara Manzano

El cabo primero José Antonio Martín (izq) y el guardia Manuel Antonio Gutiérrez serán condedorados este año en el Pilar por su actuación en el titoreo de Argamasilla de Calatrava en 2016 / Clara Manzano

Los dos guardias civiles de la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic) tiroteados en un registro en Argamasilla de Calatrava reciben este 12 de octubre la Cruz al Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo. Su sangre fría y la de otros cinco agentes evitó que aquella operación terminara en masacre. “Todos los compañeros que estuvieron allí y no tienen medalla tienen el mismo mérito que nosotros”, aseguran

Dos años después de salvar la vida tras haber sido tiroteados con una escopeta de caza en una entrada y registro en una vivienda de Argamasilla de Calatrava, el cabo primero de la Guardia Civil José Antonio Martín Fernández y su compañero el guardia Manuel Antonio Gutiérrez Pozuelo recibirán este viernes 12 de octubre en Ciudad Real la Cruz al Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo (pensionada), que les convierte en protagonistas de la jornada.

Reaccionar a un disparo no se entrena

¿Su mérito?, sobreponerse a un ataque sorpresivo, casi a bocajarro con una escopeta de caza del dueño de la casa, y haber evitado una masacre, algo “que no se entrena en una academia, hay que vivirlo para saber cómo vas a reaccionar”, explican en esta entrevista para Lanzadigital.com.

El mismo mérito que sus compañeros

“Todos los compañeros de la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic) que estuvieron allí y no han recibido la medalla tienen el mismo mérito que nosotros; todos sufrimos, incluso el capitán de policía judicial que estuvo pendiente de nosotros”, agregan.

Claro que ellos fueron los dos primeros en entrar aquel 4 de agosto de 2016 en la casa de la calle Cantarranas de Argamasilla de Calatrava, hogar de una familia gitana enfrentada a otra de Puertollano. Iban a asegurar un registro de la Policía Judicial que buscaba armas para frenar la escalada de violencia entre las familias rivales y por poco lo cuentan.

Pero de esto último son conscientes ahora, por eso rebaten las críticas que se hicieron en su momento de que no llevaban el equipo adecuado. Sobre esto interviene el cabo Martín Fernández que “paró” los dos cartuchos con su escudo reglamentario: “Si no hubiéramos llevado el equipo adecuado no estaríamos aquí. Si no llegó a llevar el escudo a mí el disparo me hubiera dejado sin pierna”, afirma.

La pericia de este equipo de la Usecic, que pese al “accidente” logró detener al autor de los disparos (lo hirieron de carácter leve), que ningún menor ni el resto de personas que vivían en la casa sufriera daños, y hacerse con la escopeta y un rifle, les ha hecho acreedores de un premio que según el guardia Manuel Antonio Gutiérrez les hace ilusión no por la gratificación económica, “sino porque  reconozcan que hicimos bien nuestro trabajo y que hayan visto que todo salió de forma profesional y correcta”.

Derrocharon tanta adrenalina aquella mañana que el cabo ni se dio cuenta de que tenía perdigonazos en una pierna hasta cuando terminaron la intervención. “Notaba tirantez y dolor pero fue al acompañar a mi compañero a la ambulancia, al decirme que me quitara los pantalones, cuando me di cuenta de los impactos en la pierna”, explica.

El guardia Manuel Antonio Gutiérrez, que también fue alcanzado por los perdigones, participó en la persecución posterior por los tejados del autor de los tiros, Antonio G.R (fue a esta agente al que se entregó). “En esos momentos no te das ni cuenta, no estás pensando ¡uy!, que me han herido, sino en lo que hará esa persona a continuación y en lo que tienes que hacer para impedir que siga disparando”, tercia el cabo José Antonio Martín.

El guardia de Daimiel Manuel Antonio Gutiérrez lleva 30 años en la Guardia Civil, diez en la Unidad de Seguridad Ciudadana / Clara Manzano

El guardia de Daimiel Manuel Antonio Gutiérrez lleva 30 años en la Guardia Civil, diez en la Unidad de Seguridad Ciudadana / Clara Manzano

Sólo miedo al fracaso

Estos dos guardias civiles, con casi treinta años de servicio en el Instituto Armado, y seis (en el caso del cabo) y diez (el guardia) en la Usecic, la unidad de respuesta rápida de la Guardia Civil, ni siquiera sintieron miedo, “todo lo contrario la adrenalina te envalentona más, lo que te asusta es el miedo al fracaso, a no hacer bien tu trabajo”.

“Se solucionó lo mejor que se pudo”, añade el cabo, “¿qué podía haber intervenido una unidad más especializada?, pues también, claro que no es normal que en un registro de este tipo, no estábamos persiguiendo a terroristas, alguien reaccione así”.

De la intervención de la calle Cantarranas, de la que la Guardia Civil difundió un video que se analiza en las academias, incluso en los equipos de élite, estos dos guardias vocacionales dicen que han salido reforzados.

“Este incidente nos ha marcado para mejor. Ya sabíamos cosas, pero a raíz de esto hemos entrenado más situaciones y escenarios para mejorar y no repetir lo que pudimos hacer mal. A otras unidades de la Usecic les ha venido bien nuestra experiencia, incluso los GRS (antidisturbios) y la UEI (Unidad Especial de Intervención) han estudiado el video”.

El cabo primero José Antonio Martín, de Valdepeñas, lleva 27 años en la Guardia Civil, seis de ellos en la Usecic / Clara Manzano

El cabo primero José Antonio Martín, de Valdepeñas, lleva 27 años en la Guardia Civil, seis de ellos en la Usecic / Clara Manzano

Los tiroteos frecuentes, solo en las películas

“No a todo el mundo se le da la situación que vivimos nosotros. El cine ha banalizado la violencia, la gente piensa que te disparan cada dos por tres y no es así, aunque seas Guardia Civil, esto que hemos vivido nosotros hay compañeros que se jubilarán, pasarán a la reserva y no les habrá pasado”.

El 4 de agosto de 2016, a las 8.50 de la mañana, un operativo de la Guardia Civil de la comandancia de Ciudad Real formado por ocho agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic), más personal de Policía Judicial e Información, rompieron la puerta y entraron en una casa de la calle Cantarranas de Argamasilla de Calatrava para garantizar la seguridad de un registro (simultáneamente se hizo la misma operación en otra vivienda de Puertollano, buscaban armas, pero no a personas que les disparasen a ellos).

Lo cuenta el cabo Martín Fernández: “El  operativo estaba bien organizado, el jefe lo tenía planeado de tal manera que éramos ocho agentes de nuestra unidad, más personal de Policía Judicial e Información, lo normal en este tipo de dispositivos, con el material adecuado: escudos antibala, cascos antibala y pantallas antibala. Los más protegidos con escudo y casco éramos yo y mi compañero, primero y segundo en entrar a la casa ese día. Siempre los más protegidos son los primeros, que son los que abren el paso”, remarca.

En esta parte del relato el cabo hace un paréntesis, “entrar  en una casa siempre es complejo, la reacción primera puede ser violenta, de hecho lo es. La gente no espera que entren en su domicilio, a veces reaccionan de forma violenta, cogen un cuchillo o lo primero que pillan, pero al decirles ¡Guardia Civil! y vernos deponen su actitud, lo que no es normal es que disparen”. Que es lo que pasó en Cantarranas.

“Creo que me han dado en la pierna”

En el video que difundió el Ministerio del Interior de este caso se ve perfectamente cómo los agentes de la Usecic abren la puerta, entran en la casa y empieza a gritar: ¡Guardia Civil, Guardia Civil!, “para que se sepa que quiénes somos”, aclaran, sólo que esta vez el dueño de la casa, que estaba sentado en el comedor viendo la tele, respondió con dos disparos que los dos primeros guardias –los condecorados- repelieron con los escudos.

En el video se oye perfectamente como alguien suelta un espontáneo “hostia” al oír los tiros, a los que el grupo responde disparando con sus armas reglamentarias, segundos después se escucha un “yo creo que han dado en una pierna”, a la pregunta de ¿hay alguien herido?, es el guardia Manuel Antonio Gutiérrez.

“Improvisar de esa manera es muy difícil y más porque estábamos heridos, sientes el dolor, lo que hicimos fue refugiar a la gente en las habitaciones colaterales que había, sacar a los menores de la casa y a las hijas del autor de los tiros, e intentar detenerlo a él. Se fue avanzando progresivamente para convencerle de que se entregara”, explica Gutiérrez.

“Fuimos progresando hasta que llegamos a la última habitación en la que había una niña de corta edad escondida en un armario. En ese momento nos dijeron que se había ido por el tejado. Yo concretamente me cole por el patio de un vecino y lo encontré escondido por allí. Cuando me vio en el tejado escondió la escopeta, me fui a por a él y se entregó”.

“El resumen es que los entrenamientos sirven para algo, ese día estábamos muy coordinados y pese a las heridas salió bien la operación”, añaden.

Los guardias también tienen palabras de agradecimiento para el jefe de la comandancia de Ciudad Real, el teniente coronel Humberto Urruchi, “que nos dio su apoyo desde el primer momento, incluso estuvo con todos nosotros en el hospital, tanto él como el comandante Coca como el subdelegado se portaron fenomenal, y es de agradecer”.

El año pasado estuvieron en Cataluña

Para estos dos agentes la fiesta del Pilar de este año también especial por otro motivo, el año pasado no estaban para celebraciones puesto que su unidad fue movilizada para intervenir en el referéndum ilegal por la independencia de Cataluña convocado por la Generalitat, otra experiencia que también les ha curtido como guardias.

“Íbamos para quince días, para el 1-O y poco más y al final estuvimos casi tres meses”, explican. “Fue desagradable pero como unidad nos ha venido muy bien en el sentido de saber aguantar y actuar cuando lo vimos más necesario, procurando hacer el menor daño posible a los manifestantes y creo que se consiguió”.

Casi treinta años en la Guardia Civil

El cabo primero José Antonio Martín Fernández, natural de Valdepeñas, lleva 27 años en la Guardia Civil. Es hijo del cuerpo, siempre le gustó la profesión de su padre por eso se hizo guardia civil. Tras dedicarse mucho tiempo a la seguridad ciudadana cuando la Guardia Civil creó las Unidades de Seguridad Ciudadana, Usecic, pidió la plaza, sabía cómo funcionaba la unidad, especializada en registros, controles, intervenciones en altercados, orden público y apoyo a la Policía Judicial. Su ámbito de actuación es provincial pero también son requeridos para servicios exteriores como unidad de respuesta rápida a problemas de seguridad.

“Esta unidad hace un servicio diferente al que haces en un puesto normal, para mí suponía un cambio de ritmo de servicio”, afirma.

Manuel Antonio Gutiérrez Pozuelo, el guardia que será condecorado hoy es de Daimiel y lleva  treinta años en el cuerpo, los últimos diez en la Unidad de Seguridad Ciudadana. “Empecé muy joven, hice la mili de auxiliar en la Guardia Civil y con 18 ingresé”. “Este tipo de servicio de la Usecic a mí particularmente me gusta mucho, es diferente a lo que se hace en un puesto”.

Sin fecha de juicio

El juicio por el tiroteo de Armamasilla de Calatrava todavía no se ha celebrado. El autor de los disparos, que se enfrentará a una abultada petición de pena por varios delitos de homicidio (hirió a siete guardias, dos de ellos los condecorados), quedó en libertad provisional por esta causa pero fue detenido hace unos meses por su  implicación en otro hecho delictivo.