Baudilio Arias (Alcázar de San Juan), ha llevado al extremo el sacrificio por un hijo. El suyo, David, ahora de 25 años, nació con una hidronefrosis bilateral que le detectaron en el vientre materno. Con un riñón perdido y el otro tocado, a los 8 años su hijo recibió su primer trasplante, y a los 12 el segundo. Hace dos años el donante de su tercer trasplante fue su padre, Baudilio, la “mejor decisión de mi vida», dice, por la que no se siente un héroe, sino un privilegiado.
“He tenido el privilegio de donarle un riñón a mi hijo. Creo que cualquier persona en mi situación, que ve a un hijo, hermano o familiar condenado a morir, haría lo mismo”, asegura.
Lo complicado, según cuenta en esta entrevista para Lanza, ha sido poder donar, algo que no siempre es posible, por mucha voluntad que se tenga. Lo intentó por primera vez cuando David recibió el segundo trasplante. Su hijo pasaba diez horas al día conectado a una máquina de diálisis peritoneal, pero no pudo hacerlo por su sobrepeso: 130 kilos.
En esa época David no había llegado a la insuficiencia renal completa, estaba en lista de espera para un trasplante de un donante fallecido, y llegó el órgano. Pero ya entonces los médicos le comentaron tanto a él como a su mujer que se preparan para el futuro, por sí su hijo volvía a necesitarlo; y así ha sido.
Se sometió primero a un baypass gástrico para donar
Arias, de la mano “de un buen equipo médico que te dice si puedes o no puedes hacerlo”, se sometió a un baypass gástrico, perdió cincuenta kilos, y se esmeró en cuidarse.
“Al final normalizas la enfermedad”. En su casa las comidas son siempre con poca sal, cuidan el potasio que ingieren, y se alimentan de forma saludable. “Lo más exigente después de ser trasplantado son los horarios con la medicación, que mantienen el órgano sin rechazo. Es importante tomar la medicación a las horas pautadas, no fallar”.
Antes del trasplante, el que ha permitido que su hijo retome sus estudios, un trabajo, “y haga una vida normal”, pasó por un año de pruebas. No basta tener la voluntad de donar, sino superar los exámenes, tanto físicos como psicológicos
Tanto a él como a su mujer los examinó un equipo multidisciplinar en Toledo (el trasplante fue en el Hospital 12 de Octubre, de Madrid, referente para Ciudad Real en trasplantes renales) y el padre resultó más compatible. Ya lo tenían todo aprobado cuando tuvieron que superar la evaluación psicológica, “casi las que más temidas, para las otras te puede preparar”, comenta. Aprobó, y en 2023 padre e hijo “pasaron por el quirófano”.
Un juez tiene que autorizar la donación
El último paso previo a la donación es que lo autorice un juez, que da un tiempo de reflexión. El postoperatorio en sí tras la operación que les ha cambiado la vida, no fue muy complejo en su caso.
A los cinco días de la operación, simultánea a la de su hijo, volvió a su casa en Alcázar de San Juan. Tuvo una ligera complicación, pero en dos meses estaba “como una rosa«, haciendo vida normal.
La situación de su hijo fue más complicada, pese a las ventajas de recibir un órgano de un donante vivo frente al de una persona fallecida. Para David el riñón de su padre es el tercero de su vida.
“Cada riñón que te trasplantan genera que tu organismo cree anticuerpos, si vas recibiendo trasplantes es cada vez menos compatible. Siempre puede haber complicaciones, tu organismo pelea más duro. Esperemos que este dure más tiempo. De todas maneras, si algo sale mal, todavía tenemos a mi mujer de reserva”, señala Baudilio.
Ha contado su experiencia como donante en el congreso de Alcer
Baudilio Arias, que este domingo ha compartido su experiencia como donante de órganos vivo en el Congreso Provincial de Alcer (Asociación para la Lucha contra las Enfermedades Renales) en Ciudad Real, opina que su hijo ha tenido mucha suerte, pese a su enfermedad.
“La donación es un acto de amor y generosidad. En mi caso está claro, es mi hijo, pero no dejo de pensar en los padres de la niña de cuatro años fallecida de la que mi hijo recibió su primer riñón en 2008, o del chico de 14 o 15 años del que recibió el segundo”.
“Tengo muy presentes a los donantes de mi hijo”
Arias remarca que tiene presentes todos los días “a los donantes de mi hijo«, resalta, «no puedo pasar ningún 7 de julio [cuando David recibió el primer riñón infantil] o el mes de febrero [cuando le trasplantaron el de un adolescente] sin pensar en ellos. Es de agradecer a una familia que fue capaz de decir ‘sí’ a la donación cuando tienes un hijo fallecido. Tiene que ser muy jodido cuando nosotros estamos felices”.
Dos años después de la decisión Arias sigue satisfecho y en buen estado de salud, y lo ha compartido con otros enfermos renales en el congreso de Alcer. “Dios fue sabio y nos puso dos riñones para poder dar uno”, asevera. Su hijo, “con los altibajos propios de cualquier enfermo renal”, cuenta, también evoluciona bien, con algún ingreso por infecciones, “una infección de orina no lo es mismo para una persona trasplantada”.
En su caso no ha notado diferencias, “salvo que tengo tendencia a engordar y he cogido un poco de peso”. También ha tomado conciencia de cuidarse un poquito más, nada que no compense ver a su hijo seguir viviendo como cualquier joven de su edad.
Agradecimiento a Alcer: «Hemos sentido que no estábamos solos»
Arias también agradece la ayuda y acompañamiento de la asociación Alcer de Ciudad Real desde que nació su hijo David, hace más de dos décadas, “en estos años hemos sentido que no estábamos solos”, ha compartido con el presidente de la asociación Pablo León y otros asistentes al congreso provincial, dedicado este año al trasplante de donante vivo.
De enero a octubre de este 2025 en Castilla-La Mancha se han hecho 82 trasplantes renales y otros 28 castellano-manchegos han recibido un trasplante de riñón en otra comunidad autónoma, según del Sescam. Al congreso de Alcer también ha asistido el gerente del Sescam Alberto Jara y el alcalde de Ciudad Real Francisco Cañizares a la clausura.
