El calor ha provocado más daños en la vid que las propias plagas

Julia Yébenes Ciudad Real
Una cepa de uva tinta / Elena Rosa

Una cepa de uva tinta / Elena Rosa

En la presente campaña, según la Estación de Avisos Agrícolas de la Junta, ha tenido una Incidencia media alta la araña amarilla y poca el mosquito verde, frente a las deshidrataciones (quemaduras) de las hojas y las desecaciones totales o parciales de los racimos

Una de las características de la presente vendimia, que se desarrolla a buen ritmo en los viñedos de la provincia y la región, es el buen estado sanitario y vegetativo de las uvas, gracias a la escasa incidencia de enfermedades o plagas de las vides.

Sin embargo, las altas temperaturas y la escasez de lluvias han provocado un adelanto en los estados fenológicos de las cepas y de la propia recolección, y las hojas de los viñedos han sufrido deshidrataciones (quemaduras) y los racimos desecaciones totales o parciales.

Así lo dice Mercedes Vicente, jefa de la Sección de Estación regional de Avisos Agrícolas del centro ‘El Chaparrillo’, quien destaca “una incidencia alta” de “las alteraciones no parasitarias”, como golpes de sol o calor, sequía, cambios bruscos de temperatura, o vientos cálidos, incluidos los “corrimientos” en la floración, frente a una baja afección de plagas como el mosquito verde, que en 2016 arrasó buena parte de viñedos del Campo de Calatrava.

Estado actual de la hoja de uva blanca de mesa atacada por el mosquito verde el pasado año / Elena Rosa

Estado actual de la hoja de uva blanca de mesa atacada por el mosquito verde el pasado año / Elena Rosa

En cuanto a la presencia de parásitos en el cultivo de la vid en la actual campaña en Ciudad Real, la incidencia de polilla del racimo (Lobesia Botrana) “ha sido baja”, indica la portavoz del área de avisos que pertenece al Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal (Iriaf), “posiblemente debido a las condiciones climáticas que no le han sido favorables”, al igual que ha aumentado la presencia, con respecto a años anteriores, del ácaro de la roña (Brevipalpus Lewisi), y también se han detectado vides afectadas por castañeta (Vesperus Xatarti).

Mosquito verde

Respecto al mosquito verde, en base a los puntos de control de la Estación Regional de Avisos Agrícolas, sus capturas “han sido bajas hasta el momento”, a diferencia de la campaña anterior cuando se registraron “altas poblaciones” durante la segunda mitad de julio.

“Actualmente estamos observando un incremento y se están manifestando los síntomas en hojas”, señala Vicente, que insiste en la menor incidencia respecto al año precedente.

En concreto, según explica la experta, la plaga, favorecida por las condiciones meteorológicas, provoca desecaciones por los bordes de las hojas, delimitadas por ribetes de color rojo en las variedades tintas y amarillos en las blancas, y daños importante y una defoliación prematura, que influye negativamente en el agostamiento de los sarmientos y la maduración de la uva.

Vicente señala que el tratamiento recomendado para esta epidemia se ha de realizar cuando “se observe la presencia y síntomas”, a día de hoy más limitado por los plazos de seguridad en la aplicación de los productos, desacordes con el grado actual de desarrollo de la recolección.

Araña amarilla

En cuanto a la araña amarilla común (Tretranychus Urticae), ha tenido una incidencia media-alta, menor en el caso de la araña amarilla (Eotretranychus Carpini), debido, según la técnica, a las elevadas temperaturas acaecidas desde mayo y la baja humedad relativa, con síntomas más precoces que en campañas anteriores.

Vicente explica el proceso biológico del ácaro, que pasa el invierno bajo la corteza de las cepas, entre enero y marzo se instala en las malas hierbas cercanas al tronco para obtener alimento, mientras que en primavera, tras la brotación de la vid, vuelve a las hojas de las cepas.

Por tanto, la especialista ve la eliminación de las malas hierbas como una medida eficaz en la lucha contra la araña amarilla.

Oidio y mildiu

Otra de las enfermedades más conocidas por los viticultores manchegos es el oidio (Erysiphenecator), ese año apenas presente, pues sólo a mediados de junio se registraron síntomas en hojas y racimos en viñedos de variedad cencibel, con daños “poco importantes en general”, aunque ha habido parcelas “aisladas” de variedades sensibles más afectadas.

Con respecto al mildiu (Plasmoparaviticola), al parecer no se han producido contaminaciones por la escasez de lluvias, si bien encontraron a finales de mayo manchas aisladas en un viñedo de Moral de Calatrava.

Igualmente, en los trabajos en campo que dirige Vicente, también han consignado un aumento de la presencia de síntomas de enfermedades fúngicas de la madera en algunas vides de la provincia de Ciudad Real, señales que representan “unas de las mayores preocupaciones entre los viticultores por la falta de productos fitosanitarios eficaces y autorizados por el Ministerio de Agricultura para su control”.