El obispo instituye en Criptana a cuatro seminaristas como nuevos lectores

Lanza Campo de Criptana
Gerardo Melgar en una imagen de archivo / Clara Manzano

Gerardo Melgar en una imagen de archivo / Clara Manzano

Ser instituido como lector es uno de los hitos que jalonan el camino de todo seminarista. Hay tres pasos laicales: la admisión, el lectorado y el acolitado, y uno sacerdotal: el diaconado.

El obispo de Ciudad Real, Gerardo Melgar, instituyó este viernes como lectores a cuatro seminaristas de la provincia, en una ceremonia que tuvo lugar en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en Campo de Criptana.

Los nuevos lectores son Pablo Cornejo, de Ciudad Real; Francisco José García-Casarrubios, de Campo de Criptana; Carmeno Navas, de Valdepeñas; y Abel Fuentes, también de Campo de Criptana, todos ellos alumnos de 5º de Teología.

Ser instituido como lector es uno de los hitos que jalonan el camino de todo seminarista. Hay tres pasos laicales: la admisión, el lectorado y el acolitado, y uno sacerdotal: el diaconado.

El lectorado supone que el seminarista ya puede proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas. También puede llevar el evangeliario en procesión, enunciar las preces y las antífonas de entrada y comunión si no hay canto. Como se explica en el blog Renglón Torcido, “son oficios muy básicos que –a excepción de lo del evangeliario – realizan la gente normal de nuestra parroquia. El lector también tiene la misión de instruir a los que realizan estos oficios”.

Los nuevos lectores

Pablo Cornejo Martínez tiene 25 años. Pertenece a la parroquia de San Pedro, apóstol, de la capital. Con 18 años comienza a plantearse su vocación y realiza el itinerario vocacional “Betania”. Ingresó en el Seminario con 19 años después de haber cursado dos años de Derecho. Ha colaborado pastoralmente hasta el momento con las parroquias de Retuerta del Bullaque, Villarta de San Juan, Herencia, Argamasilla de Calatrava, y, durante este curso, en Torralba de Calatrava.

Francisco José García-Casarrubios Poveda tiene 29 años. Comenzó los estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Castilla-La Mancha. Tres cosas destaca en su discernimiento vocacional porque siempre ha colaborado con su parroquia como catequista y ha participado en ella en la eucaristía: La Peregrinación Europa de Jóvenes en el Camino de Santiago en 2010; la Jornada Mundial de la Juventud 2011; las personas que el Jesucristo ha ido poniendo en su vida (amigos, religiosas y sacerdotes) durante estos años.

En septiembre del 2013, una vez terminada Filología Hispánica, ingresó en el Seminario de Ciudad Real. Ha colaborado pastoralmente en las parroquias de Carrión de Calatrava, Abenójar, Torralba de Calatrava, Malagón y Herencia.

Carmelo Navas López tiene 26 años. Ha trabajado como músico en orquestas de baile e inició el grado profesional de piano en el Conservatorio de Ciudad Real. Con 19 años siente que Dios le está pidiendo algo más y comienza a discernir su vocación en el itinerario vocacional «Betania» que ofrece la diócesis. Dos años más tarde, con 21 años, ingresó en el Seminario de Ciudad Real.

Su formación pastoral ha sido en el propio Seminario y en las parroquias de Abenójar, Herencia, Puerto Lápice y Argamasilla de Alba, a donde va actualmente los fines de semana.

Abel Fuentes Pintado tiene 28 años y estudió Historia. Desde pequeño se planteaba ser sacerdote pero no le hace mucho caso a ese pensamiento durante años. Es también para él muy importante la vida parroquial y colabora con ella siendo catequista. Pertenece a varias hermandades de su localidad natal. Durante sus años de universidad acudía a las reuniones de la Pastoral Universitaria, donde, según él mismo dice, «empieza a tener sed de Dios». «Quería conocerlo más a fondo, y cuanto más me adentraba en Él, esa sed aumentaba».

Coincidiendo con los años universitarios comienza a tener una crisis de fe y aunque intentaba alejarse de Dios, «algo se lo impedía». Participa, como Franciso José García-Casarrubios, en la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago de Compostela en 2010 y es ahí cuando tiene un fuerte impacto vocacional por el testimonio de un monje trapense que reaviva en él la pregunta sobre Dios y sobre lo que tenía que hacer con su vida. «Yo quería plantearme mi vida, terminar mi carrera de Historia y dedicarme a la investigación. Pero había algo que me dejaba insatisfecho». Después de varias conversaciones con un sacerdote sobre sus inquietudes ingresa en el Seminario de Ciudad Real en 2013.