Ciudad Real, 1943

Carlos Muñoz de Luna Ciudad Real
Primera sede de Lanza, en la calle Calatrava, 10

Primera sede de Lanza, en la calle Calatrava, 10

Lanza apareció el 20 de mayo de 1943 como diario vespertino. Desde aquella fecha han transcurrido ya 75 años, ocasión que ahora estamos celebrando. Se trata de una larga historia que estuvo precedida por diversos avatares, fundamentalmente políticos y económicos, hasta que el proyecto pudo ver la luz. Del proceso previo, del nacimiento del periódico y de su evolución en los primeros años vamos a ocuparnos aquí.

Es imposible  acercarse a la historia de Lanza sin detenerse en el libro “El diario Lanza, un periódico singular. Recuerdos de un director” (Instituto de Estudios Manchegos, 1985), obra de Carlos María San Martín, miembro de la redacción que lo puso en marcha hace 75 años. San Martín fue primero subdirector del diario y luego, 26 años después, se hizo cargo de la dirección. El libro tiene el valor de ser el testimonio de uno de los protagonistas del nacimiento del periódico. Una visión de primera mano de la que nos valemos en gran parte de lo que sigue.

También es imposible hablar del origen de Lanza sin encajarlo en su contexto histórico-político. España prácticamente acababa de salir de la guerra civil con Franco victorioso. Eran años de generalizada miseria, de hambre, de cartillas de racionamiento, de represión, de aislamiento. La provincia de Ciudad Real, como todo el sur del país, no solo no era una excepción sino posiblemente uno de los territorios donde todo eso, agravado por su secular atraso en todos los órdenes, se vivió con mayor crudeza.

El régimen franquista estaba configurándose institucionalmente con la muleta ideológica del falangismo y para desarrollarse e implantarse socialmente necesitaba medios de propaganda. Ahí es donde surge la idea de crear un medio de comunicación provincial. Como el resto de España, Ciudad Real había vivido en el primer tercio del siglo XX, y especialmente durante la II República, un cierto florecimiento periodístico. Numerosas cabeceras habían surgido en esos años, aunque casi ninguna de ellas disfrutó una larga vida.

El Pueblo Manchego fue una de las pocas excepciones y es un antecedente directo de Lanza. Activo con ese nombre hasta los primeros meses de la guerra, fue incautado por los socialistas, que editaron en sus talleres el periódico Avance.

Según explica San Martín, dada la imposibilidad económica de que un proyecto semejante surgiera en esos años del ámbito privado –de hecho, el primero no llegó hasta 1990–, la primera iniciativa para editar un diario provincial partió de la Diputación, pero el proyecto chocó con la negativa del teniente general Moscardó, que entonces presidía el consejo de El Alcázar, periódico que contaba con una delegación en Ciudad Real y editaba páginas especiales para la provincia.

José Gutiérrez Ortega, fundador y primer director de Lanza

José Gutiérrez Ortega, fundador y primer director de Lanza

Fue entonces cuando José Gutiérrez Ortega, jefe provincial de FET de las JONS, recurrió a su amigo Juan Aparicio, delegado nacional de Prensa en el gobierno y en Falange. Aparicio dio facilidades, aunque finalmente el permiso fue denegado al no poder garantizar los promotores una cierta tirada y un número mínimo de suscripciones.

Una fórmula “sui generis”

Por fin, como relata San Martín, se optó por una fórmula “sui generis” y jurídicamente “inestable”, aunque sirvió para poner en marcha el proyecto. La solución que se adoptó fue que la Delegación Nacional de Prensa permitió que el nuevo periódico fuera editado por el Consejo Provincial de Ordenación Económica, un órgano consultivo de la Delegación Provincial de Sindicatos “sin personalidad jurídica para editar un periódico”, en palabras del exdirector de Lanza. Para redondear lo “ingenioso” de la operación, San Martin recuerda que Sindicatos dependía orgánicamente de la Jefatura Provincial de FET de las JONS. De este modo, el periódico no pertenecía “de iure” a la Jefatura de Falange, aunque sí “de facto”.

Una vez salvados los obstáculos administrativos, el 20 de marzo de 1943, en el seno del Consejo de Ordenación Económica se oficializa la creación del periódico. En esa sesión, Gutiérrez Ortega, que la presidía, habló de la “imprescindible necesidad” y de la “conveniencia política”  de publicar un diario “que cumpla la elevada misión de difundir los postulados que encarna nuestro Movimiento”.

Los promotores eligieron el nombre de Lanza por evocar a Don Quijote y por tener dos sílabas, lo que facilitaba ser ‘voceado’ en la calle para su venta.

Ya solo era cuestión de aguardar la salida del primer número. La tarde del 20 de mayo de 1943 muchos curiosos se agolpaban en el número 10 de la calle Calatrava esperando la salida del nuevo periódico. En esa dirección estaban los talleres de la Editorial Calatrava, antigua titular del diario El Pueblo Manchego, cabecera vinculada a Editorial Católica (El Debate, Ya). Lanza había llegado a un acuerdo económico con esta empresa para imprimir allí el periódico y aprovechar sus instalaciones, sus medios y su personal técnico. San Martín explica en su libro que Editorial Calatrava contaba con medios que resultaron muy útiles a Lanza, como un teletipo, dos linotipias y dos máquinas planas de impresión. Disponía además de un taller de fotograbado, no muy frecuente en los periódicos de provincias. Para asumir los primeros gastos del periódico (papel, nóminas, etc.) se contó con una aportación de 100.000 pesetas por parte de la Diputación, presidida entonces por Evaristo Martín Freire.

Volviendo a la tarde del 20 de mayo, los curiosos debieron esperar un buen rato porque problemas técnicos retrasaron la salida del primer número. “¡Ha salido Lanza!”, pudo oírse finalmente por las calles de Ciudad Real cuando los vendedores del nuevo diario salieron de los talleres con la tinta fresca de los primeros ejemplares en las manos.

Aquel primer número, a 25 céntimos el ejemplar, constaba de ocho páginas de forma extraordinaria porque en adelante saldría con seis. “Lanza, diario gráfico de la tarde”, podía leerse en la mancheta. La portada, además, venía adornada con el yugo y las flechas falangistas y sendos retratos de Franco y José Antonio. También aparecían dos artículos editoriales, relativos ambos al nuevo periódico: “No hay imposibles” y “¡Ha salido Lanza!”, eran sus títulos.

En aquellos primeros tiempos ocupaba un espacio considerable la información internacional, monopolizada casi en exclusiva por las noticias de la segunda guerra mundial, que gozaba a diario de los honores de la portada. La información nacional se ocupaba con especial atención de la actividad de los dirigentes del régimen, con los actos protagonizados por Franco como principal reclamo. Por supuesto, el grueso de la información se centraba en la capital y en la provincia. Abundaban las idas y venidas por la provincia del gobernador civil, José María Frontera,  y del obispo-prior, Emeterio Echevarría, llegado a la diócesis un mes antes de la salida de Lanza.

Jacobo Roldán, gobernador civil de ciudad real desde 1944 / Ángel Sánchez

Jacobo Roldán, gobernador civil de ciudad real desde 1944 / Ángel Sánchez

Al parecer, Frontera y Gutiérrez Ortega no mantenían una relación excesivamente cordial por la difusa jerarquía de sus cargos –gobernador civil y jefe provincial del movimiento, respectivamente. En cualquier caso, ese conflicto –real o supuesto—quedó resuelto en 1944 con el nombramiento de Jacobo Roldán como nuevo gobernador, que, al igual que en resto de España a partir de ese momento, asumió también la jefatura del Movimiento.

La plantilla

La redacción fundacional de Lanza la encabezaba Gutiérrez Ortega como director (ya había dirigido el periódico Patria en Granada, donde trabó amistad con Aparicio). Carlos María San Martín era el subdirector y Cecilio López Pastor, procedente de El Pueblo Manchego, era el redactor jefe. Como redactores figuraban Antonio Barriopedro, Luis Cavanillas, Elías Gómez y Luis Morales (fotógrafo). Eran colaboradores Dulce Néstor Ramírez (más tarde también redactor), Santos Huélamos, Ponciano Montero y Ramón Morales. El sacerdote Felipe Lanza era el asesor religioso del periódico.

En la administración del diario trabajaban Fulgencio Sánchez de la Nieta como responsable, Manuel González, Vicente Castillo y Fernando Martínez, que tramitaba la publicidad.

En su libro, San Martín refleja incluso los salarios de cada uno de los trabajadores. Para hacerse una idea, baste decir que el director cobraba 1.300 pesetas al mes, aunque los sueldos se vieron mejorados en enero de 1945.

La impresión y la distribución fueron los principales quebraderos de cabeza en los primeros meses de vida del periódico. Aunque Lanza era vespertino, la tirada se iniciaba a las 10 de la mañana por la lentitud del proceso. Se hacían varios paquetes con los ejemplares, según su destino. Los más urgentes eran los del tren de Alcázar, que salía en torno a las seis de la tarde y dejaba el periódico en Miguelturra, Daimiel, Manzanares y Alcázar. Si se llegaba tarde había que llevar los paquetes a Daimiel. Después se hacían los paquetes para la venta en la capital y más tarde, ya sin agobios, para el resto de la provincia: el tren del norte (Fernán Caballero, Malagón, Fuente el Fresno) y el del sur: Argamasilla de Calatrava, Puertollano, Almadén. Para la distribución en la zona de Los Montes y en la de Valdepeñas e Infantes se recurría a coches de línea. El resultado era que Lanza llegaba a la mayoría de los pueblos al día siguiente. Sólo en Ciudad Real se vendía por la tarde y, como señala San Martín, “se arbitraron medios para que Puertollano lo tuviera al anochecer”.

El primer bien de Lanza

Para resolver estos problemas, el periódico compró una rotoplana ‘Duplex’ de fabricación suiza y de segunda mano (databa de comienzos de siglo). Costó 150.000 pesetas y se pagó gracias a préstamos del propio Gutiérrez Ortega y Martín Freire, entre otros. Su estreno se produjo el 9 de diciembre de 1944, aprovechando la toma de posesión del nuevo gobernador civil, Jacobo Roldán. También se aprovechó para cambiar el subtítulo: ahora sería “Diario de la tarde”. El precio no se alteró, aunque poco después subió a 30 céntimos. Esa máquina rotoplana, destaca San Martín, fue el primer bien propio de Lanza.

Portada del primer número impreso con la rotoplana Dúplex

Portada del primer número impreso con la rotoplana Dúplex

Pero los problemas no se habían acabado. Era época de escasez de papel y Lanza salió muchos días con un mermado número de páginas. Los apagones eran frecuentes, las líneas telefónicas escaseaban y la red telegráfica estaba todavía en reconstrucción tras la guerra. Todo ello dificultaba mucho el trabajo en el periódico, desde la recepción de noticias por el teletipo a la propia impresión del diario.

La última novedad reseñable en Lanza en la década de los años 40 fue la reducción del tamaño a la mitad. La medida se adoptó en 1947 y, en esencia, es el formato tabloide que el periódico ha mantenido desde entonces. Ese formato era ya el de la mayoría de los periódicos de la época y la decisión se tomó para facilitar la elaboración de los clichés de publicidad y para rentabilizar más los anuncios.

En aquellos duros años de la posguerra la provincia era poco menos que un páramo en prácticamente cualquier aspecto sobre el que se pongan los ojos. Los medios de comunicación no eran una excepción y Lanza, aun con todos los condicionantes ideológicos que se quiera, llegó para llenar un hueco evidente. Convivió algún tiempo con la edición que El Alcázar editaba para Ciudad Real, aunque el periódico de Moscardó no tardó en abandonar el empeño.

En los años 40 surgieron varias publicaciones, algunas de carácter cultural, como ‘Albores del Espíritu’, aunque por lo general tuvieron una breve vida.

Mención aparte merece la radio. La primera emisora, la famosa EAJ 65, llegó a Ciudad Real en 1934. Como recuerdan Francisco Alía, Gustavo Prieto e Isidro Sánchez en su trabajo ‘Los orígenes de la radio en Ciudad Real (1924-1959)’, la emisora pasó a denominarse tras la guerra ‘Eaj 65 Radio FET y de las JONS Ciudad Real’. Conectaba dos veces al día con Radio Nacional para transmitir la información oficial y en el resto de la programación (cuatro horas al día), según el estudio citado, abundaba  “la música de baile, zarzuela, ópera o música española y clásica, radionovelas, información divulgativa local y provincial e intervenciones en directo de destacadas personalidades del mundo científico y artístico (Marcos Redondo, Luis Sagi Vela, María Arias, etcétera). Pero se acentuaron las emisiones religiosas y las intervenciones políticas”.