40 Aniversario de la Constitución/ Dos reflexiones sobre un texto que trajo grandes esperanzas y un deseo: que se cumpla

Ágapito Alcarazo y Juan Ramón de Páramo, durante el entrevista con Lanzadigital.com /Jacinto Jurado

Ágapito Alcarazo y Juan Ramón de Páramo, durante el entrevista con Lanzadigital.com /Jacinto Jurado

El 31 de octubre de 1978, el Congreso y el Senado surgidos de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, del 15 de junio de 1977, aprobaban la nueva Constitución que devolvía la democracia a España. El día 6 de diciembre de 1978, más del 82 por ciento de los españoles que votaron dieron su apoyo a la nueva Carta Magna. Para muchos, las primeras elecciones democráticas, el referéndum de la Constitución, fueron las primeras ocasiones que se pudieron acercar a unas urnas.

Lanza ha reunido a dos personas que llegaron a la democracia justo en la época de su vida en la que la ley les permitía votar. Pertenecen a dos sectores sociales que jugaron un importante papel en la lucha por la democracia y por el final de la dictadura, el mundo sindical y el estudiantil.

Agapito Alcarazo, nacido en Cinco Casas, trabajador de mantenimiento como oficial de oficio y jefe de equipo de Renfe, llegó a presidir el Comité de Empresa a nivel nacional de la compañía en dos períodos, de 2005 a 2009 y de 2011 a 2015. Ha vivido en varias ciudades, Madrid, Valencia, Alcázar de San Juan, Manzanares o ahora, ya jubilado, en Ciudad Real. A los 15 años se trasladó a vivir a casa de unos familiares al Pozo del Tío Raimundo, en Madrid, un asentamiento entonces de gente que venía de Extremadura y Castilla-La Mancha, que vivían en casas de 45 metros cuadrados que ellos mismos se construían. Era la época en la que en esa zona trabajaba el padre José María Llanos, el cura que fue uno de los catalizadores del movimiento obrero madrileño.

 

Juan Ramón de Páramo es licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas y Sociología. En 1991 está en la Universidad de Castilla-La Mancha, primero en Albacete y luego, desde 1996, en Ciudad Real, primero en el Centro de Estudios Jurídicos y Empresariales y, ahora en la Facultad de Derecho, como catedrático de Filosofía del Derecho. También ha sido decano de este centro y secretario general de la UCLM. En la última etapa de Felipe González en el Gobierno, fue director general de Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa. Su tesis se la dirigió Gregorio Peces Barba, uno de los llamados “padres” de la actual Constitución.

 

Para Alcarazo, los primeros momentos de la etapa democrática, las primeras elecciones de la legislatura constituyente o la votación del referéndum de la Constitución, fue una etapa en la que se veía que lo que venía “era que se abría una puerta muy grande por la que se iba a ir todo lo anterior y por la que, al mismo tiempo, nos llegaba unas leyes que tenían que haber venido mucho antes y que nos iban a igualar en derechos a todos y una democracia por la que muchos habían sufrido”.

“Era la oportunidad –añade-, el ánimo y la alegría que teníamos por participar en esa apuesta, pensábamos que era lo mejor que le podía ocurrir a este país que había pasado por otros procesos constituyentes que se habían cortado por golpes de Estado que machacaron esos procesos democráticos”.

En la perspectiva de Páramo, la “extravagancia jurídica en la que estábamos en aquel momento, que nos distanciaba de Europa occidental, que era mi referencia, hacía que esperábamos con muchas ganas y con mucha ilusión el cambio político y jurídico que se empezó a materializar”

“Era –agrega- por esa especie de sensación de que éramos tan diferentes que, al menos, en mi caso, aunque no queríamos la gran revolución, si quería que no nos vieran como algo extraño, peculiar, dentro de lo que era la democracia occidental. Esperábamos con mucho interés y con muchas ganas este cambio”.

Asentamiento

Pasada la primera ebullición de la llegada de la democracia, un punto de inflexión fue el intento de golpe de Estado de febrero de 1981, algo que hizo tambalear el proceso recién iniciado. Supuso, en buena medida, una reforzamiento de los planteamientos democráticos de la mayoría de españoles, como se demostró en la masiva manifestación de días después en Madrid.

Páramo considera que esa etapa fue muy importante a la hora de abordar la reforma institucional de la estructura que venía de la dictadura.  “Destruirla y construir una nueva” como reto.

Esto se pudo hacer, señala, “gracias a un consenso entre tres grandes fuerzas. El grupo conservador, el grupo socialdemócrata y el grupo nacionalista. Consenso que hoy está roto, con unas relaciones de absoluta desconfianza”.

Un consenso que, en aquel momento, opina, “con el objetivo de no retroceder, de tener el incentivo de salir del hoyo en el que estábamos, se apostó por una coexistencia pacífica, por decirlo así, ya que no significaba que el consenso fuera unanimidad. Que pudieran coexistir bajo un mínimo común denominador varios elementos y, gracias a eso, se pudo conseguir un texto constitucional que puede ser criticado, que se puede cambiar si lo que hemos creado creemos que se debe cambiar, ya que no es ningún texto sagrado”.

Para Agapito Alcarazo, desde una perspectiva sindical, de los trabajadores, con la alegría de la existencia ya de una Ley Sindical, de una Ley de Huelga, pendientes de llegar al objetivo del Estatuto de los Trabajadores, que podía dar estabilidad y equilibrio al país, el trabajo era ese. Un trabajo en paralelo a la constitución de las asociaciones, por ejemplo, de padres, de vecinos,  de todo un entramado de sociedad civil “en el que muchos compañeros participamos mucho y le dimos mucho auge”.

Actualización

El paso del tiempo, los distintos gobiernos que ha habido, han marcado su impronta pasado el primer momento y los primeros años, conseguida la Constitución y ya asentada se abre una nueva etapa.

Para el sindicalista Agapito Alcarazo, aunque en el texto, en el articulado está todo bien explicitado, hay que temas que deberían separarse de la cuestión política.

Uno de ellos, piensa, es la Justicia. A su entender, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo tienen mucha incidencia política. Lo que motiva “cuestiones de las que no soy muy creyente, por decirlo así. La Constitución habla de la Justicia, pero ésta se ve muy coartada, es mi opinión. Se demuestra cada día, según va avanzando el tiempo, que la separación de poderes, en este sentido, no existe”.

“En el tema de las creencias –agrega-, igual. Estamos atados. No hay críticas a ningún tipo de religión, para nada. Somos un Estado laíco, pero tampoco se está demostrando claramente. Entiendo, por otro lado, que en los pilares del Estado, como es la Educación, la Sanidad, como he dicho, la Justicia, apreció con el paso del tiempo que yo tenía más ilusión de que fuera cada vez a mejor y veo que ese progreso que quería en aquel momento se ha ido deteriorando”.

Alcarazo también es de la opinión de que el consenso que dio lugar a la Constitución “está roto y, así, no se va ninguna parte. Eso se ha deteriorado con los gobiernos conservadores y con un exceso de nacionalismo, nacionalismo de España, que yo también soy español, pero como dijo Víctor Manuel en su canción: aquí cabemos todos o no cabe ni Dios”.

Páramo valora sobre este tema que ha habido importantes progresos y, con todas esas sombras que ha señalado Alcarazo, que la Constitución marca un período histórico positivo que “nunca hemos tenido”. En todo caso, “es verdad que con toda esa ilusión proyectada en sus orígenes, es lógico que después se vea frustrada por las realizaciones prácticas”.

“Creo –dice el profesor- que la corrupción ha hecho mucho mal en España. En el año 78 conocí a Luis Gómez Llorente, al que luego el PSOE apartó por su espíritu crítico –este es uno de los grandes males de España, que se aparta a gente válida por ser críticos- que le dijo a joven estudiante de 22 años: el gran problema de España será la financiación irregular de los partidos políticos. Es increíble su capacidad de previsión. Creo que la corrupción ha hecho mucho mal”.

Estado autonómico

Luego con la no concreción del Título VIII sobre el Estado de las Autonomías, “todas esas prisas, a veces, explicables, en aras de conseguir ese consenso, hay que añadir más adelante la desregulación que vino a nivel global, la fragmentación de la cohesión social, privatización y mercantilización de la vida, de la financialización de las relaciones, que, creo, han hecho retroceder el gran consenso que era el Estado del Bienestar, años que han hecho pensar que estábamos en los años 30 en Europa”.

Este, puntualiza, es un “proceso que no solo ha afectado a España. Luego, hay que añadir este inculpar a las personas. Eso de que vivistéis por encima de vuestras posibilidades, tú eres el principal responsable de tu fracaso. Esto es una manera de delegar en cada una de las personas la responsabilidad para desvincularles socialmente de los problemas comunitarios. Se despolitiza a los jóvenes, como si sus problemas fueran personales. Eso es una historia tremenda, muy negativa”.

Sobre la precariedad, Alcarazo recuerda historias que ha vivido personalmente, en el año 2012, con gente que estaba en las contratas de limpieza de trenes en estaciones, con la reducción que hubo de los Presupuestos para esos servicios, el despido de gente. “Tenías que hablar con la gentes y allí era una rebaja de contrato o echar a la gente a la calle. Hablar con diez o quince trabajadores para decirles, mira, vamos a repartir el trabajo, a repartir el dinero. Era bajarse el sueldo para que no hubiera despidos. Un tema en el que también, a lo mejor, los sindicatos también hemos participado por no tener una independencia total”.

Uno de los temas sobre la mesa es el cuestionamiento de la Constitución para algunos sectores sociales y políticos que han irrumpido en la escena en los últimos años a caballo de la crisis económica, cuando hay cierto acuerdo en que ésta ha sido, la de la Constitución, la etapa democrática más prolongada y de más desarrollo económico del país, que plantean que hay que hacer cambios drásticos, ¿hasta dónde deben llegar, hay que derribar toda la casa y empezar de nuevo…?

Para Alcarazo, la vigencia de la Constitución ha dado lugar a 40 años en los que la sociedad ha cambiado y, “lógicamente, habrá que hacer una revisión, pero no acabar con la Constitución del 78, como algunos están pregonando. Hay que ver lo que se puede arreglar para mejorar la sociedad, no para tirar abajo el período constituyente. A mí, cuando escucho a algunos hablar de eso, incluso, el señor Aznar, que no votó la Constitución, por ejemplo, lo que entiendo es que habrá que mirar lo que sea necesario modificar. Pero lo que no, no”.

En su opinión, en 40 años, la “convivencia ha sido buena, con muchas concesiones a las nacionalidades históricas, pero, tampoco las nuevas autonómicas se han sentido perjudicadas. Lo que hay que hacer, ante esos partidos que supuestamente están más a la izquierda, que yo cuestionó que estén más la izquierda, es buscar un consenso, todavía más en las entrañas. Pero, sin volvernos locos, ni nada de eso”.

Páramo muestra su acuerdo con Alcarazo en este punto y añade que “esa visión tan simplista de positivo, negativo, todo o nada, blanco, negro, es absolutamente primario. A mis estudiantes les digo siempre, estudiar, ver la complejidad de la gestión pública, la gestión de su vida, incluso. Ver que tiene que haber voluntad de cambio, pero también que hay gente que argumente a favor y en contra de las cosas. Todo tiene muchos flecos, oscilaciones, variables y todo es complejo y hay que estudiarlo”.

A su entender, “denostar sin más un período de la historia de España, que yo creo que es el que ha dotado de estabilidad y progreso al país, de manera radical me parece de un simplismo absolutamente infantil. Yo no quiero alcanzar los cielos, quiero que convivamos tranquilamente, que haya alternativas, que con inteligencia y rigor podamos corregir, revisar, todos aquellos aspectos que se necesitan revisar. Tirar por el agua de la bañera al niño que está dentro creo que es un error. Hay que tirar el agua sucia, pero al niño no”.

A lo largo de la conversación se ha apuntado algo. Se trata de saber si el Título VIII, el de las autonomías, es el gran talón de Aquiles de la actual Carta Magna.

Alcarazo asegura que no sabe bien cómo analizar este aspecto. De partida, entiende, que el “tema de las autonomías fue muy positivo, pero no sé lo que habría que tocar en este aspecto”. “Las nacionalidades históricas –apunta-entiendo que tienen muchas competencias y que estén cuestionando tantas cosas, a mí me preocupa. Las autonomías nuevas, nacidas a partir de 1983, lo mismo hay que revisar algunas cuestiones. El tema económico, que es el tema fundamental, por lo que mucho se está hablando, tiene muchísimas dificultades, la verdad. Las nacionalidades históricas, quizá por eso, han tenido la posibilidad de tener mayor Producto Interior Bruto (PIB) que el resto y habría que buscar un equilibrio para que las autonomías más débiles no retrocedan”.

Páramo valora sobre esta cuestión que la vertebración social, la igualdad de derechos básicos, “por lo menos para los que tenemos todavía en la cabeza el Estado Nación, con sus imperfecciones, gestionar esa pluralidad, garantizando la igualdad de los ciudadanos es uno de los grandes progresos de la humanidad. Desvinculemos a los ciudadanos de las mochilas de dónde ha nacido cada uno  y dónde está y tengamos una igualdad de derechos ante el ordenamiento jurídico y las expectativas sociales y económicas. Esta es la idea de la ciudadanía y es muy importante, porque es lo que te permite corregir las desigualdades de origen o territoriales que tienes predeterminadas. Esto hay que gestionarlo y con ganas y voluntad se puede articular la mejora de todos estos procesos”.

El futuro

Para Alcarazo, el futuro y las expectativas no solo están centradas en lo que pase en España, lo “que venga –dice- depende del contexto general de Europa y el Mundo. Estamos viendo lo que está sucediendo. Vemos que cuando hemos llegado a conseguir ciertos objetivos en la socialdemocracia, ha llegado un momento en el que se ve que ya no podemos llegar a más. El futuro yo no lo veo muy claro en el sentido de que creo que los trabajadores nos hemos aburguesado”.

En su opinión, de cara al futuro, lo que recoge la Constitución, señala, “casi garantiza el Estado del Bienestar, trabajo, vivienda… Pero, luego, eso no se hace realidad. Llegar a conseguir esos hitos es lo que habría que alcanzar, que se cumpla lo que recoge la Constitución, lo que se consiguió en su día, que se llegue a cumplir. El ordenamiento jurídico del que estamos dotados le da todas las garantías al ciudadano español, hay muy poco que  modificar. Lo que hay que exigir es que se cumpla, pero eso hay que hacerlo entre todos”.

El profesor Páramo ratifica que “si es verdad que hay un retroceso en derechos sociales y derechos en general. En el mundo, lo vemos todos los días, Hay un alarmante proceso de derogación de los que han sido los derechos de la democracia  y eso nos influye. Una orden del Banco Central Europeo echa para atrás muchos de los avances que hemos conseguido. Las empresas transnacionales son las que provocan muchas veces la puesta en marcha de normas y eso es importante”.

La Constitución, agrega, “hay que valorarla en lo que es, pro tampoco hay que sobredimensionar las consecuencias que se derivan de los cambios normativos. Es muy importante tener la estructura normativa que nos protege, que hay que potenciar y mejorar, pero no hay que olvidar que el Estado Nación se queda muy pequeño para ciertas cosas, que, a veces, nos determinan la vida. Centros de poder que están mucho más allá de nuestro alcance. Hay que ser ciudadanos de nuestro Estado, pero también demócratas globales y eso es muy importante”.