Hace un año, Lanza hablaba con el pianista ciudarrealeño Alberto Barba. El ciudarrealeño contaba sus experiencias y aspiraciones desde la Manhattan School of Music. Un año después, en una nueva entrevista, Barba revela los logros y desafíos que ha enfrentado durante este último año, que ha sido un año “complicado, pero satisfactorio”. Con tan sólo 23 años, Alberto ha conseguido cosas que él mismo consideraba impensables.
Es una media mañana calurosa de junio en Ciudad Real. De las pocas de un comienzo de verano atípico. En el Conservatorio de Música ‘Marcos Redondo’ hay quietud y silencio. Alberto Barba va vestido de negro. Y en zapatos. A decir verdad, no sólo es pianista, también lo parece. Mientras coloca el piano en el silencio del Auditorio ‘Manuel de Falla’, las tablas del escenario crujen. El hijo pródigo vuelve a casa. Un escenario que lo vio crecer desde los 8 años hasta los 17, el tiempo que fue alumno del ‘Marcos Redondo’. Al cobijo de aquellas paredes insonorizadas se forjó el principio de un camino que todavía sigue.
Le quita la funda cuidadosamente y comienza a tocar. La magia sucede, y sin calentar, sin partituras y sin nada, toca varios minutos. Le pregunta a la fotógrafa si con eso está bien para el vídeo. Una vez terminada la charla, Barba se acerca y le pregunta: “¿Puedo tocar otra vez? Antes no había calentado y no me ha gustado”. Y, de nuevo, todo se para, menos sus manos. Todo se calla, menos el piano. A la excelencia casi siempre la rodea silencio.
De su recorrido anual en el último año de máster en la Manhattan School of Music, Barba destaca su participación en el concurso anual de piano del conservatorio, donde se presentan los mejores pianistas y sólo uno gana. “Me quedé segundo, y esto me gusta porque el año pasado mi meta era únicamente presentarme”, comenta. El año pasado, tuvo que negociar con su profesor para poder participar, pero este año no solo participó, sino que se destacó. “El panorama ha cambiado tanto que me hace sentir orgulloso de lo que he conseguido”, afirma.
El concurso requería presentar un concierto para piano con orquesta. Alberto presentó un concierto recién compuesto por el que fuera su profesor en el Musikene de Donosti, Gustavo Díaz-Jerez, quien también fue alumno del que ha sido su profesor en la Gran Manzana, Solomon Mikowsky. “Él lo escribió a finales de 2023 y lo estrenó con la London Symphony en Canarias y yo lo toqué en febrero”, explica.
La muerte de su mentor, Solomon Mikowsky
Solomon Mikowsky, una leyenda en la escuela, falleció en marzo a los 88 años. Han sido 55 años de trabajo en la Manhattan, convirtiéndose en uno de los profesores de piano más solicitados del siglo XXI. Barba recuerda a Mikowsky con gran respeto y gratitud: “Mikowsky siempre fue muy duro conmigo porque tiene una filosofía y psicología de enseñanza con cada alumno”. Según Barba, Mikowsky supo que necesitaba rigor para alcanzar su máximo potencial. “Le estaré eternamente agradecido, y me hizo mucha ilusión poder tocar ese concierto, porque Gustavo Díaz-Jerez se lo dedica Solomon Mikowsky , y ha sido como el cierre del círculo”, reflexiona.
La participación de Alberto en el concurso fue innovadora. Por primera vez en 60 años, la escuela permitió el uso de pistas de audio en lugar de un piano para la parte de la orquesta debido a la naturaleza contemporánea del concierto presentado por Barba. “Fue un proyecto muy chulo”, comenta. Díaz-Jérez le envió unas pistas de audio y las puso en el surrounding del hall principal de la escuela: “Era la primera vez que se hacía”. El intérprete explica que se utilizó el recurso de pistas de audio debido a la imposibilidad de reducir la sonoridad de la orquesta en un segundo piano.
Tras el fallecimiento de Mikowsky, continuó sus estudios con Inesa Sinkevych, asistente de Mikowsky para las clases de Barba. “Sinkevych es buenísima, y ya habíamos compartido muchas horas porque tenía asignados dos profesores, a Mikowksy y su teacher assistant, que era ella”, añade. El músico la admira y le muestra respeto absoluto: “Es una mujer brillante, ha ganado varios de los concursos más prestigiosos de piano y ha sido un aprendizaje brutal estar con ella”, añade.
Por otro lado, destaca la transición positiva y el apoyo continuo de la escuela en este periodo de cambio. Además, se muestra emocionado cuando habla de Mikowsky: “No sólo me ha hecho mejor pianista, también me ha hecho mejor persona”.
Fue el profesor que, según sus palabras, lo hizo “ser más disciplinado, de no procrastinar, de enfrentarme a los problemas, de echarle valor, de hablar con la gente, Mikowsky me abrió los ojos en muchos sentidos y va a estar siempre en mi piano y en mi corazón”, explica conmovido.
Doctorado en la Manhattan School of Music
Barba también ha sido aceptado en el muy demandado programa de doctorado de la Manhattan School of Music. “Entra muy poca gente”, dice. Las pruebas para el doctorado son intensas, combinando un examen de interpretación con uno escrito sobre la historia y teoría de la música. De los 70 graduados, solo 6 fueron aceptados en el programa.
Asimismo, menciona que enfrentó muchos obstáculos y escepticismo en su camino hacia el doctorado. “Mikowsky me decía que me preparara bien, sobre todo la parte teórica, porque él me conocía muy bien y sabe que eso es lo que llevo peor”, relata. Es más, se le sugirió que utilizara un año “con calma” para prepararse. Sin embargo, Barba decidió intentarlo a pesar de la falta de confianza de su entorno. “Siempre creí que merecía la pena intentarlo, que no tenía nada que perder”, afirma.
La vida en Nueva York y sus inicios como teacher assistant
La vida en Nueva York sigue siendo un desafío para él. Aunque ha logrado adaptarse, recuerda con claridad las dificultades iniciales. “La vida en Manhattan es muy hostil cuando llegas de fuera”, admite. Vivir en East Harlem fue complicado, pero con el tiempo se ha acostumbrado y ha aprendido a manejar la presión y la competitividad de su entorno. Destaca lo caro de hacer vida normal: “Un día fui a jugar al pádel a uno de los pocos complejos que hay y nos dijeron que costaba 90 dólares por persona”, comenta entre divertido e indignado. Asimismo, añade que muchas cosas “resultan prohibitivas para un chaval joven”:
Con la aceptación en el programa de doctorado, también ha conseguido un puesto como asistente de profesor en el departamento de Historia de la Música de la Manhattan School of Music. “Ya había estado trabajando con la escuela de pianista acompañante y el año que viene, por ser alumno de doctorado, me ofrecieron hacer de teacher assistant”, explica. Este rol le permite integrarse más en la escuela y ganar experiencia laboral valiosa. “Aunque no sea en el departamento de Piano, yo ya estoy ahí metido y puedo decir que he estado trabajando para la escuela, que es de las más prestigiosas junto a Juilliard”, dice.
El verano en La Mancha de Alberto Barba
Barba no olvida sus raíces y tiene un proyecto personal para llevar su música de vuelta a Castilla-La Mancha. Con la ayuda de un amigo que está haciendo un máster en management musical, el pianista quiere proponer una serie de conciertos en su región natal. “Estamos intentando hacer una propuesta de un concierto por Castilla-La Mancha y rodar programa y enseñar quién soy a Ciudad Real. Y también poder disfrutar con la gente”, afirma.
El pianista reflexiona sobre su trayectoria y las lecciones aprendidas. Destaca la importancia de la salud mental en una profesión solitaria como la del músico. “La desconfianza genera competitividad y el problema es que el profesional tiende a encerrarse en su mundo”, señala. A pesar de los retos, mantiene su objetivo claro: conmocionar al público con su música. “Mi objetivo es que alguien llegue después de actuar y me diga que se ha emocionado y que pagaría mucho por verme”, asegura.
Alberto Barba quiere disfrutar del verano con su familia, amigos y pareja. Lamenta que “quizás España no es el mejor país para ser pianista, pero habrá que intentarlo”, asegura. Con su aceptación en el programa de doctorado, su nuevo rol como teacher assistant y sus proyectos personales, sigue demostrando que no sólo importa alcanzar sueños se pueden alcanzar, sino el camino, y afrontarlo con determinación y pasión, además de sacrificio y tesón. Desde Ciudad Real a Nueva York, otro año más.
