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1-2; 5-6; 7-11; 10-13; 12-15; 15-18; 18-20; 19-24; 23-32; 26-34; 29-37.
Tras la victoria en el derbi castellanomanchego de la pasada jornada, el BM Caserío se presentaba de vuelta en el Quijote Arena para hacer frente a uno de esos rivales llamados a estar en la parte alta de Asobal, de los que se codean con los Barça, Granollers y esos pocos elegidos con acento europeo.
Abrían los de Ciudad Real la jornada nueve y lo han hecho en casa, frente a una afición que da igual la hora y el día, porque son de los que no fallan nunca cuando toca llevar en volandas a los suyos.
Hoy se sabía que era un partido difícil, pero se afrontaba desde la tranquilidad de haber sumado los dos puntos en Guadalajara, en uno de esos partidos que a pesar de restar casi todo por delante se supone trascendental para definir quién se queda y quién se marcha de la máxima categoría del balonmano nacional.
Con la moral por las nubes y con ganas de dar la campanada -porque este tipo de victorias siguen siendo un palo a la lógica-, se han presentado los de Santi Urdiales, dispuestos a competir, que en definitiva va ser la máxima de cada fin de semana y es uno de esos mantras que se repite en cada previa y en cada post partido y que de paso sirve para recordar la necesidad de mantener los pies en la tierra.
Aceptó el equipo ciudadrealeño el intercambio de golpes contra un Bathco BM Torrelavega que corrió mucho y bien, percutiendo sobre una defensa del Caserío que dejaba demasiados espacios en su zona central, donde Isidoro castigó con lanzamientos que fueron latigazos sobre la portería de Giovagnola.
Fue más posicional la defensa visitante, que tuvo que penetrar el equipo de Urdiales desde dentro, siendo Ángel Pérez el que mejor supo leer los espacios que no aparecían en los laterales, donde nacieron disparos demasiados forzados en los primeros minutos, obligando a la colección de errores ofensivos que permitió al conjunto rival llevar la iniciativa anotadora.
En ataque de Bathco BM Torrelavega fue clave la figura de un colosal Jakub Prokop que en los primeros 16 minutos de juego firmó un 5/5, impecable sobre la portería de un Santi Giovagnola que no llegaba a tapar los lanzamientos.
Pidió Urdiales tiempo muerto en el minuto 12, viendo que el equipo estaba sufriendo en la pista. Hubo ajuste de piezas para intentar parar una renta que iba creciendo y que podía castigar al equipo con mucho tiempo por jugarse antes del descanso.
Una de las variaciones importantes fue la incorporación de José Andrés en la zona del pivote, donde el andaluz consiguió erigirse en líder del equipo ciudadrealeño, anotando tres goles que avisaban del daño que podía hacer entre los centrales.
En el minuto 21, con dos jugadores menos, recurrió Torrelavega al tiempo muerto tratando de conservar la renta que habían abierto.
Tuvo opciones BM Caserío de ajustar el final de la primera mitad, creciendo en defensa e insistiendo en ataque tal como lo habían planteado de inicio. Sin embargo, la efectividad de un Torrelavega traducida en una grandísima primera mitad de Isidoro (4) y Jakub (6), fue suficiente para dejar el +3 con el que se fue el partido al vestuario 15-18.
Caserío chocó contra la efectividad de Torrelavega
Pese a recortar la diferencia de inicio, varios errores consecutivos subieron la renta del +5 al marcador con apenas tres minutos disputados de la segunda mitad, demasiada carga contra un equipazo que tiene tantos recursos con los que hacer daño.
Lejos de venirse abajo, insistió el BM Caserío que tenía claro que este partido era de picar piedra y de alargarlo todo lo posible para llegar con opciones al desenlace final.
En el minuto 8 de la segunda parte, volvió a sacar cartulina de tiempo muerto el entrenador ciudadrealeño, que observaba en el marcador de nuevo la renta de los cinco tantos, que llegó tras dos malas decisiones en ataque que supo leer la defensa rival, saliendo en avalancha sobre la portería de Giova.
A Caserío se le nubló la máquina de generar en ataque, con una precipitación que encadenó fallos que los rivales no perdonaron, saliendo a la contra mientras olían la sangre de un partido que tenían encarrilado.
A las prisas se sumó la velocidad en ataque del equipo cántabro que convertía con una facilidad pasmosa sobre una defensa que no sabía cómo plantarse para ralentizar el juego, bajando las pulsaciones de un partido que se hizo bola en los primeros quince de la segunda mitad y que siguió cuesta arriba con el paso de los minutos.
A falta de 14 para que sonase la bocina, creció la ventaja a los +8 goles de renta. Fue ahí cuando el conjunto de Jacobo Cuetara se permitió bajar el ritmo, sabedores de que hoy ya lo tenían hecho.
Al tramo final llegó Torrelavega con una ventaja de cinco goles que fueron suficientes contra un equipo que lo intentó con más corazón que cabeza y que topó contra uno de esos rivales llamados a hacer cosas grandes esta temporada.
