Brisa, Dex o Blacky, obediencia canina contra el veneno

Julia Yébenes Ciudad Real
Brisa saluda al público a la orden de Mariano Manzanares / Clara Manzano

Brisa saluda al público a la orden de Mariano Manzanares / Clara Manzano

La Unidad Canina del Cuerpo de Agentes Medioambientales de Castilla-La Mancha han hecho una exhibición en Fercatur

“¿Brisa, cuántas son dos más dos?” Cuatro ladridos. “¿Y cuántos barcos participaron en la misión de Colón en América?” Tres aullidos. Y cinco emite cuando le preguntan por el número de provincias de Castilla-La Mancha.

Dex encuentra el cebo envenenado / Clara Manzano

Dex encuentra el cebo envenenado / Clara Manzano

Es Brisa ‘la universitaria’, una de las perras de la Unidad Canina del Cuerpo de Agentes Medioambientales de Castilla-La Mancha, que esta tarde ha dado la enésima lección de obediencia, a la hora de buscar e identificar peligrosos venenos para la fauna del campo.

Ha sido en una de las actividades de la Feria de la Caza, Pesca y Turismo (Fercatur 2018), seguida por un nutrido grupo de personas, mucho de ellos niños, que han comprobado la relación de los perros con sus monitores para cumplir con el objetivo común de proteger tanto a las mascotas urbanas como a las especies del campo.

El responsable de la unidad da la mano a Brisa /  Clara Manzano

El responsable de la unidad da la mano a Brisa / Clara Manzano

Mariano Manzanares, responsable de la Unidad Canina y encargado del Centro de Recuperación de Fauna de Albacete, ha señalado a lanzadigital la importancia de la labor que realizan con estos perros -la mayoría perras- para prevenir el envenenamiento con productos fitosanitarios como aldicarb o carbofurano, además de warfarina o estridina

La actividad de estos agentes ha hecho bajar el nivel de casos, algunos judicializados y con penas de cárcel, de más de 80 de hace unos años a los 15 de media anual en la región, por “la movilización de nuestra unidad”.

Manzanares ha explicado el trabajo con los canes, con una enseñanza de recompensa, nunca con violencia o con castigos, en un adiestramiento que sólo persigue la obediencia para que huelan el veneno insertado en trozos de pollo o de cerdo, en salchichas o en vísceras, que no pueden comer.

Los perros son adiestrados con cariño en la obediencia/  Clara Manzano

Los perros son adiestrados con cariño en la obediencia/ Clara Manzano

“Trabajamos con reflejos positivos, es decir, les damos juguetes o galletas cuando cumplen con su cometido”, señala, mientras Brisa, de raza braco, dice hola o adiós con la pata o se hace la muerta.

Por su parte, el pastor alemán Dex, fuerte, resistente, con buena cabeza y, sobre todo, con buena nariz, localiza exactamente un cebo envenenado entre siete posibles puntos, al igual que el labrador Blacky, auqneu sufre lesmianosis, hace lo propio en su relación de obediencia e instinto juguetón.

Dex fue quien ayudó a localizar veneno en un domicilio en Toledo de una persona que ponía veneno en los parques, o Lori, una labradora ya jubilada, que ya ‘no trabaja’ pero que descubrió a varias aves rapaces envenenadas enterradas, y ahora es experta en hacerse la muerta.