Carlos Núñez, un druida que conduce por los múltiples estados de ánimo de miles de años de música celta

A. Ruiz Ciudad Real
Destaca que “gran parte de lo que hoy se conoce como el mundo celta se inventó o reinventó en la Península”

Destaca que “gran parte de lo que hoy se conoce como el mundo celta se inventó o reinventó en la Península”

El gaitero y flautista vigués gira con su espectáculo basado en su libro ‘La hermandad de los celtas’

“Ni yo mismo me imaginaba que hubiera tanta novedad y tanto trasfondo en el maravilloso mundo de los celtas”, asegura el gaitero y flautista vigués Carlos Núñez, que ahonda en las raíces, influencia, proyección y vigor de la música que le han convertido en un artista de reconocido prestigio internacional en el libro ‘La hermandad de los celtas’, obra que guía su espectáculo en directo con el que recaló en el Teatro Municipal Quijano.

En esta obra, refleja cómo, en el ‘universo’ celta, la Península Ibérica es el “punto clave” donde se encontraban la energía del Mediterráneo y la del Atlántico, dos estilos de vida diferentes: “Los mediterráneos con una forma de ver la vida más tangible, un final de mundo conocido, mientras que en el Atlántico todo eran preguntas, misterios, brumas”, comenta Núñez, que destaca que las investigaciones indican que “gran parte de lo que hoy se conoce como el mundo celta se inventó o reinventó en la Península” como fruto de ese encuentro entre el Mediterráneo y el Atlántico.

“Las lenguas celtas escritas más antiguas del mundo no están en Escocia, Irlanda o Gales, sino en la Península Ibérica” y hace mil años se reinventó aquí la gaita, incrementando la potencia de su sonido, novedades técnicas que fueron “un pepinazo” y que subieron por toda Europa y el Atlántico, indica Núñez, que dedicó tres años de trabajo con arqueólogos, musicólogos y lingüistas a elaborar un libro en el que se da cuenta de cómo en la Península existe, tres mil años después, una “diagonal imaginaria” que va de Cádiz al Pirineo pasando por Madrid, con zonas en las que se comparten influencias, de manera que al norte de esta línea se halla el mundo de las gaitas, instrumentos medievales y músicas celtas, y hacia abajo, el mundo de la guitarra. Esta diagonal, así mismo, es la que separa el mundo de las lenguas celtas del íbero, agrega Núñez, que resalta la riqueza de la huella celta en España. Antiquísimas músicas celtas en Zamora, Extremadura y con flauta rociera en Huelva, los dólmenes de Antequera y el santuario de Villastar en Aragón, “con dos kilómetros de fallas con poemas y canciones en lengua celta ibérica”, son algunos ejemplos de este legado, cita Núñez, que destaca cómo los sistemas musicales de las partituras del manuscrito Ap Huw, en el que aparecen las músicas celtas más antiguas conocidas de las islas británicas, se encuentran vivos en “nuestras músicas más profundas y antiguas de la Península y también en el rock and roll”.

El artista vigués resalta que la música celta permite “viajar por miles de años de música”

El artista vigués resalta que la música celta permite “viajar por miles de años de música”

El tónica doble de los antiguos bardos, una especie de ying-yang, en el que “el uno era la calma, como el azul del mar cuando no sopla brisa alguna, y el cero el blanco como la espuma y la tensión”, se hallan en estas músicas, explica el gaitero gallego, que resalta cómo los ingleses pobres llevaron la música celta a Estados Unidos, donde se mezcló con la música negra para reconvertirse, de regreso a Europa, en el pop y rock británicos.

Vivas en el rock and roll

“Las músicas celtas, incluidas las de España y Portugal, siguen vivas en el rock and roll”, con una influencia presente en muchos otros géneros como el heavy metal o el jazz, aprecia Núñez, que en directo es “un verdadero druida” para conducir al público por los múltiples estados de ánimo a los que puede llevar la música celta. El público vive en sus conciertos que, “por ejemplo, para los irlandeses es la fiesta en el pub con una Guinness; en cambio para los escoceses a lo mejor es el sueño épico de un gaitero con kilts -faldas- tocando encima de un castillo en una película como ‘Braveheart’; o para el cine americano, de pronto, en los noventa es ‘Titanic’ con baladas irlandesas soñadoras”, comenta el intérprete de la banda sonora de ‘Mar Adentro’ con temas que conectan con “lo profundo, esa cosa telúrica y oscuridad” que caracteriza al blues.

Festiva, espiritual y ligada profundamente a la naturaleza, la música celta permite “viajar por miles de años de música” y, a diferencia de otros géneros más escénicos con una clara disposición de un escenario ante los espectadores, “estos códigos no están tan claros” en esta música, de manera que “nosotros subimos al público al escenario y pasa a ser protagonista de esa comunión celta”, expone Núñez, que cita en su libro unos textos apócrifos de la Biblia en los que aparece Jesucristo liderando una danza circular mientras toca una flauta o gaita, para indicar que ese “sistema de danzas circulares y la música de flauta y gaitas se empleaba para llegar a una especie de trance”.

Conexión

La hermandad a la que se refiere el título del libro tiene que ver con la filosofía de la música celta como nexo de pueblos. “La opuesta sería que hay que pertenecer a determinada raza o grupo étnico para cantarla o sentirla. La música celta es todo lo contrario. Es como si ya hace miles de años supiésemos que el mar es la casa común de pueblos y lenguas diferentes pero siempre con el esfuerzo por conectar”.

“Esa conexión y voluntad de hermandad lleva en activo desde hace mucho tiempo. España fue construida de alguna forma utilizando un poco esa filosofía” con Alfonso X el Sabio ganando territorio hacia el sur, difundiendo las cantigas e integrando a culturas diferentes. Una filosofía que, posteriormente, viajó a América, lo que le lleva a calificar a los españoles de “maestros de la mezcla”. Al mismo tiempo, la música celta hermana a pueblos diversos como irlandeses, escoceses, galeses, bretones, españoles e incluso ingleses, pese a que Inglaterra se desconectó de lo celta por las modas y gustos estándar de la música clásica, pero en el fondo hay “un sueño común que viene de siglos y siglos porque hubo un continuo contacto a través del mar entre la Península y las islas británicas”.

Indaga en la filosofía de la música celta como nexo de pueblos

Indaga en la filosofía de la música celta como nexo de pueblos

Aunque puede haber épocas en las que esté en un perfil bajo, la música celta “nunca desaparece”. En los años ochenta, hubo destellos de sonoridades celtas dentro del rock; antes, en los setenta, influenció a los cantautores; y al final del milenio ‘se coló’ a través de la new age y el chill out, comenta el artista vigués, que muestra en su espectáculo cómo la música celta se ha ido transformando a lo largo de la historia en “la música medieval, el Renacimiento, el Barroco, viendo, por ejemplo, cómo Beethoven la entendía, para llegar a la actualidad”.

Temas de sus álbumes y músicas que aún no ha grabado como las descubiertas de bardos celtas de hace miles de años suenan en su espectáculo que cuenta con la participación de la arpista irlandesa, Ciara Taaffe, que toca arpas celtas con cuerdas de oro; y el gaitero mayor de la Pipe Band de Nueva York, Yoann Le Goff.

Raíces

Como gaitero y flautista, Núñez asegura que nunca podía haber imaginado que “fuera a tocar de esta manera con grandes de otros géneros como The Who, Sinead O’Connor o Ry Cooder”. Cuando tocaba con sus “maestros irlandeses”, The Chieftains, “de pronto aparecían por el estudio de grabación Sting o los Rolling”, recuerda el artista gallego, quien ha compartido su música con “muchísimos roqueros americanos” y ha sentido “gran respeto” por parte de ellos, quienes “sentían que las músicas de las gaitas eran las raíces de su rock and roll”.

Núñez, que defiende que en la Península “tenemos el mismo derecho que los británicos a utilizar la etiqueta de prestigio de la música celta”, considera “fantástica” a Rosalía, “una joven creadora que decide hacer música contemporánea partiendo de sus raíces, del flamenco”, y anima a que haya “muchas Rosalías”, jóvenes autores de músicas urbanas inspiradas en las tradiciones. Se trata de algo muy importante “esa conexión de la juventud con nuestros abuelos” y también urgente para que no se pierda ese patrimonio inmaterial.