Carolina Durante tiene muchas caras. Recuerda a grupos de hace cuarenta años, por una frescura compartida con artistas y formaciones de La Movida, conecta con el actual público joven, lo mismo se asocian referencias a su música de Los Nikis y Parálisis Permanente que de Juanita y los Feos, se arranca con la urgente potencia del punk o le atribuyen un himno de orgullo pijo.
“Nosotros queríamos hacer un grupo cuyos conciertos fueran divertidos y que nos gustase tocar en él. Ésas eran las únicas dos premisas” cuando arrancó el proyecto, asegura el bajista, Martín Vallhonrat, que advierte que en el concierto que darán este jueves, a las 22 horas, en la ciudarrealeña sala Zahora Magestic “vamos a tocar todo lo que tenemos”, sin ‘monólogos’ entre canciones, ni bises.
Si se los piden, “no tenemos”, ya que “nos parece poco honesto hacer 45 minutos, luego un bis, y volver a seguir haciendo el concierto, cuando tenemos una hora o una hora y cinco minutos que preferimos hacerlo del tirón, gestionarlo bien, que se quede la gente, disfrute y luego, nada, para casa”.
Llegan a Ciudad Real con la gira Vibra-Mahou por salas de todo el país que se llenan con su noise pop o ‘pop ruidoso’ que en directo agudiza su pegada punk y en las que “la gente se lo está pasando bien o eso parece cuando la vemos desde el escenario”, aprecia el bajista del grupo, que reconoce que están “en estado de gracia” y valora la buena acogida que ha tenido su primer disco de título homónimo. Tras ‘pepinazos’ como ‘Cayetano’ o ‘Perdona (Ahora sí que sí)’, el cuarteto madrileño no sintió el vértigo ante la posibilidad de defraudar.

“Nosotros nunca hemos sentido nada de eso, nosotros lo teníamos muy claro, pero sí que antes de sacar el disco parecía que estaba todo el mundo preguntándose si nos podría la presión o si íbamos a meter las canciones de los dos EPs anteriores. Pero no lo hemos hecho, ha salido bien y estamos muy contentos. La respuesta está siendo muy buena”, expone Vallhonrat, que resalta que, después de esta entrega, están “probando cosas” e “investigando” para los temas del segundo álbum que entrarán a grabar en noviembre.
El fulgurante éxito logrado por este cuarteto madrileño formado en 2017 no se lo esperaban. “Montar un grupo y tener las expectativas altas podría ser frustrante de cojones porque son procesos normalmente muy largos y, obviamente, no esperábamos esto, que es algo que no puedes ni deberías esperar nunca con un proyecto de estas características”, sostiene Vallhonrat, que asegura desconocer la fórmula con la que han conseguido conectar con tanta gente. “Igual la suerte es no tener muy clara la clave, pero hay factores que influyen: Que seamos un grupo joven ayuda, y también que tengamos muchísimas referencias compartidas con nuestro público”, así como que “nuestra actitud respecto al grupo de ir relajados, no tener pretensiones y hacerlo por diversión”, ya que es como, “de alguna manera, volver a la música divertida, en directo, a pasártelo bien en un concierto y alejarte un poco de lo épico, los grandes sentimientos y grandes ideas. Todo eso no nos interesa. Vemos la música como algo muy de diversión, de ir ahí, desgañinarte y volver a casa a tu vida normal. Creo que eso le atrae al público; el poder desfogarte en un concierto, ir a cantar, hacer tu pogo, sudar un rato y pirarte. Eso está bien”.
“Nunca hemos sido muy amigos de lo pretencioso. Creo que lo sensible y lo pretencioso no van de la mano. Puedes ser un grupo con sensibilidad y transmitir todo tipo de emociones” pero no tiene por qué ser “desde las grandes imágenes y los sentimientos enormes”. La propuesta de este grupo parte de “lo más sencillo, más pequeño, más de andar por casa”, expone el bajista de una formación influenciada por los “muros” de distorsión noventeros del noise pop y con una acidez en las letras que, a menudo, dejan del revés. “Cuando te han dejado y te duele”, puedes contarlo tal cual o “reírte un poco de ello, exagerarlo o deformar un poco el sentimiento, meterle un punto neurótico, cínico y mordaz”, enumera Vallhonrat, que reconoce que en directo el grupo lleva su música al ‘punch’ del punk, tratando de ser siempre espontáneos, intuitivos, frescos y crudos.

“Tenemos un sonido característico pero no todas las canciones van del mismo rollo. Es algo que hemos conseguido”, expone el joven músico madrileño, que resalta que, aunque les gustan grupos como Los Nikis y Parálisis Permanente, con similitudes en la forma de cantar marcando mucho las sílabas, temáticas y distorsión de guitarras, las formaciones de la época de La Movida no son su principal influencia, y se sienten más próximos a bandas que les ‘pillan’ “más cerca” como Triángulo de Amor Bizarro, Los Punsetes y Los Planetas, así como Juanita y los Feos, Airbag y Biznaga.
De estos apenas tres años de existencia del grupo, estima que lo mejor ha sido haber conocido a “mogollón de bandas a las que admiramos profundamente, viajar por toda España, conocer a gente de la hostia e ir a todos los festivales. De repente, meternos en un mundo que ya nos gustaba como de otra perspectiva y vivir todo esto entre cuatro amigos es la polla”, mientras que lo ‘más castaña’ es que, “a veces, hay que tomar decisiones muy rápido, hacer mucho en un muy poco tiempo y a veces atropellado, pero bueno hay que estar ahí al quite”.
Respecto al nombre del grupo, es “muy característico, mola” y concuerda con la formación ya que “nos pega la manera Random de decir las cosas”, agrega Vallhonrat, que recuerda que les “hizo gracia” que el cantante, Diego, le tuviera que preguntar a la chica que se llama así que “nos dejara el nombre para el grupo”.

Por curiosidades de la vida, se confunde ‘Cayetano’ con un himno pijo. Son cosas que pasan, como a Los Nikis, yo he visto a gente levantando el brazo cantando ‘El imperio contraataca’”, esgrime Vallhonrat, que reconoce que ellos le dieron ‘bola’. “La prensa vino con predisposición de dar por hecho que era un himno de orgullo pijo, como si fuéramos nosotros, nuestra vida”, la que reflejan en el vídeoclip y “le seguimos el rollo. Dijimos claro, por supuesto. Pero no, hemos dado un poco pie a que se generara confusión pero es que hay que estar un poco ciego para no ver” la ironía.
En cuanto a lo que aporta cada uno de los cuatro músicos en el grupo, resalta que Diego Ibáñez, vocalista, es “el frontman, la cara reconocible, sobre él recae gran parte del carisma del grupo, su forma de cantar y de moverse, y escribe las letras; Mario del Valle es el desastre pero dentro de su caos hace con una guitarra el papel de dos y te llena melódica y armónicamente el escenario, es el más creativo; Juan Pedrayes es un puto genio, produce, es un batera de puta madre y carismático como él solo; y yo soy el bajista, soy músculo, el Atlas del grupo que lo sostiene en la base rítmica tocando pegadito a Juan, y fuera del escenario el que realiza una labor más de albañil, la persona que se lee los contratos y hace los papeleos para conseguir el local de ensayo”.