Castañas ‘especiales’ para sobrellevar mejor un año que está pasando de castaño oscuro

A. Ruiz Ciudad Real

Las ventas son menores que otras temporadas también para los que venden castañas asadas

Santos Jesús de la Peña lleva asando castañas toda la vida. Ya lo hacía su abuelo en la frutería, “la mejor de Ciudad Real”, que tenían “desde 1915 en los Portales”, y desde hace 22 años las vende junto al quiosco situado al lado del Ayuntamiento.

Sus castañas son “especiales”, “las mejores del mundo”, y a la gente, tanto las medianas como sobre todo las grandes –de un tamaño considerable- les gusta, asegura Santos, algo que corroboran clientes, de todas las edades, que acuden cada tarde a comprarlas. “Están muy buenas, las pone muy bien y luego siempre vengo a este puesto porque es muy buena gente”, señala una señora, mientras que otra admite seguir la costumbre de sus padres y abuelos que ya le compraban a Santos al caer la tarde-noche en sus paseos por el centro de la ciudad.

Reconfortan el calor del cucurucho en las manos y el sabor de unas castañas recién asadas. “Es una tradición, bajar a la calle e ir a coger castañas”, asegura otra ciudarrealeña, que se alegra de que, aunque con un mes de retraso, les hayan dejado poner unos puestos que estando al aire libre estima como más seguros que cuando se va a comprar a superficies en espacios cerrados.

Si habitualmente la temporada se desarrolla del 1 de octubre al 28 de febrero, en esta ocasión ha comenzado a primeros de noviembre con lo que “hay mucha gente que quizás no sepa que estamos aquí pero de todas maneras es que no se ve color”, expone Santos, que en ventas calcula que están al 40 por ciento respecto a lo de cualquier año de la última década y percibe que la gente compra poco, “muchos negocios están vacíos”, y tiene temor por la actual situación económica.

Desde chiquillos que pagan con las monedas que les han dado sus padres y novios a los que nos les importa esperar los tres minutos que tarda en asar una nueva tanda hasta abuelos que acuden a por una docena como lo han hecho durante décadas, es muy variada la clientela de Santos, acostumbrado a ponerse ‘moreno’ en invierno de tanto sacar las castañas del fuego.

Hay mucha tradición de ir por la tarde-noche a comprar castañas / Clara Manzano

Hay mucha tradición de ir por la tarde-noche a comprar castañas / Clara Manzano

Al otro lado del quiosco de prensa, se encuentra el puesto de la jiennense Laura, cuya familia viene desde hace ya tres generaciones a trabajar a la Feria y Fiestas de Ciudad Real y que, en invierno, vende castañas. Del Valle del Jerte son las que asa desde hace cuatro años en el puesto “al lado de la Dulcinea” con todas las medidas de seguridad como la distancia, mampara, mascarilla, envases en el que se vierten las castañas de un único uso y el “gel hidroalcohólico que es nuestro compañero habitual hoy en día”.

Este año, entre el mes de retraso en el inicio de la temporada, que la economía está mal y la gente está “un poco ‘atemorizá’”, se está resintiendo el negocio. “La afluencia del público es bastante inferior a otros años pero hay que seguir intentándolo, qué nos queda, la toalla es lo último que se tira”.

Aunque las actuales restricciones son menores que en otras regiones, si no tienes el pensamiento de, por ejemplo, ir a tal sitio el fin de semana “¿qué te vas a comprar de ropa, qué vas a estrenar?, ¿un pijama, que seguro que ya tienes?, o si no puedes juntarte para una comida o cena especial con mucha gente ¿qué consumo de comida puedes tener, pues el habitual de tu casa y no como cuando haces una reunión que ya quieras o no pues pones unas gambitas, unas almejitas,….”, expone Laura, que ve que la gente pasea, pero son menos los que lo hacen que otros años y «no les ves con muchas bolsas de compra».