Castilla-La Mancha, cuarenta años de comunidad autónoma (I): Los primeros pasos de una región que no existía

Imagen del acto de Constitución de la autonomía de ´Castilla-La Mancha, en noviembre de 1978 en Almagro /Lanza

Imagen del acto de Constitución de la autonomía de ´Castilla-La Mancha, en noviembre de 1978 en Almagro /Lanza

El 11 de diciembre de 1978, este martes hace cuarenta años, se constituía en la localidad de Almagro la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, una “hija de la Constitución”. Echaba a nadar un proyecto que nacía prácticamente de la nada y que se ha ido forjando a lo largo de varias generaciones de políticos y de ciudadanos. Iniciamos en lanzadigital.com tres capítulos en los que se narra la etapa preautonómica –hoy-, que será seguido de otro que contará las diferentes etapas una vez constituido el Parlamento autonómico y se cerrará con una valoración de lo conseguido cuatro décadas después.

El 31 de octubre de 1978, el mismo día que el Congreso y el Senado ratificaban por amplias mayorías el texto de la primera Constitución democrática tras la dictadura, el Gobierno presidio por Adolfo Suárez daba el visto bueno al Real Decreto Ley 32/1978 que creaba la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.

Poco antes de cumplirse el mes y medio de esa fecha, el 11 de diciembre  de 1978, se constituía en la antigua Iglesia de San Agustín, en Almagro, el ente preautonómico que estaba compuesto por diputados y senadores y representantes de las diputaciones de las cinco provincias que compondrían la nueva comunidad autónoma: Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo.

También era elegido el primer presidente preautonómico de la región, el senador por Guadalajara del partido mayoritario en aquel momento, UCD, Antonio Fernández-Galiano Fernández.

En su discurso, Fernández-Galiano, según recogía en el diario Lanza en la crónica que escribía el periodista Pedro Peral, -posteriormente uno de los más conocidos representantes de la derecha provincial y regional, que fue parlamentario autonómico en varias legislaturas-, reseñaba que el tiempo que se abría iba a ser de grandes dificultades.

Al acto, previsto para las 12.30 horas, llegaban con “tres cuartos de hora de retraso”, por el inclemencias del tiempo que afectó al vuelo del helicóptero en el que viajaron, los ministros para las Regiones, Manuel Clavero, al que se le atribuye la frase “café para todos” a la hora de diseñar el futuro Estado de las Autonomías, y el de Educación, Íñigo Cavero.

A partir de ahí, todo estaba por hacer. Lo primero definir definitivamente el territorio que abarcaría la comunidad autónoma. Uno de las primeras cuestiones, la posibilidad de dejar caer en el decreto que creaba la comunidad autónoma, era si Madrid se incorporaba al nueve ente autonómico o no.

Al final se decidió que no. Blas Camacho, en ese momento diputado de UCD por Ciudad Real, miembro de la asamblea de parlamentarios del ente recién nacido, recuerda que los argumentos para la no inclusión eran que “Madrid no absorbiera políticamente” al resto de provincias, dado que, desde el aspecto económico esa absorción era ya una realidad.

Integración con Madrid

Otras dudas fueron la inclusión de la provincia de Guadalajara. Camacho recuerda que esa provincia apostaba más por su integración con Madrid. Hubo que trabajar para que mirara para Castilla-La Mancha y, en este sentido, enmarca el nombramiento del senador por aquella provincia Fernández-Galiano como primer presidente preautonómico.

Miguel Ángel Martínez, diputado socialista por Ciudad Real en la época –luego diputado europeo y vicepresidente del Europarlamento- recuerda un dato que comenta no se ha contado nunca. Castilla-La Mancha, su constitución como comunidad autónoma, tuvo que luchar contra la pretensión de muchos de crear un “Gran Madrid”, una especie de distrito federal en el que se integrarían además de este provincia, las de Toledo, Guadalajara, Ávila y Segovia.

Esta posibilidad dejaba descolgadas a Cuenca y Ciudad Real, dado que Albacete, unida física y tradicionalmente a Murcia, tenía esa posibilidad también sobre la mesa.

Martínez señala que no fue una discusión entre partidos, sino que la disputa se dio dentro de cada una de las organizaciones. Así, recuerda que los socialistas de Guadalajara y Toledo apostaban por irse con Madrid, cosa a lo que opusieron el resto de parlamentarios de este partido en el resto de provincias.

Blas Camacho y Miguel Ángel Martínez, el pasado sábado, en Almagro, en un acto organizado por el Ayuntamiento /Lanza

Blas Camacho y Miguel Ángel Martínez, el pasado sábado, en Almagro, en un acto organizado por el Ayuntamiento /Lanza

En cuanto a Albacete, según ha reconocido en una entrevista este mismo año el socialista Jesús Fuentes Lázaro, tercer presidente antes de las primeras elecciones autonómicas (diciembre de 1982-mayo de 1983), una vez ya aprobado el Estatuto de Autonomía, la precisión del que luego fuera presidente regional, José Bono, y del entonces máximo dirigente del PSOE de Albacete, Juan de Dios Izquierdo, fue fundamental para que esta provincia se incorporara a Castilla-La Mancha.

El nombre

La denominación de la nueva comunidad autónoma fue otro tema a debate de manera importante en aquella coyuntura. Partiendo de la base de que se tenía que dar vida a una comunidad autónoma que no existía –ni éramos Cataluña, ni el País Vasco, ni siquiera Galicia, reseña Martínez- hay distintas versiones.

Para Camacho y Martínez, había un elemento de partida básico: Castilla. Era una referencia ineludible para el nombre. La incorporación de La Mancha, deja diferentes versiones.

Blas Camacho señala que la zona de La Mancha ocupa un territorio que afecta a cuatro de las cinco provincia que componen la comunidad. Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Albacete.

Para Martínez, la referencia a La Mancha fue más que otra cosa un referente “espiritual, literario” relacionado con la figura de Don Quijote, un personaje que es conocido en todo el mundo, más, quizá, que el propio nombre de España.

El Estatuto

El principal trabajo de la asamblea de parlamentarios, de los presidentes preautonómicos fue la elaboración del primer Estatuto de Autonomía, que fue aprobado por el Congreso el 10 de Agosto de 1982 y que entró en vigor siete días más tarde tras su publicación en el BOE.

Hablando con Camacho y Martínez, este punto puede que le den casi menos trascendencia que a la propia definición del territorio y a la concreción del nombre de la comunidad.

En todo caso, había que dar respuesta a las necesidades de la mayor parte de la población de la nueva región. El 84 por ciento de los 915 municipios con los que contaba entonces la región se sumaron al proceso autonómico.

El Estatuto de Autonomía se empezó a elaborar en una reunión en Manzanares el 21 de noviembre de 1981 y se terminó su redacción en otra reunión de la asamblea parlamentaria en Alarcón, Cuenca, el 3 de diciembre del mismo año, apenas seis de elaboración, ya bajo la presidencia de Gonzalo Payo (presidente de febrero a diciembre de 1982),

Blas Camacho señala que para llegar al texto final se consultó con todos los sectores afectados, mientras Martínez apunta que fue un trabajo que futo su punto de referencia en el propio Congreso de los Diputados.

Allí no estuvo exento de problemas. Se presentaron dos enmiendas, las dos a la totalidad, una con petición de devolución incluida, la que presentó el entonces diputado del PCE Ramón Tamames, que todavía nadaba con la idea que Madrid formara parte de la nueva comunidad.

La segunda la presentó el Grupo Parlamentario Comunista que se basó en la falta de consenso y en deficiencias técnicas. Ambas fueron rechazadas por el acuerdo que había entre los dos grupos mayoritarios de ese momento, UCD y PSOE.

Lejos de la normalidad de la política actual

Aquella etapa de negociación para el nacimiento de una nueva comunidad autónoma, tuvo, de partida, un dato positivo. Camacho y Martínez hablan, respectivamente, con total respeto y valoración de su rival político de aquellas décadas, cosa muy lejos de la normalidad de la política actual.

Cuarenta años después, Martínez, representante de los que venían de la cárcel y el exilio, y Camacho, nacido a la política en el partido que tenía su origen en las fuerzas más jóvenes del régimen franquista, se valoran mutuamente. Fue, sin duda, una primera consecuencia positiva del nuevo tiempo que echaba a andar.