En su última exposición, hace dos años y medio en el Museo Elisa Cendrero y con obras de diferente formato, Ventura Caballero comprobó que los visitantes “se interesaban mucho por los cuadros pequeños y les llamaba mucho la atención que en una superficie tan pequeña como unas tablillas se pudiera meter tanto paisaje, llanuras tan largas y horizontes tan profundos”.
Esa apreciación le animó a conformar la idea de preparar una exposición como la que este miércoles inaugura en el Museo Elisa Cendrero únicamente de tablillas, las cuales “suelen ser utilizadas por los pintores para captar un pequeño detalle, plasmar algo que les apetece pintar y no meterse en un cuadro grande o para preparatorios de composición, encaje o color de cara a una obra de mayor tamaño”.
“En mi caso no. Pensé en eso: ¿y por qué no una exposición de obra pequeña en la que sintetizar la esencia del paisaje que pintas?”, describe el artista calzadeño, que reúne cuarenta y nueve cuadros de pequeño formato, cuadrados y rectangulares, en un recorrido que culmina con una obra, numerada como la cincuenta, de mayores dimensiones sobre la sensación de la luz y calor en un edificio tan emblemático como La Venta de Borondo.
“Yo, sobre todo, pinto la luz. La emoción es pintar la luz y sus efectos en el paisaje, toda la dinámica de luz a sombra” con sus claroscuros, comenta Caballero, que propone un trayecto por “todos los efectos que se producen en primavera, verano y otoño”. La restante estación la descarta. “Los paisajes de invierno no me apetece pintarlos”.
Todo lo contrario le pasa con el verano. En esta tierra, el estío es “muy bonito porque, aunque las temperaturas son horribles, hay grandes manchas de verde con las viñas, los rastrojos tienen un amarillo extraordinario” y los cielos de verano son magníficos. “Su luz me produce cierta emoción”.
“Salgo mucho al campo y, de pronto, te encuentras con un almendro en flor en mitad de la nada o unos reflejos de agua por Peralbillo” que transmiten una sensación que busca llevar a su obra pictórica, en este caso, con el esfuerzo de sintetizar “para contarlo en un espacio tan pequeño”.
Panorámicas y detalles de los campos manchegos, del Campo de Calatrava y de los alrededores de Ciudad Real capital, además de nenúfares pintados a partir de fotografías, se hallan en estos acrílicos sobre lienzo pegado a tablas, unas ventanitas al paisaje, en su gran mayoría del entorno, que conforman una muestra de gran diversidad en la que cada cuadro tiene “su vida propia”.
