Condenado a 10 años de cárcel por violar a su exnovia en Ciudad Real

Belén Rodríguez Ciudad Real
El acusado en la última sesión del juicio que se celebró la semana pasada / Clara Manzano

El acusado en la última sesión del juicio que se celebró la semana pasada / Clara Manzano

El tribunal da por hecho que seguía existiendo vínculo afectivo –tienen un hija en común-, pero eso no justifica la agresión sexual que considera probada por el rotundo testimonio de la víctima y las pruebas periféricas. La defensa va a recurrir

La sección de la Audiencia Provincial ha condenado a diez años de cárcel por violación a J.A.H.P., el colombiano de 26 años acusado de agredir a su expareja, con la que tiene una hija, hace dos años en Ciudad Real.

El tribunal considera que el vínculo afectivo seguía existiendo entre ellos “hasta cierto punto”,  pero entiende que en este caso ha quedado probado que J.A.H.P. forzó a su ex a la que causó moratones y lesiones compatibles con una relación sexual no consentida, no pasional o “sexo duro” como alegó él en  juicio.

Siete años y  medio de libertad vigilada

La sentencia, a la que ha tenido acceso Lanzadigital.com, recoge también pena de libertad vigilada con el contenido de prohibición de acercarse a la víctima o a su domicilio o lugar de trabajo a una distancia inferior a 500 metros, y de comunicarse con ella por cualquier medio durante siete años y medio después de la cárcel.También que el acusado se someta a programas formativos de educación sexual.

“Vamos a recurrir. Esto es un palo para mi representado que ha rehecho su vida con otra mujer y está plenamente integrado en la sociedad”, señala su abogado Ramón Alén. Esta parte insiste en las relaciones fueron consentidas como lo habían sido en al menos otras dos ocasiones al poco de cortar la relación.

Aceptó que la acompañara a casa

El acusado y la víctima convivieron cuatro años y medio hasta que cesaron su relación a finales de 2015, aunque siguieron viéndose. El tribunal cree probado que el 28 de febrero de 2016 coincidieron en una discoteca latina del Torreón con sus respectivos grupos de amigos. Juntaron las mesas, conversaron y bailaron con total normalidad, hasta que sobre las seis de la mañana ella decidió marcharse y él se ofreció a acompañarla a su casa.

En el trayecto pasaron cerca del piso de él y ella accedió a subir, pero él se transformó, discutieron en el mismo rellano de la vivienda y según la víctima el hombre empleó la violencia y la llevó hasta una habitación en la que la forzó, “me hizo mucho daño”, explicó en el juicio, y detalló que utilizó una camiseta como mordaza para que no se oyeran sus gritos, “casi me asfixia”.

El tribunal considera todo esto probado, así como que la mujer, en cuanto huyó de la casa, fue corriendo a contarle lo que le había ocurrido a un familiar que avisó a la policía y se activo el protocolo de violencia de género. La llevaron al hospital, la examinaron y a él lo detuvieron a las pocas horas con marcas de arañazos en la cara “compatibles con la defensa y la residencia que empleó la víctima”, dice la sala.

Los magistrados no le dan importancia a los mensaje cariñosos y muestras de afecto que han quedado probados de la mujer hacia su ex, y los considera normales dentro de  personas que tienen una hija en común, “pero sin que tales hechos puedan venir a justificar una valoración distinta a la ya realizada respecto de las declaraciones de la víctima”.

La fiscalía pidió doce años en este caso, sólo dos más que la condena final en la que la sección segunda ha aplicado la agravante de parentesco. El acusado también deberá indemnizar con 1.500 euros a la mujer, tal y como reclamó la abogada de la acusación particular