El cajero que redujo al atracador de El Apaño temió por su vida: “El cuchillo era como mi antebrazo”

Belén Rodríguez Ciudad Real
El atracador ha reconocido todo este jueves en el juzgado de lo Penal 1 / B.R.

El atracador ha reconocido todo este jueves en el juzgado de lo Penal 1 / B.R.

El atracador ha aceptado 3 años y medio de cárcel por robo con violencia y lesiones, y se ha quejado de las suyas (recibió dos botellazos) ante la juez. El robo se desmadró porque el malhechor no se conformó con el dinero, quería más

El hombre que atracó el viernes pasado en el supermercado El Apaño de Ciudad Real y terminó reducido por el cajero y un cliente, ha aceptado tres años y medio de cárcel y un mes de multa este jueves, a razón de 5 euros diarios, por robo con violencia e intimidación, con la agravante de disfraz (llevaba un pasamontañas), y las lesiones leves del empleado.

C.T., un reincidente de 46 años que salió de prisión hace menos de un mes, ha admitido todo, pero se ha quejado a la juez de lo Penal 1 de Ciudad Real por sus lesiones (recibió dos botellazos) y le dieron unos puntos de sutura en la cabeza. La fiscalía considera esta circunstancia dentro de legítima defensa del atracado y no ve delito, ni siquiera leve.

No esperaba un robo tan violento

“Me sacó un cuchillo jamonero como mi antebrazo de grande”, explica el perjudicado, que admite que no se esperaba “un robo tan violento”, en el que temió por su vida.

El atracado, con varios cortes en los brazos y señal de un mordisco del atracador, quiere pasar página de esta experiencia, en la que sin buscarlo, dice, terminó peleando a brazo partido con el malhechor.

“Yo quería que se fuera, pero no se iba”

C.T., según la víctima, no se conformó con el dinero de la caja, lo que tenía guardado en otra parte y su teléfono móvil, que quería más: las llaves de la tienda que lleva en el mismo llavero que las de su casa, y esto último le hizo perder los nervios. “Yo quería que se fuera, pero no se iba, así que aproveché un descuido, le cogí el cuchillo por la punta y la hoja salió volando”.

Lo siguiente fue sujetarle las manos, “pensaba que llevaba una pistola”, ha relatado a Lanzadigital.com (la conformidad ha reducido el juicio rápido a una vistilla en la que se ha dictado la sentencia de viva voz).

Le metió un dedo en el ojo antes del botellazo

“Lo traté de estampar contra una máquina, caí al suelo y él se puso encima de mí. Después le metí un dedo en el ojo, me mordió, lo tire contra la estantería de las botellas y a la que caímos cogí una botella y le di con ella en la cabeza. En ese momento le quité el pasamontañas y lo reduje”.

El empleado, que lleva un año y medio trabajando en El Apaño, pensaba avisar a la policía, pero en ese momento C.T. se vuelve a incorporar y entra un cliente, que al parecer lo vio casi todo desde el principio. Este cliente cogió otra botella y golpeó al atracador que cayó de nuevo al suelo.

Pasadas las tres y media (el atraco comenzó a las 15.14) llegó la Policía Nacional alertada por otros clientes, que no hicieron nada  por auxiliar al chaval.

“Se pasó veinte pueblos”

En esta parte del relato interviene el dueño de El Apaño, que ha acompañado a su trabajador este jueves a los juzgados, “se pasó veinte pueblos, si él coge el dinero [225 euros] y se va no pasa nada, pero quería las llaves, humillar y dejarlo encerrado”, recalca.

En esta tienda veinticuatro horas de la avenida Tablas de Daimiel de Ciudad Real han robado diez o doce veces, “pero nunca de esta forma, lo normal es que alguien coja el dinero rápido y se vaya, o se lleve productos en un descuido”.

Al cajero se le hicieron eternos –dice- las quince minutos que la Policía Nacional tardó en llegar al supermercado, mientras retenían con fuerza al atracador inmovilizado en el suelo.

Casi una semana después, y tras recibir palabras de ánimo de muchos clientes y compañeros está más tranquilo, “solo quiero volver a mi rutina”.

La sentencia de conformidad de C.T. recoge que pague 250 euros de indemnización al perjudicado y otra cantidad por los daños en la tienda y las botellas que se rompieron.