El ‘profesor’ Barreda vuelve a la Universidad: “Intelectualmente me encuentro en forma”

Belén Rodríguez Ciudad Real
José María Barreda, dando su primera clase (de máster) este martes en la Facultad de Letras / Clara Manzano

José María Barreda, dando su primera clase (de máster) este martes en la Facultad de Letras / Clara Manzano

El expresidente de Castilla-La Mancha y exdiputado por Ciudad Real retoma su actividad como docente de Historia Contemporánea en la Universidad de Castilla-La Mancha. Lo suyo siempre ha sido la “pedagogía política”, dice, “el engarce con la enseñanza”

José María Barreda (Ciudad Real, 1953) ha pasado de protagonizar la historia contemporánea de Castilla-La Mancha –y no es exageración- a enseñarla en la Universidad que él mismo impulsó como consejero de Educación del primer gobierno autonómico, en los años ochenta. Y está encantado.

“Me encuentro intelectualmente en forma, me apetece; la docencia y la investigación me gustan”, explica en una entrevista para Lanzadigital.com poco antes de dar su primera clase de máster para un grupo reducido de alumnos que trata “de cómo se ha utilizado la historia para conformar identidades”. Plena actualidad.

El expresidente de Castilla-La Mancha y exdiputado socialista por Ciudad Real hasta marzo de este año, cuando dejó la política en desacuerdo con decisiones de la dirección de su partido, ya está incorporado a su plaza de profesor titular de Historia Contemporánea en la Facultad de Letras en Ciudad Real. Comparte despacho con el historiador Francisco Alía y entrará en acción total en el próximo cuatrimestre: dará las clases relativas al siglo XIX, su especialidad.

 70 años, su meta laboral

Con edad para jubilarse se ha acogido al “privilegio del profesorado”, explica, que te permite con treinta y tres años de cotización o bien jubilarte a los 60, o seguir dando clase hasta los 70, su meta laboral.

Barreda, en dependencias de la UCLM en Ciudad Real, la universidad que impulsó desde el Gobierno de Castilla-La Mancha / Clara Manzano

Barreda, en dependencias de la UCLM en Ciudad Real, la universidad que impulsó desde el Gobierno de Castilla-La Mancha / Clara Manzano

Intervenciones políticas, como dar una clase

Puede que hayan pasado treinta y seis años desde que dio su última clase, “cursos de doctorado”, recuerda, pero no siente que haya hecho algo muy diferente. “La pedagogía política es fundamental, veo un engarce claro entre la actividad docente y la política. Es muy importante explicar las cosas, se vence cuando se convence, no se trata de imponer el criterio porque sí. Casi nunca he leído mis intervenciones públicas, salvo en algún debate más solemne, no eran improvisadas, porque me las preparaba, pero no las leía. Era como dar una clase”.

Para los que se pregunten qué necesidad tiene Barreda de volver a la enseñanza tiene dos respuestas: “Siempre he tenido claro  que es muy importante tener una red, un trabajo al que volver cuando dejas la política, eso te da una gran libertad para no comulgar con ruedas de molino”. Más en broma, responde lo que le dijo al jefe de su departamento cuando le preguntó: “Durante mucho tiempo he tenido secretario y asistente, esto me resulta muy estimulante”.

Historia y política, sus dos pasiones

Profesor de Historia Contemporánea antes de entrar en política ya era titular de esa asignatura en el Colegio Universitario de Ciudad Real (no existía la Universidad de Castilla-La Mancha), que dependía de la Universidad Complutense. “Yo era profesor de la UCM cuando formé parte del primer gobierno autonómico de Castilla-La Mancha en 1983, como consejero de Educación y Cultura”, rememora.

Se decidió porque un profesor suyo, José María Jover Zamora le animó, “ me dijo, ‘espero que el conocimiento del pasado inmediato te resulte útil en tu nueva tarea’. Ese comentario lo he tenido siempre muy presente”.

Las razones de Barreda para volver a la UCLM

Historiador de vocación la política entró en su vida cuando se marchó a estudiar a Madrid en los años setenta. “En la universidad contacté con el movimiento antifranquista, todavía vivíamos en una dictadura y la movilización generalizada era a favor de la democracia y la libertad. Forme parte de ese gran frente antifranquista que estaba en la universidad, e hice la tesis doctoral en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas dirigido por Manuel Espadas, ya como doctor gané la plaza del Colegio Universitario y saqué las oposiciones”.

Todo le dirigía a la enseñanza, pero en 1983 dijo sí a formar parte del primer gobierno autonómico. Admite que cuando asumió ese compromiso con la cosa pública pensó que sería por una temporada, “lo hice con 30 años, después las cosas se fueron complicando”.

La política, una actividad dura y absorbente

¿El poder engancha? “No, la actividad política es dura, muy obsesiva, muy absorbente, pero apasionante, por lo menos por mi experiencia. Daré algunos datos: trabajas las 24 horas del día todos los días de la semana, todas las semanas de todos los años. Olvídate de vacaciones, sobre todo cuando estás en la cúspide de la pirámide  y no puedes mirar hacia arriba, esa es la soledad del poder, cuando la última decisión te corresponde a ti, eso es estresante”.

AVE, universidad, hospital, la cara ‘A’ política

En el otro lado de la balanza pone lo “apasionante” que resulta hacer cosas por el bien común. “A veces, cuando me paseo por Ciudad Real o voy a algunos sitios, reconozco mi labor; está feo que lo diga yo mismo, pero cuando voy a la estación del AVE recuerdo perfectamente cómo conseguimos que parara en Ciudad Real de la manera que lo ha hecho. Ahora todo el mundo lo da por supuesto pero hubo que pelearlo. Cuando voy por el campus universitario recuerdo que me tuve que pelear con el Gobierno de España para conseguir la Universidad de Castilla-La Mancha que ahora es una espléndida realidad”.

El expresidente Barreda (2004-2011) también destaca el proyecto del nuevo hospital de Ciudad Real, que tuvo ocasión de inaugurar y poner en marcha, “o el otro día que me invitaron a dar una conferencia en un instituto que resulta que había inaugurado yo. Estas cosas te compensan”.

Plenamente integrado en la actividad del campus y en Ciudad Real, la ciudad en la que transcurre su vida junto con Madrid, asegura que ni aquí ni allí ha tenido una mala experiencia con nadie, “al revés, la gente es muy cariñosa conmigo”.

Ni chofer ni escolta, renunció

“El primer día que dejé de ser presidente de Castilla-La Mancha renuncié a lo me daba derecho la ley, coche, chofer, escolta y secretario. Desde entonces voy por la calle caminando como un ciudadano más y jamás he tenido un contratiempo. En Madrid hay mucho castellano-manchego que cuando me ve en el Metro y me reconoce se sorprende”.

Esa amabilidad también la ha notado en el campus de Ciudad Real, en especial entre el profesorado, “me satisface mucho que la gente conmigo sea cariñosa después de haberme dedicado a la cosa pública durante tantos años y teniendo en cuenta el nivel de desprestigio de la política y los políticos, y la campaña de desprestigio que alguna [en alusión a Cospedal] me hizo”.

Un esfuerzo con las nuevas tecnologías

Los alumnos de ahora no le asustan, pero reconoce que nota un aire diferente al que se respiraba hace treinta años, ni mejor ni peor. “La universidad no está en una campana de cristal, lógicamente la sociedad ha cambiado mucho y la universidad con ella. Lo que más noto es el uso de las nuevas tecnologías, estoy haciendo un esfuerzo con eso”.

Quiere compatibilizar las clases con la investigación y otras actividades. “Estoy escribiendo un libro y preparo una conferencia que es obligatoria cuando ingresas en el Instituto de Estudios Manchegos [el 16 de noviembre] sobre un personaje muy interesante de Ciudad Real, Diego Medrano y Treviño, que vivió entre los siglos XVIII y XIX  y fue ministro de Interior durante cuatro meses con el Gobierno de Martínez de la Rosa”.