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02 marzo 2024
ACTUALIZADO 08:34
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El salesiano Emilio Guzmán preside la Eucaristía extraordinaria de la Octava en la fiesta de Santa María, Reina

de
Eduardo Muñoz Martínez / CIUDAD REAL
El sacerdote salesiano Emilio Guzmán Romero, nacido en nuestra capital hace por ahora cincuenta y nueve años, y miembro en la actualidad de la comunidad salesiana ciudadrealeña ha presidido la solemne eucaristía en el día de la Octava de Nuestra Señora Santa María del Prado, Patrona de la ciudad, que litúrgicamente se corresponde con la de Santa María, Reina.

Concelebraron con él, -ante unos trescientos fieles-, varios sacerdotes pertenecientes al Cabildo Catedralicio, así como otros presbíteros de la ciudad. El acompañamiento musical estuvo a cargo del organista Pedro-Pablo López Hervás, al órgano, además del sacerdote Francisco Romero, dirigiendo los cantos al pueblo, y la soprano Patricia Gozalo. Ocupaban lugares destacados una representación de la Corte de Honor, con su presidenta Celia Casado Puentes; una representación de la Ilustre Hermandad, encabezada por su homónimo Francisco Pajarón López; distintos miembros de la Corporación Municipal; Inspector Jefe de la Policía Local; Teniente Coronel de la Guardia Civil; el Comandante Subdelegado de Defensa; el senador Francisco Cañizares; Pandorgo y señora y Dulcinea y sus damas, obviamente de 2019.

Homilía

Tras un emotivo recuerdo, como es costumbre cada año, para el obispo Estenaga y su secretario, Julio Melgar, asesinados víctimas de la Guerra Civil, el 22 de agosto de 1936, y la proclamación de la Palabra, Emilio Guzmán pronunció una sentida homilía, comenzando por confesar el compromiso y la responsabilidad que conlleva para un sacerdote ciudadrealeño, predicar en un día cómo éste. Por haberla venerado desde siempre, añadía, nos exhortaba a dejarla hablar, a mirarnos en su mirada, a fijar nuestros ojos en los suyos, porque los ojos hablan. Además, son el reflejo del alma: del dolor, de la esperanza, del esfuerzo…

María mira en dirección a Cristo, continuaba en otro momento el sacerdote. Es la intercesora, la que mira y habla a Jesús, por nosotros, y por Él, al Padre. Por eso necesitamos mirar a la Madre al tiempo que sabernos mirados por Ella. Hemos de escucharla, por ejemplo, a través del Magníficat.

“No tienen vino”. Le dice la Madre al Hijo. A veces, recordaba el salesiano, nos falta vino. El vino de la alegría, del compromiso… “Haced lo que Él os diga”. No podemos eludir nuestro vivir en cristiano.

Hoy también hemos celebrado, añadía el presbítero, la Coronación de María cómo Reina. Lo des siendo Madre de Cristo, y su corona la formamos nosotros. Hemos de ser conscientes y consecuentes de ello. A cambio nos ofrece al Niño. Dios con nosotros. Jesús para cada uno de nosotros.

Salve Regina e himno

Al término de la celebración, y ante las plantas de la Virgen cuyo trono presentaba un exorno floral, -al igual que cada Día de la Octava-, a base de nardos, -pagados por la muy ilustre hermandad-,  el presidente y los concelebrantes entonaron, seguidos por los fieles, el canto de la Salve Regina y del himno a nuestra Patrona a la sazón compuesto en 1924 por la monja jerónima sor Cristina Arteaga, hija de los Duques del Infantado y amiga personal del Obispo Narciso Estenaga.

Posteriormente, por parte de la Hermandad de la Santísima Virgen, le fue entregado, -a modo de recuerdo-, un precioso cuadro de la imagen al elocuente predicador.

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