Fernando Raigal, el buzo que participó en el rescate de los 12 niños tailandeses: “Todos los méritos son para el equipo de salvamento”

Carlos Monteagudo Ciudad Real

Entrevista a Fernando Raigal, el buzo ciudarrealeño y único español que participó en el amplio dispositivo que rescató a los 12 niños y a su entrenador tras estar 18 días atrapados en una cueva inundada en Tailandia.

El pasado 8 de julio Lanza publicaba en su página web una noticia bajo el título: “Un buzo ciudarreleño participa en el rescate de los 12 niños tailandeses atrapados en una cueva“. A raíz de ahí, diversos medios de comunicación se fueron haciendo eco de la misma y la ciudadanía de toda la provincia, por cercanía, y de España entera pasaron a considerar a este buzo como un héroe cuando todo el mundo tenía la mirada y el corazón puestos en la cueva tailandesa de Tham Luang, en la que 12 niños y su monitor habían quedado atrapados y donde permanecieron durante 18 días. El héroe, Fernando Raigal, de 33 años, natural de Ciudad Real y afincado en Tailandia, fue uno de los buceadores que logró sacar con vida a estas 13 personas el 10 de julio. Desde entonces, ha recibido diferentes reconocimientos, entre ellos, la Cruz de Oro de la Orden Civil que le fue concedida por el Consejo de Ministros y recibió este jueves de manos de la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, y la otra distinción, el título de Hijo Predilecto de Ciudad Real, un nombramiento que no se realizaba desde el año 2007.

Desde Lanza hemos realizado una entrevista a este héroe ciudarrealeño que arriesgó su vida para salvar la de otras 13 personas, lo que le llevó a ser un ejemplo de solidaridad que proyecta importantes valorescomo el esfuerzo, la disciplina y la lealtad a sus ideales.

P.- ¿Cómo acaba un joven de 33 años de Ciudad Real en Tailandia?

R.- La verdad es que la historia es un poco larga, pero para no aburrir te resumo. Con 18 años me metí en la Armada, que fue donde comencé en esto del buceo profesional. Después dejé la Armada y me fui moviendo por diferentes países, haciendo trabajos de buceo a gran profundidad, hasta que finalmente acabé en Tailandia, donde tengo mi base, por decirlo así, ya que muchas semanas e incluso meses me las paso en un barco, donde hago trabajos de construcción en altamar.

P.- ¿Y cómo pasas de tu trabajo a participar en un rescate extremo?

R.- Como te he contado, estoy metido en esto del buceo profesional y uno de mis exjefes, que tiene una empresa local de buceo y que fue miembro de los Navy Seal (buceador de combate de la marina tailandesa), me envió un correo electrónico para ver si podía colaborar en las labores de rescate, ya que se dieron cuenta de que las personas que estaban trabajando en el salvamento de los niños eran pocas.

P.- ¿Cómo te tomaste ese correo electrónico?

R.- Me di cuenta que no era un trabajo normal, además el correo electrónico era bastante escueto y me pedía colaboración si estaba en tierra para cogerme un vuelo e ir para la ciudad en la que se encontraba la cueva. Me reservé el vuelo, le respondí al email con los datos de mi vuelo, y al cabo de seis horas llegué a allí.

P.- ¿Qué haces nada más llegar?

R.- Me envían un coche al aeropuerto para recogerme, llego al campamento de rescate, me dan la bienvenida con un apretón de manos y me dicen: “recoge el equipo que necesites que entras en la cueva en una hora con el grupo de buzos que te hemos asignado”.

P.- ¿Tuviste miedo en ese momento?

Miedo no, simplemente te adaptas a las instrucciones. Por supuesto con respeto, porque no es algo que yo haga normalmente, porque el buceo en cuevas no es mi especialidad. Pero todo paso a paso y con seguridad que saldría bien.

P.- Se temía que los niños atrapados no pudieran salir porque se decía que el acceso al lugar en el que se encontraban era bastante complicado. ¿Cómo lo veías?

R.- Nosotros pensábamos que había unas cuantas posibilidades de sacarlos a todos con vida. Y dentro de esas posibilidades, la de sacarlos buceando era la que veíamos más viables, porque no había otra manera. Finalmente, con la suma de todos, se llegó al hecho de sedarlos, que fue la mejores de las opciones que se podían haber tomado.

P.- ¿Cómo fue y viviste el rescate?

R.- Yo llegué ahí cuando aún estaba la fase de búsqueda, ya que no se tenía constancia de dónde estaban exactamente. Una vez localizados comenzó la fase de proveer la cueva con oxígeno, víveres, material militar… Y después, cuando ya estaban localizados y se sabía que estaban vivos, el objetivo era sacarlos de ahí, que era la parte más difícil. Y bueno, la historia finalizó como se conoce, con todos sanos y salvos.

Raigal con su compañero Tim, que también participó como buzo en el rescate / Clara Manzano

Raigal con su compañero Tim, que también participó como buzo en el rescate / Clara Manzano

P.- ¿Celebrasteis cuando salió la última persona de la cueva?

R.- La verdad es que no. Apretones de mano y algún que otro abrazo, pero estábamos muy cansados. El rescate, que duró tres días, y todo el trabajo realizado anteriormente fue muy duro, por lo que estábamos sin fuerza.

P.- Tu amigo Antonio Molina fue el encargado de dar la voz de alarma, por así decirlo, de que un ciudarrealeño se encontraba participando en las labores de rescate. Entonces, todos los medios de comunicación comenzamos a contactar contigo y empezaste a aparecer en todos los periódicos, televisiones, radios… ¿Cómo te tomaste eso?

R.- Ni me lo imaginaba. Al principio lo viví un poco agobiante, no tenía tiempo para atender a todos los periodistas que contactabais conmigo porque estaba metido de lleno y entonces lo dejé ahí aparcado. No le presté mucha atención hasta que finalizó el rescate, cuando me pasé cuatro o cinco días con el teléfono pegado en la mano, que hasta mi novia me preguntaba si había vuelto o seguía allí (risas).

Raigal con sus padres, pareja y un compañero británico que también participó en el rescate / Clara Manzano

Raigal con sus padres, pareja y un compañero británico que también participó en el rescate / Clara Manzano

P.- En esta semana el Gobierno de España te ha concedido la Cruz de Oro de la Orden Civil y el Ayuntamiento de Ciudad Real te ha nombrado Hijo Predilecto de tu ciudad natal. ¿Cómo te lo estás tomando?

R.- Me lo tomo con mucho honor, pero todos los reconocimientos que se me están dando es por todo el equipo, los 100 buzos que participamos, las 1.000 personas que estaban en el operativo, los granjeros que nos acogieron para darnos techo y comida de manera altruista… fue una movilización muy grande y estos reconocimientos son para todos ellos también.

P.- ¿Cuál es la experiencia más satisfactoria que te has llevado del rescate?

R.- La hermandad. La amistad que he hecho con la unidad que me adoptó, los ex Navy Seal, los buzos de diferentes clases que allí estábamos, en definitiva con todos los que participamos.

P.- ¿Y la peor experiencia?

R.- La muerte de Samarn Kunan, el buzo que falleció durante las labores de salvamento. Y la verdad que si hay un héroe de esto es él, que dio la vida por este rescate.