García Consuegra habla de la gripe más devastadora que ocasionó hace un siglo que murieran 50 millones de personas

A. Ruiz Ciudad Real
Participó en el IV Ciclo de Historia Local de la Provincia que se celebra en la Biblioteca / J. Jurado

Participó en el IV Ciclo de Historia Local de la Provincia que se celebra en la Biblioteca / J. Jurado

El caso más grave en la provincia fue en Porzuna donde prácticamente la mitad de la población enfermó y falleció uno de cada diez habitantes

El historiador daimieleño Mariano García Consuegra disertó este lunes en la Biblioteca Pública del Estado sobre la devastadora gripe que ocasionó hace un siglo la muerte de 50 millones de personas en el mundo.

La denominada ‘gripe española’ de 1918, porque en el entorno de conflicto de la I Guerra Mundial los medios de los países en conflicto no abordaban con profundidad esta problemática que sí se exponía en la prensa española, es “la última pandemia de la humanidad”, con consecuencias “más graves” en términos de mortalidad anual que la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En España, hubo en los doce meses de incidencia unos 260.000 muertos, con lo que si se estima desde el punto de vista de un porcentaje anual fue más destructiva que la Guerra Civil, en la que en tres años, según los historiadores, entre 400.000 y 500.000 personas perdieron la vida.

“Fue una mutación genética de un virus y a la bacteriología la pilló con el pie cambiado. Precisamente cuando se estaban imponiendo los avances científicos, apareció esta plaga” y los descubrimientos que había realizado la Medicina parecía que se venían abajo porque “no se daba con un remedio para acabar con esta enfermedad que llegó a todos los rincones del globo”. A excepción de alguna isla, como la de Santa Elena, a la que no terminó por afectar, esta gripe A llegó a todos los rincones del globo, desde Alaska a Nueva Zelanda, pasando por Sudáfrica, China y América del Sur, comentó el historiador, que resaltó que entre las especificidades de esta pandemia están que los brotes se repitieron a lo largo de doce meses, de manera que a gente que “inmunológicamente se pudo defender del primer brote, le afectó el segundo o el tercero”; y que ataca, a diferencia de la gripe ‘habitual’ que hace mella principalmente en las personas más desfavorecidas inmunológicamente como los ancianos e incluso los niños, a jóvenes y adultos, las personas con más defensas, “con las consecuencias económicas, demográficas y sociales que conlleva perder a las personas en edad de procrear y que mantienen a los otros dos grupos, niños y ancianos”.

Se estima que la mortal gripe de 1918 surgió en un estadounidense centro de reclutamiento de Kansas y que, con el movimiento de tropas de la Primera Guerra Mundial, pasó a Europa, donde se expandió, entre otros motivos, con el intercambio de prisioneros. A principios del siglo XX, había un gran comercio e intercambio tanto de mercancías como de viajeros, lo que explica su rápida expansión en tan poco tiempo, comentó García Consuegra, que indicó que en España “entre el 15 y 20 por ciento de la población española enfermó, no tanto por gripe sino por las consecuencias asociadas como los problemas respiratorios como bronconeumonía, pulmonías y catarros”.

En Ciudad Real, afectó a prácticamente toda la provincia “si no un brote, el siguiente y con casos tremendos”, siendo el más grave es el de Porzuna, ya que “en un población de 3.000 habitantes en octubre de 1918 murieron más personas que en Ciudad Real capital”. Mientras que en la provincia de Ciudad Real murió en torno al 13 por mil de la población, en Porzuna lo hizo el 12 por ciento, uno de cada diez habitantes” y “prácticamente la mitad de la población enfermó”.

La mortalidad en la provincia fue algo más elevada que la media del resto de España a consecuencia de la gripe A cuyo primer brote fue en torno a abril-mayo de 1918 y tuvo su último brote en torno a marzo de 1919, indicó el historiador, que resaltó que la profilaxis y el higienismo siguen siendo las mejores armas contra esta devastadora gripe.