Irene Lázaro se mete en la piel de ‘Maruja, asesina de mosquitos, ratas, torturadores y verdugos’

A. Ruiz Ciudad Real
Retrata muchas de las cuestiones que afectan a las amas de casa

Retrata muchas de las cuestiones que afectan a las amas de casa

Representará la obra de Miguel Palacios con dirección de Carlos Alonso Callero en el Teatro de la Sensación

La compañía andaluza Efímera Teatro representará este sábado 9 de febrero, a las 21.30 horas, en el Teatro de la Sensación el montaje ‘Maruja, asesina de mosquitos, ratas, torturadores y verdugos’, obra de Miguel Palacios dirigida por Carlos Alonso Callero e interpretada por Irene Lázaro.

La pieza está protagonizada por Maruja, una mujer normal: casada y con hijos, suegra, padre y perro. Una mujer que hace tiempo se olvidó de sí misma en beneficio de todos los demás, que se sacrificó por su familia para ser feliz, como le enseñaron sus padres, sus maestros y el cura de la parroquia. Pero no, Maruja no es feliz. Porque Maruja es una esclava de su marido, una esclava de sus hijos, una esclava de su suegra, una esclava de su padre y de todos sus ancestros; una esclava hasta del perro. Y lo peor es que, por encima de todo, Maruja es una esclava de sí misma.

Y así hubiese podido seguir hasta el día de su muerte. Sin embargo, una mañana, Maruja se dio cuenta de la mentira en que vivía y tomó las riendas de su vida. Cruzó su Rubicón, se convirtió en una asesina de mosquitos, ratas, torturadores y verdugos.

‘Maruja, asesina de mosquitos, ratas torturadores y verdugos’, de Miguel Palacios, es un espectáculo que habla sobre una realidad: la vida de nuestras amas de casa. “Maruja representa el sacrificio y el trabajo que no es valorado en esta sociedad kafkiana que hemos construido”, indica la compañía.

“Desde la puesta en escena hemos creado un producto diseñado para que el público se remueva en la butaca. Estamos ante una bomba de relojería. Maruja es una bomba de relojería a la que se le ha acabado el tiempo y explota frente al espectador. Las ‘marujas’ son el pegamento de nuestra sociedad. Mi puesta en escena es un alegato a favor de la mujer que se pasa 24 horas cuidando de su familia sin recibir nada a cambio. Nuestro espectáculo es una montaña rusa de sensaciones inesperadas para el público. Una caja llena de sorpresas”, expone el director.

“La dirección va en esa línea, potenciando una iluminación experimental y expresionista que irá evolucionando con los acontecimientos terribles e hilarantes que se cuentan. Con mínimos elementos escénicos (sábanas blancas colgadas al viento en último término, pigmentos, etcétera) crearemos el espacio opresor que necesitamos. También nos apoyaremos en proyecciones y trucos visuales cercanos a la magia escénica para contar lo que nos propone el dramaturgo”, resalta.

“Cualquier ama de casa del público se sentirá salpicada con los avatares de nuestra Maruja, que está sola en el escenario, un espacio con mínimos elementos y el resplandor del hombre de la televisión, ese que nos da todos los días noticias tristes. Buscamos la poética y la plástica para nuestra intérprete, sola ante el mundo. Solo la acompaña el ruido de fondo que todos arrastramos”.

Ese ruido de fondo que es la angustia y en este espectáculo se transforma en los diferentes mosquitos que atacan a la protagonista. Esa angustia judeo-cristiana que ataca siempre cuando “intentamos liberarnos”.  Se trata de un espectáculo sólido, poético, hilarante, y liberador. “Muchos espectadores que se verán como en un cristal saldrán haciéndose preguntas sobre Maruja, asesina de mosquitos, ratas torturadores y verdugos. Nuestro producto es un canto a la libertad”, asegura.