Jarlins, una joya sin herederos

Aurora Galisteo Ciudad Real

Es uno de los establecimientos más antiguos de la ciudad y el único que sigue desarrollando su actividad como comercio mayorista y minorista en la provincia desde hace 70 años. Adentrarse en esta casa solariega del número 10 de la calle Ciruela es retroceder al pasado. 2.000 metros cuadrados de superficie divididos en numerosas estancias, repletas de estanterías con cajas donde se guarda todo el género, 100.000 referencias en textil, de señora y de caballero, pantalones, camisas, ropa de interior, pijamas, batas, ropa de trabajo, para el hogar, mantas, sábanas, toallas, cortinas, etc, hasta bobinas de hilo o cremalleras, todo perfectamente organizado y dejando entrever la antigua vivienda, de más de 200 años de antigüedad, baldosas, vidrieras, ventanas, forjados, columnas y grandes vigas de madera… una inesperada maravilla

Vicente Rivas Rojas es el propietario de los Almacenes Jarlins que este año cumplirán 70 años siendo uno de los pocos almacenes de textil que aún quedan en España y el único que sobrevive en la provincia de Ciudad Real. Y según nos cuenta, poco o nada ha cambiado en este tiempo.

Vicente Rivas Rojas es el propietario de los Almacenes Jarlins / J. Jurado

Vicente Rivas Rojas es el propietario de los Almacenes Jarlins / J. Jurado

“Los Jarlins es un negocio familiar que fue creado por mi padre que se inició en esto del comercio con solo 9 años, y lo hizo en un antiguo almacén de Miguelturra, Almacenes Magón”, explica Vicente Rivas quien añade que en cuanto tuvo edad su padre se hizo viajante. “Lo montaron en una bicicleta, con tres cubetas, con la que recorría toda la provincia vendiendo el género a los pueblos”, añade.

Años más tarde, Manolo Magón decidió trasladarse a Ciudad Real y el padre de Vicente se quedó con su tienda en Miguelturra. “Ahí prosperó, creció un poco y se asentó”, añade Vicente Rivas quien explica que fue en el año de 1950 cuando su padre decidió, junto a otro socio, abrir los Almacenes Jarlins.

Curioso nombre

Lo del nombre, Jarlins, nadie lo sabe ni se lo explica. Vicente comenta, entre risas, que nadie conoce por qué le pusieron ese nombre, muy poco común para la época. Y cuenta la historia de un viajante al que le gustaba aventurarse con los nombres en inglés y que de ahí puede derivar lo de Jarlins.

La primera ubicación de los almacenes fue justo enfrente de donde se encuentran ubicados actualmente. Entonces la calle se llamaba Alfonso X El Sabio. Posteriormente se le cambió el nombre a Ciruela. “Empezaron, de alquiler, en un edificio que había de ladrillos colgados. Posteriormente, se trasladaron hasta este lugar que, con anterioridad, había sido la Cooperativa Ferroviaria, un negocio que se vino abajo cuando los trenes dejaron de ser de carbón y se redujo, masivamente, la mano de obra. La cooperativa quebró y le embargaron las propiedades”, añade.

Vicente Rivas recuerda que en esta cooperativa había bodega, que se mantiene intacta en el negocio actual, había almazara de aceite y dependencias para abastecer de alimentos a toda la provincia. “Mi padre y su socio se quedaron con el embargo de la parte de abajo del edificio para poner su negocio, tras crear una sociedad que se llamaba Rivas y González”.

Posteriormente, los dos socios se separaron en los años 80 y se dividió el local en dos partes. “Nosotros continuamos con el nombre y, con el tiempo, y tras el cese de actividad del socio, nos hicimos con su local y con la vivienda de arriba”.

Una vivienda con más de 200 años

Sobre la vivienda de arriba, recuerda que era de un conocido médico, Vicente Almagro, y de su mujer, Milagros Gil.

“Cuando empezamos nosotros a trabajar aquí fuimos, progresivamente, alquilando las tres viviendas que había en la parte superior que es donde ahora tenemos el grueso del almacén. Según me explicó a mí el anterior propietario, la vivienda tiene más de 200 años; era una gran casa de labor, con una enorme puerta de entrada para el paso de carruajes, un patio interior, había carboneras, almazara, bodega…”, añade Vicente Rivas quien indica que la parte de atrás del inmueble, el corralón y otras dependencias, son de otro propietario.

Un almacén con 100.000 referencias

Nos adentramos, junto a Vicente, en el enorme almacén. Vamos pasando de una estancia a otra, repletas de género. La habitación de los calcetines, de las medias, de la corsetería, preciosos muebles donde guarda las cremalleras o los hilos.

Escaleras y puertas de madera, suelos con distintos tipos y dibujos de baldosas, vidrieras, ventanas y contraventanas, forjados, carretillas, una impresionante chimenea, mostradores y viejas columnas, elementos que han sobrevivido al paso del tiempo y que formaban parte de esa antigua vivienda.

Recuerda que en el inicio de la actividad, en los años 50, era un almacén de ventas al por mayor, con atención también al público, y aquí se vendía de todo: mercería, interiores, plásticos, droguería, artículos de regalo… puesto que la base del negocio de estos almacenes era el mantenimiento de las tiendas de los pueblos con un difícil acceso a las grandes ciudades, porque había pocos vehículos y muy malas carreteras.

“Todo lo que se vendía en los pueblos salía prácticamente de este tipo de almacenes que había muchos. Por ponerte un ejemplo te diré que hace 30 años había en la provincia veinticinco almacenes de ventas al por mayor ligados al textil. Ahora quedo yo solo”, explica Vicente.

El almacén fue creciendo, ampliando sus productos, y ahora mismo ofrecen de todo: hogar, bebé, interiores, corsetería, lencería, paquetería (braguitas, calzoncillos, calcetines), etc, “y seguimos abasteciendo a las tiendas para que ellas no tengan que tener estocaje”.

70 años de éxito

El éxito de los Jarlins está en el trabajo, afirma Vicente Rivas. Recuerda que su abuelo era un hombre de campo, no tenía nada, y trabajó contratado en una finca agrícola para hacer vino. “Con un sueldo miserable tuvo 16 hijos –recuerda-, lo que obligó a que todos, mi padre y mis tíos, con muy corta edad empezaran a trabajar. Mi padre comenzó con las manos desnudas y fue creando, a base de trabajar muchas horas, todos los días, y no gastando. La única dinámica es esa: si quieres producir tienes que crear más que gastas”.

El objetivo de su padre era crear un negocio con potencial suficiente para mantener a sus trabajadores. “Ese dinero que él podía haber disfrutado en viajes o lujos lo guardaba para llenar las estanterías del almacén, para tener un respaldo a la hora de vender”, explica.

Y la filosofía de los Jarlins en la actualidad es la misma.

Vicente tiene nueve empleados actualmente, después de que se jubilaran varios, un ejemplo de perseverancia en un sector, el del comercio, que vive sus horas más bajas.

Recuerda que en Ciudad Real llegaron a contabilizarse 25 almacenes como el suyo. Algunos de los más conocidos aquí en la capital, De Los Reyes, Magón, Palacios, Tomogar, Anfe…. “Las ventas también han bajado muchísimo en los últimos años; yo actualmente lo mantengo con esa estantería que no me he comido y si he tenido que hacer una inversión la he hecho a 30 años y con hipotecas y préstamos”.

El santo y seña de los Jarlins

La base de los almacenes, que antaño estaban sometidos a una competencia tremenda, era dar calidad. “Nosotros venimos de una época en la que primaba la calidad y el servicio. De hecho, nosotros estamos en pie porque en la época de bonanza, cuando se vendía mucho y bien, no entramos, como sí hicieron otros muchos almacenistas, a convertirnos en fabricantes. Un almacén es, y debe ser, literalmente, una despensa donde los comerciantes vienen a reponer las faltas que tienen para no tener que hacer una inversión muy grande en producto y evitar así que se descapitalicen”, añade el propietario de los Jarlins.

Y la calidad sigue siendo el santo y seña de estos almacenes. “Todo lo que podemos encontrar de fabricación nacional viene a mi almacén. Si compramos algo de fabricación exterior es controlado por fabricantes españoles y con patronajes españoles para mantener esa calidad nacional que está desapareciendo”.

Calidad a la que hay que unir el buen servicio y el respaldo de que siguen funcionando como un aval para sus clientes.

“Servimos género a todas las tiendas que quedan en la provincia, tocamos casi toda la provincia de Toledo, y algo de las colindantes, Jaén, Córdoba o Extremadura”, explica Vicente.

También venta al por menor

En dos zonas diferenciadas, los Jarlins también venden al público desde sus inicios. En la tienda se ofrece, a precios muy ajustados, todo el género de que disponen en los almacenes. Y en la otra tienda, que Vicente llama el baratillo, liquida los restos de la mercancía, por debajo del precio de coste, algo que contribuye a aliviar las estanterías.

La crisis del comercio

La aparición de las grandes superficies primero, los “chinos” y la venta online, después, han producido una reconversión del comercio, que no una crisis, en opinión de Vicente, que motivó que muchos almacenes cerraran. No sucedió así con Jarlins, el único que sobrevive en Ciudad Real.

El comercio de mostrador tiene los días contados

A juicio de Vicente Rivas, el comercio se tiene que reconvertir y adaptarse a los nuevos tiempos. “Si el comercio de mostrador ahora no funciona tendrá que ir desapareciendo; estoy convencido de que tal y como lo conocemos el comercio actual tiene los días contados. La venta principal ahora mismo es online, ventas que ya no se hacen en los comercios”

“A los Jarlins le queda muy poco tiempo porque, progresivamente, yo lo veo, la actividad del comercio, del mío y del de todos, va decayendo, también el de las franquicias, que hoy en día están mandando a sus propios clientes a comprar en su web”. Además, añade Vicente, de momento, los Jarlins no tienen heredero. Ninguno de sus hijos ha querido continuar con el negocio familiar porque no le ven futuro.

No obstante, Vicente echa la vista atrás y se siente muy orgulloso del trabajo que ha dado. Sus empleados entraron en el negocio, algunos de ellos siendo niños, y aquí han formado sus familias y prosperado en la vida y éste, para él, es el mayor éxito que ha podido conseguir.