La buena gente

Quisiera recordar a cuatro personas que hemos perdido en los últimos meses: Luis Miguel Maza, Rafael  González, Rafael de los Reyes y Manuel Morales Bonilla. Gentes de esta ciudad a las que he conocido por sus actividades profesionales, sus trabajos y su forma de vivir

Los urbanistas, los arquitectos los geógrafos estudian las ciudades por sus estructuras urbanas, sus edificios, sus trazados y su realidad física. Ciudades construidas a lo largo de los siglos, levantadas sobre lo anterior que se demuele y se vuelve a levantar, que se renueva, se modifica y se altera. Pero siempre va quedando algo que nos permite reconocerla y sobre  todo reconocernos a nosotros mismos en ella. Pero si en las ciudades son importantes sus elementos materiales lo esencial son sus gentes.
Ciudad Real no es una ciudad de buena arquitectura ni de buenos trazados urbanos. No hemos sabido conservar bien los elementos que podían haber creado una ciudad más amable y más bella. Y sin embargo, es una ciudad donde se vive de forma agradable, por su escala, la posibilidad de servicios que han ido mejorando en diferentes etapas de su desarrollo y sobre todo por sus gentes.
Una ciudad conservadora, en la que el respeto mutuo y la tolerancia permiten una convivencia amable en el conocimiento y el respeto de los demás. Probablemente si tuviera que elegir una cualidad de mi ciudad elegiría esa capacidad de respeto mutuo que tradicionalmente se ha tenido a los demás en la diferencia de pensamiento y de formas de entender la vida. Sobre todo cuando esa diversidad se ha ido haciendo más amplia por la apertura cultural, por la pluralidad política de la democracia y por la presencia de instituciones y recursos que nos permiten una apertura al exterior cada día más amplia y diversa. Un valor que deberíamos conservar por encima de diferencias políticas de formas de pensamiento y de vida que pueden y deben ser cada día más diferenciadas y plurales.
Por ello cuando desaparecen personas, amigos, conocidos que han sido parte de la vida de la ciudad algo de su esencia va desapareciendo. Se renuevan las generaciones, las personas y las posibles aportaciones. Pero la presencia de personas que han construido la ciudad desde diferentes ámbitos, con aportaciones diversas en funciones muy diferentes es esencial para su vida. Y por ello hoy quisiera recordar a cuatro personas que hemos perdido en los últimos meses: Luis Miguel Maza, Rafael  González, Rafael de los Reyes y Manuel Morales Bonilla.
Gentes de esta ciudad a las que he conocido de diferente forma por sus actividades profesionales, por sus trabajos y su forma de vivir en esta ciudad nuestra. En diferentes etapas de la vida y en distintos momentos pero siempre en esa amabilidad de la ciudad que entendía generosamente la capacidad de convivir, de respetar y de aportar al conjunto de la misma.
Y buscando algo que pudiera definir y unir a personas muy distintas en ideología, en trabajo y en la forma de desarrollar su actividad he vuelto a encontrar en Bertolt Brecht  un poema que creo puedo dedicar a todos y cada uno de ellos.
Una Canción de la Buena Gente.
A la buena gente se la conoce
en que resulta mejor
cuando se la conoce. La buena gente
invita a mejorarla, porque
¿qué es lo que le hace a uno sensato?. Escuchar
Y que le digan algo.

Pero, al mismo tiempo
mejoran al que los mira y a quien
miran. No sólo porque nos ayudan
a buscar comida y claridad, sino, más aún,
nos son útiles porque sabemos
que viven y trasforman el mundo.

Cuando se acude a ellos, siempre se les encuentra
Se acuerdan de la cara que tenían
cuando les vimos por última vez.
Por mucho que hayan cambiado
Pues ellos son los que más cambian
aún resultan más reconocibles.

Son como una casa que ayudamos a construir
No nos obligan a vivir en ella,
y en ocasiones no nos lo permiten.
Por poco que seamos, siempre podemos ir a ellos,
Pero tenemos que elegir lo que llevemos.

Cometen errores y reímos,
pues si ponen una piedra en lugar equivocado
vemos al mirarla,
el lugar verdadero.
Nuestro interés se ganan cada día, lo mismo
que se ganan su pan cada día.
Se interesan por algo
que está fuera de ellos.

La buena gente nos preocupa.
Parece que no pueden realizar nada solos,
Proponen soluciones que exigen aún tareas.
En momentos difíciles de barcos naufragando
de pronto descubrimos fija en nosotros su mirada inmensa

Aunque tal como somos no les gustamos
Están de acuerdo, sin embargo, con nosotros.

En esta ciudad hay buena gente aunque algunos se esfuercen por enfrentar posiciones o plantear más conflictos que encuentros. Un valor a defender y conservar. Pero hay gentes que se han marchado y dejan huecos importantes en la vida de nuestra ciudad. Hace poco recordaba esas palabras duras de Rafael Chirbes: “Si no sabes dónde vas ningún camino es bueno. La vida humana es el mayor derroche económico de la naturaleza: cuando parece que podrías empezar a sacarle provecho a lo que sabes, te mueres y los que vienen detrás vuelven a empezar de cero…”. Pero algo de eso no es verdad, sus aportaciones profesionales y personales han sido importantes para la ciudad. Hemos recibido sus enseñanzas, su presencia y su saber hacer en la vida de nuestra ciudad. Y por ello queda su recuerdo impregnado nuestras calles y nuestras vidas.