La dislexia, un problema invisible y desconocido

Aurora Galisteo Ciudad Real
Javier Agurruza, un joven afectado de dislexia que pide más medios en colegios e institutos para enseñar y evaluar a alumnos como él /Elena Rosa

Javier Agurruza, un joven afectado de dislexia que pide más medios en colegios e institutos para enseñar y evaluar a alumnos como él /Elena Rosa

La dislexia es una Dificultad Específica de Aprendizaje (DEA) que afecta a la comprensión en lectura y escritura. Al ser un trastorno difícil de detectar, en la mayoría de los casos se confunde con una distracción del alumno, por lo que la falta de diagnóstico es uno de los problemas más frecuentes en quienes sufren esta dificultad. Desde hace poco más de un mes se ha constituido en Ciudad Real DIXCR, Asociación de Dislexia y otras Dificultades Específicas del Aprendizaje de Ciudad Real, con el objetivo de hacer visible este trastorno y concienciar a la sociedad en general, y a la comunidad educativa en particular, sobre esta dificultad en el aprendizaje que afecta a más de un 10% de la población

Susana Loro Polo es una joven entusiasta, madre de un niño de 9 años que padece dislexia, que se ha animado a trabajar duro para dar a conocer un problema invisible y desconocido como es la dislexia. Desde hace poco más de un mes preside DIXCR, Asociación de Dislexia y otras Dificultades Específicas del Aprendizaje de Ciudad Real, junto a Miguel Javier Agurruza, vicepresidente, y María Inmaculada García Muñoz, secretaria.

En una entrevista concedida a Lanza, explica que la dislexia no se relaciona con el nivel de inteligencia ni con dificultades físicas, motrices, ni visuales ni de ningún tipo; sino que al contrario quienes tienen esta DEA presentan un desarrollo cognitivo normal. “Sin embargo, la dislexia es una de las principales causas de abandono y fracaso escolar, y se calcula que en cada aula hay entre dos y tres niños con trastornos de aprendizaje, el 80% con dislexia”, explica.

Susana Loro Polo es la presidenta de la Asociación de Dislexia y otras Dificultades Específicas del Aprendizaje de Ciudad Real /Elena Rosa

Susana Loro Polo es la presidenta de la Asociación de Dislexia y otras Dificultades Específicas del Aprendizaje de Ciudad Real /Elena Rosa

Susana Loro añade que existen distintas formas de dislexia, aunque todas tienen que ver con la dificultad de desarrollar habilidades lingüísticas como la gramática, comprensión de textos y escritura. Una de ellas afecta la lectura y ortografía y otra complica la habilidad de escritura o de distinguir la izquierda de la derecha; generando confusión en el orden de las letras, silabas, palabras e incluso dificultad para realizar operaciones matemáticas.

“Se trata de un trastorno neurológico persistente que se puede mejorar trabajando con logopedas y orientadores y con las herramientas adecuadas; cuando la persona tiene dificultades con la lectura se denomina dislexia, si las dificultades son con el cálculo hablamos de discalculia y las dificultades en la escritura se denominan disgrafía “, indica.

Diagnóstico temprano

Para corregir esta dificultad de aprendizaje es fundamental el diagnóstico temprano. “El principal problema radica en que en general no se detecta fácilmente y al contrario se suele atribuir el problema a la falta de atención e interés del niño. Además, la detección debería hacerse en los primeros años”, añade Susana Loro.

La dislexia no es una enfermedad, ni una discapacidad, sino una dificultad de aprendizaje que se estima afecta a un 10% de la población. Susana Loro explica que los niños con dislexia aprenden de una manera diferente y es necesario, también, enseñarles en los colegios de otra forma. En este sentido recalca el sufrimiento que padecen estos chavales que aprenden, porque tienen capacidad y se esfuerzan mucho, para obtener, la mayoría de las veces, escasos resultados académicos.

También como madre de un niño que padece dislexia, alza la voz para enfatizar la importancia de enseñar a estos niños de otra forma, necesitan un plan de trabajo individual, y recuerda que corresponde a la administración proponer las adaptaciones que a ellos les hacen falta, tanto en su metodología de aprendizaje como en la forma de evaluarlos.

En este sentido añade que a nivel educativo faltan formación y medios estando aún muy lejos de ofrecer una atención integral y de calidad a los afectados en colegios e institutos.

“El principal caballo de batalla es dar a conocer este trastorno y exigir más medios y formación en Educación. Al no ser una discapacidad, o una enfermedad, visible no recibe ningún apoyo. Los profesores no están formados en la materia y la administración no cubre ninguna de las terapias que son imprescindibles para evitar el fracaso escolar, o el abandono, de los niños que padecen dislexia”, añade.

Desde la Federación de Dislexia de Castilla-La Mancha, de la que también forma parte DIXCR, se han realizado numerosas aportaciones al decreto que está redactando el Gobierno regional para regular la inclusión educativa del alumnado en Castilla-La Mancha.

Javier Agurruza, afectado de dislexia, quiere estudiar Periodismo /Elena Rosa

Javier Agurruza, afectado de dislexia, quiere estudiar Periodismo /Elena Rosa

Objetivos de la asociación

Precisamente, entre los objetivos de DIXCR figuran explicar a la sociedad que los trastornos de aprendizaje ocasionan un gran número de fracasos escolares que podrían ser evitados siguiendo las estrategias adecuadas.

Otra labor importante que se ha marcado para los próximos meses Susana Loro es sensibilizar a los responsables de educación sobre las particularidades de los alumnos con estas dificultades y solicitar su colaboración en la búsqueda de estrategias que ayuden al éxito educativo de los estudiantes afectados.

En este sentido explica que la asociación, que integra ya a 52 socios de toda la provincia, cuenta con profesionales que colaboran dando apoyo y diagnosticando el trastorno. Aunque aún no tienen sede propia, los sicólogos y logopedas que colaboran prestan sus despachos para atender a los afectados y a sus familias.

De igual manera, la asociación se está implicando mucho en el ámbito educativo, sensibilizando al profesorado y solicitando su colaboración tanto para la detección temprana como para la aplicación de las adaptaciones necesarias para estos alumnos y, de hecho, ya se ha impartido un taller para la comunidad educativa del colegio San José de Ciudad Real.

La asociación DIXCR cuenta con una dirección de correo electrónico, infodixcr.gmail.com, y un blog, https://dixcr.blogspot.com.es donde se puede solicitar información y apoyo.

Superar obstáculos y afán de superación

Javier Agurruza quiere ser periodista, tiene muy claro que le gustaría dedicarse al periodismo deportivo o relacionado con el medio ambiente. Tiene quince años y padece dislexia. Explica que él recuerda como al principio confundía las letras b y p, o y a, “y a veces, a la hora de hablar en clase, leyendo, me comía una palabra y ponía otra, me salía solo”, afirma en una entrevista concedida a Lanza.

Los primeros años no fueron nada fáciles. Javier no contaba con ninguna estrategia y, a pesar de que estudiaba mucho, los resultados, las notas, nunca eran las esperadas.

Fueron años de escuchar muchas veces que no prestaba atención o que no trabajaba lo suficiente hasta que la dijeron que tenía dislexia. Desde ese momento, y con la ayuda de profesionales, le enseñaron herramientas para corregirlo, no siempre es fácil, y se encontró también, él y su familia, con bastantes dificultades en el colegio donde cursaba la Primaria.

“En los primeros años, en el cole, no me facilitaban la tarea; ya fue en quinto o sexto curso cuando algunos profesores empezaron a no contarme las faltas de ortografía, sobre todo en lengua que es una de las asignaturas que más me cuesta junto con el inglés”, explica.

Destacaba en Historia y Ciencias Sociales y recuerda a algunos de los profesores, Nieves y Chema, que, gracias a su afán por atender y entender este trastorno, le hicieron del aprendizaje una tarea más fácil.

“Reescribía las palabras una y otra vez hasta que me las aprendía; mi problema es sólo con la ortografía y había profesores que me preguntaban en clase, de forma oral, y eso lo tenían más en cuenta que las notas del examen escrito. Eso me ha facilitado las cosas”, cuenta Javier Agurruza.

No duda en afirmar que hay muchas estrategias que pueden seguir los profesores para enseñar y evaluar a los alumnos con dislexia. “Si los exámenes son orales es mucho más fácil; también poner muchos ejemplos en clase nos ayuda y, a mí personalmente, me facilita mucho que la letra de los exámenes sea más grande de lo normal y que entre frase y frase se deje más espacio, así me desenvuelvo mejor”, explica.

Ahora, Javier Agurruza ya está en el instituto donde, tal y como marca el currículo, tiene que leer muchos libros. “En el instituto me piden seis libros. No me gusta leer no porque no me gusten los libros sino porque leo más lento, me como palabras, no entiendo la historia. Lo que suelo hacer es buscarme la vida con los audiolibros y si no hay le pido ayuda a mis padres y ellos me los leen en voz alta”, explica.
Insiste en que en los exámenes orales se desenvuelve mucho mejor que en los escritos. “Oralmente me se expresar mejor que escribiendo; me cuesta centrarme en puntos en concreto que es lo que piden en el examen. Yo empiezo a recitar el tema, voy poniendo ejemplos y explicando. Esto es un problema porque muchos profesores solo quieren lo que piden en el examen, muy específico, y eso a los disléxicos nos cuesta, para nosotros es más fácil desarrollar los contenidos e ir poniendo ejemplos y contextualizando la cuestión”, añade Javier.

Otra realidad bastante común es que en el instituto donde cursa sus estudios no hay un protocolo específico para guiar a los profesores y tutores para saber que hay que hacer con los alumnos que son disléxicos. “Es verdad que algunos preguntan pero hay otros que por más que se lo pidas por favor no te lo hacen; preguntar en clase de forma oral nos ayuda mucho, sobre todo en inglés. No hay un protocolo para hacer los exámenes de determinada manera, para puntuar más la expresión oral que escrita o evaluar de forma oral, ni en mi colegio ni en mi instituto existe esa herramienta”, comenta Javier quien vuelve a recordar cómo se pasaba, y se pasa, las tardes enteras estudiando “para nada”.

Por último destaca que los alumnos que padecen dislexia se tienen que esforzar mucho más por la falta de herramientas adecuadas. Exámenes orales o facilitar a estos chavales audiolibros, también de texto, son dos de las medidas que Javier, como afectado, echa de menos.