Luz de soledad

No siempre el cine religioso es el que con más hondura trata los temas religiosos; pero es de agradecer que haya personas que se atreven a proponer cine explícitamente religioso en unos tiempos de apostasía. La sencillez, el humor, la ternura, los interrogantes sin una respuesta inmediata habrán de ser claves en la hondura de estas películas que se atreven con el Misterio.

He podido ver la película Luz de Soledad muy cerca de una Sierva de María, testimonio vivo de los frutos de santa Soledad Torres Acosta, esa luz sencilla y duradera que alumbró por las calles de Madrid hace más de un siglo. De esta manera, el doble tiempo que contempla la película se convirtió en triple: el punto de partida del guión es la enfermedad actual de un hombre poco religioso, a quien debe cuidar una Sierva de María. Ella va a ir leyendo un libro que relata los orígenes de su congregación, las difíciles raíces de su carisma.

El origen visto desde el presente; un presente que se alarga en los que vemos la película y conocemos a las Siervas. El origen explica muchas cosas y hace posible la renovación.

En tiempos de crisis y revolución, la hija de unos lecheros supo traer luz en la noche con toda la fuerza de su sencillez.

San Pablo habla de los cristianos como “hijos de la luz”, “hijos del día”. La noche, las tinieblas, simbolizan los poderes del mal y la oscuridad del ocultamiento y el pecado. “Dios es luz sin tiniebla alguna”, insiste san Juan. Judas abandona el cenáculo para traicionar al Maestro cuando se hace de noche. “Esta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas” les dice Jesús a aquellos que van a apresarlo en Getsemaní.

Pero la noche es también tiempo de salvación. La tradición judía habla de las cuatro noches que vertebran la historia de la salvación, desde la creación hasta la noche definitiva del Mesías. Jesús de Nazaret resucitó en la noche para llenar las tinieblas con la luz de su victoria. Los apóstoles y san Pablo recibieron entonces la misión de ser “luz de las naciones”. Evangelizar es llevar luz. Es lo que entendió santa Soledad.

No es fácil atravesar la noche, mucho menos hace casi dos siglos para la mujer. Las Siervas se atrevieron a surcar la noche de las calles de Madrid para poder llevar luz a los hogares en los que arreciaba el frío del sufrimiento.

Pero la noche no estaba solo en las calles ni era un mero elemento físico que sucede a la claridad del día. También hubo noche para Soledad en la misma obra que estaba naciendo, la oscuridad también penetra en la Iglesia y en sus mejores proyectos. Había noche también en los destinatarios de la ternura de las hermanas: no todos entienden la entrega de quienes ponen a Dios como raíz y motor de su servicio.

¿Cómo fue vencida la noche exterior e interior? La sencillez de Soledad lo consiguió. Quizá no era la más preparada de las fundadoras para liderar el proyecto; de hecho, fueron nombradas superioras otras con más medios y capacidades: fracasaron. Soledad tenía tesón, perseverancia, vocación profunda; tenía ausencia de pretensiones, pobreza verdadera. Tuvo, ante todo, el toque de Dios: por eso fue canonizada. Su sencillez y perseverancia fueron el barro en el que Dios moldeó una santidad con futuro, un carisma para ofrecer camino a muchas otras mujeres que hoy siguen llenando de luz muchos hogares que atraviesan las tinieblas de la enfermedad.

No sé quién eligió a los actores de esta historia que ha dirigido Pablo Moreno; pero creo que uno de los mayores logros de la película es la elección de Laura Contreras como protagonista: con su sola mirada transmite sencillez. Parece que no necesitara actuar, hacer nada, para abocarnos al misterio de Soledad Torres Acosta.

Que siga habiendo personas que aportan luz a nuestros tiempos que se conforman con la niebla.