“Así nos han catalogado”, pero con “un trato más cercano”, aprecia Vicente Rivas, quien lleva cincuenta años trabajando en el negocio que construyó “con mucho sacrificio” su padre y ahora ve que éstas podrían ser las últimas rebajas de Almacenes Jarlins.
Con más de 2.500 metros cuadrados en dos plantas y más de cien mil códigos, no hay más de cinco o seis almacenes de estas características en activo en todo el país, siendo Almacenes Jarlins, que echó a andar en la década de los cincuenta, uno de los negocios más longevos de Ciudad Real.
Referente para generaciones de manchegos, tiene una doble vertiente, una de gran almacén suministrador de las tiendas de los pueblos de la provincia y otra de venta de mostrador, donde el pasado mes de enero y éste de febrero no paran de llegar clientes ante las rebajas al cincuenta por ciento de los artículos de la campaña de invierno y al treinta por ciento en el resto de artículos de uso diario como ropa interior, hogar y de bebé.
Las rebajas en Jarlins continuarán hasta marzo, cuando, en función de los ingresos y gastos, tomarán la decisión de “empezar la liquidación por cierre o bien continuar la campaña de verano”, comenta Rivas. “Si la venta es estable y cubre los gastos, a mí no me importa seguir. Yo tenía pensado llegar a los setenta años como mínimo”, apunta el responsable de Jarlins que va a cumplir sesenta y seis años.
En España, había “varios miles de almacenes de estas características” que servían prácticamente todo lo que se vendía en las tiendas de los pueblos, pero se han visto “irremisiblemente abocados al cierre”. Las carreteras y vehículos de ahora, que no tienen nada que ver con los de hace cincuenta años, han hecho que “los pueblos están más cerca de las ciudades” y la compra online ha propiciado “una forma nueva de vender que acerca la mercancía a los clientes que no salen de sus casas”, ante lo que es muy difícil competir por parte del pequeño comercio convencional.
A este respecto, todo lo relacionado con la pandemia hizo “un daño muy grande. Prohibir a los comerciantes que abrieran la puerta a sus clientes permitió que, encerrados todos en sus casas, aprendieran de los jóvenes a comprar online y después del confinamiento, cuando ya salimos a la calle, muchos de los comerciantes de los pueblos bajaron su venta”, expone Rivas, que calcula que, desde ese momento a ahora, “han cerrado alrededor de un sesenta o sesenta y cinco por ciento de las tiendas de los pueblos y las que no han bajado la verja se han convertido en pequeños ‘colmaos’ que trabajan casi por encargo, no como antiguamente con su abastecimiento y surtidos, lo que ha reducido muchísimo el volumen de venta en estos establecimientos”.
“Razonablemente, la sociedad avanza y la forma nueva de comprar es distinta. Tenemos que acostumbrarnos, aunque no nos guste. Por ejemplo, ahora en Ciudad Real vamos a cerrar el centro, con lo que toda la gente que viene a arreglar papeles irá a la nueva Ciudad Administrativa, ya no entrará en la ciudad y va a bajar también el volumen de venta. La prueba la tenemos en la cantidad de locales que hay cerrados porque al comercio de mostrador, que es más pesado, lento, con una inversión muy grande y costoso de alquileres y mano de obra, la venta online lo supera con creces, desplazando ese sistema de comercio que antes era exitoso”.
Aunque “no tanto” como el propio Vicente Rivas, que se ha pasado la vida entre los mostradores, percheros y libros de contabilidad de estos almacenes, “mucha gente” va a sentir el cierre de Jarlins. “Nos lo dicen: ‘ay, por favor, con los artículos que hay aquí, ¿dónde vamos a ir?’”
Sirviendo durante setenta y cinco años a los comercios de los pueblos de las provincias de Ciudad Real y Toledo y parte de las colindantes como Jaén, Córdoba y Badajoz, estos almacenes que trabajan interiores, paquetería, corsetería, lencería, hogar, bebé y ropa de señora y caballero cuentan con “una amplísima gama de productos”, entrando en casi todas las tiendas de los pueblos caracterizadas por aportar a sus clientes la mayor cantidad posible de artículos, de manera que “lo que no tenían me lo encargaban a mí”, con lo que hemos tocado “todos los ramos”.
Como ejemplo, en Jarlins se pueden encontrar “hasta once modelos distintos de alfileres, unos en acero, otros en hierro o latón, con cabeza mayor, más largos, más cortos… Eso no lo tiene absolutamente nadie. Y todo es así. En corsetería, ciento sesenta o ciento sesenta y cinco modelos distintos de sujetadores, a diez o doce por talla y color con dos o tres colores en cada modelo, pues salen cuarenta o cincuenta mil sujetadores”.
“La gente sabe que viene a por algo y es muy difícil que no lo tengamos, incluso tallas especiales ya que en determinadas prendas hay hasta la ocho y nueve XL”.
“Nos hemos preocupado mucho de que no falte nunca mercancía, de que el estocaje esté siempre completo y que mis clientes vengan y encuentren lo que buscan, respetando mucho los precios y con una atención muy cercana. Son muchos años y mucha de la gente que viene es familia porque hemos conocido a sus abuelos, padres e hijos. Esto es grandísimo, las madres sueltan a los niños y éstos se pierden, se meten por los pasillos, suben las escaleras…, como si estuviesen en su casa”.
